viernes, 12 de octubre de 2012

El amor incondicional de Hz. Abu Bakr (ra) por el Profeta (asws)

Bismillahi Rahmani Rahim
En el comienzo, aquellos que abrazaron el Islam, debieron mantener su fe en secreto tanto como les fuera posible. Como los Musulmanes eran constantemente perseguidos por los Qurayshíes, el Profeta mismo (saaws) aconsejó a los nuevos conversos que practicaran secretamente el Islam para evitar sufrir a manos de la gente de Quraysh. No obstante, cuando el número de Musulmanes alcanzó a treinta y nueve, Hazrat Abu Bakr(ra) sugirió predicar y practicar abiertamente el Islam. En un principio el Profeta (bendiciones y paz de Allah sean sobre él - saaws) no estuvo de acuerdo, pero, ante la insistencia de Hz. Abu Bakr (ra), dio su consentimiento y todos ellos se dirigieron hacia el Haram (el templo Sagrado en Meca) para la prédica.

Hz. Abu Bakr (ra) comenzó a hablar, y la jutbah dada por él fue la primera que se registra en los anales del Islam. Hz. Hamza (ra), tío del Profeta y líder de los Mártires, abrazó el Islam ese día, mientras que Hz.‘Umar(ra) llegó a las filas de los Musulmanes al tercer día de esta arenga.

Tan pronto Hz. Abu Bakr(ra) empezó a hablar, los idólatras e incrédulos de entre los Qurayshíes cayeron sobre los Musulmanes desde todos lados. A pesar del hecho de que era considerado el más noble y respetable de toda la gente de Meca, Hz. Abu Bakr (ra) fue tan golpeado que su naríz, ojos y el rostro entero fueron cubiertos de sangre.

Fue pateado, pisoteado, atropellado y golpeado con brusquedad y salvajismo. Quedó inconsciente y medio muerto; nadie tenía la esperanza de que sobreviviera a tan brutal ataque. Los BanuTaim, gente de su clan, llegaron y lo cargaron hasta su hogar.

En el Haram, ellos anunciaron que si Abu Bakr sucumbía a las injurias, en represalia tomarían la vida de Utbah bin Rabiah, quien había tomado la parte más activa en el ataque.

Abu Bakr (ra) permaneció inconsciente durante todo el día. La gente a su alrededor gritaba su nombre una y otra vez para hacerlo recuperar sus sentidos, pero no pronunciaba palabra alguna. Tarde, al anochecer, pudo abrir sus ojos y demostró algunos signos de consciencia.

En cuanto pudo hablar, preguntó: “¿Cómo se encuentra el Mensajero de Allah (saaws)?”

La gente se sintió muy decepcionada con él; dijeron: “¿Cómo es esto? ¡A pesar de toda esta calamidad, y luego de haber permanecido virtualmente en las garras de la muerte todo el día por causa del Profeta, tan pronto como vuelve a estar consciente no tiene otra cosa de la cual hablar más que del mismo Profeta!”

Disgustados por su devoción al Mensajero de Allah (saaws), aunque satisfechos de que ya estaba fuera de peligro, dejaron a Abu Bakr. Aconsejaron a Umm Jair, su madre, que le diera algo de comer. Mas sin considerar su alimento, Abu Bakr (ra) hacía incesante e impacientemente a su madre la misma pregunta una y otra vez: “¿Cómo se encuentra el Mensajero de Allah (saaws)?”

Al mostrar ignorancia acerca del bienestar del Profeta, Abu Bakr (ra) encargó a su madre que fuera donde UmmYamil (la hermana de ‘Umar) y escuchara de ella las últimas noticias concernientes al Mensajero de Allah (saaws). La madre no pudo negarse al pedido de su hijo en tan lamentable condición, y se apresuró hacia el hogar de UmmYamil para interrogarla acerca del bienestar de Seyyidina Muhammad (saaws).

Como otros Musulmanes de aquel momento, Umm Yamil también mantenía su fe en secreto. Por esto, ella negó su conocimiento acerca del Profeta, diciendo: “¿Quién es Muhammad y quien es Abu Bakr? ¿Porqué debería saber algo sobre ellos? No obstante, siento pena por conocer la condición de tu hijo; si lo deseas, puedo ir contigo a visitarlo”.

Umm Jair aceptó, y ambas fueron hacia Abu Bakr. Al ver a Abu Bakr (ra) en esa condición lamentable, Umm Yamil no pudo controlar sus sentimientos y comenzó a llorar diciendo: “¡Maldición para los rufianes por lo que han hecho a un hombre como Abu Bakr! ¡Quiera Allah castigarlos por sus maltratos!”

Obviando lo dicho por Umm Yamil, Abu Bakr (ra) puso las mismas palabras en sus labios:

“¿Cómo se encuentra el Mensajero de Allah (saaws)?”

Señalando hacia Umm Jair, Umm Yamil preguntó: “¿Es seguro decir algo en su presencia?”

Dijo Abu Bakr (ra): “No te preocupes por ella. Dime rápidamente cómo se encuentra el Profeta (saaws)?”

Umm Yamil: “Se encuentra bien”

Abu Bakr: “¿Dónde está en este momento?”

Umm Yamil: “Está en Arqam (lugar donde se reunían secretamente los Musulmanes)”

Abu Bakr (ra): “¡Por Allah! No comeré nada hasta haberlo visto”

En aquel momento, su madre estaba muy ansiosa por alimentarlo. Ella sabía que cuando su hijo juraba por Allah nada podía quebrar su juramento, y que bajo ninguna circunstancia se alimentaría. Por esto, consintió en llevarlo hasta Arqam. Tuvo que esperar que disminuyera la frecuencia de gente en la calle para poder llevarlo hacia aquel sitio sin que fuesen detectados por la gente de Quraysh.

Cuando llegaron a Arqam, Abu Bakr (ra) vio al Mensajero de Allah, sallallahu 'alayhi wa sallam, y lo abrazó llorando profusamente. El Sagrado Profeta fue recíproco con él, y todos los Musulmanes presentes lloraron amargamente por la condición de Abu Bakr (ra).

Luego, Abu Bakr (ra) presentó su madre Umm Jair al Sagrado Profeta (saaws) diciendo: “¡Oh Mensajero de Allah! Ella es mi madre. Reza por ella y haz que acepte el Islam”

El Sagrado Profeta rezó por ella y luego le predicó. Allí mismo, ella aceptó el Islam.

Mucha gente puede pretender ser amantes mientras están cómodos y disfrutando la facilidad. Pero el amante real lo es cuando es capaz de probar su amor aún en la tribulación y la adversidad.


 

 

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