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sábado, 29 de agosto de 2015

Notas sobre Sufismo: El Maestro (Sheykh)


        La palabra árabe Sheykh significa, en principio, anciano. Es un título respetuoso que se da a los mayores, especialmente  cuando se acepta su autoridad. Por extensión, se da este nombre a todo el que enseña la sabiduría del Islam. El ‘âlim, el experto en ciencias islámicas, cuando las comunica, es el sheykh de sus discípulos. También en el Tasáwwuf se aplica este venerable término al maestro, pero en el arte de los místicos este título tiene connotaciones profundas, hasta llegar al extremo en el que los retrata al-Yîlâni: “Los maestros son aquellos cuyos espíritus -antes de que fuera creado el mundo- ya nadaban en el océano de la generosidad. Cuando los ángeles opusieron objeciones a que el ser humano fuera elegido por Allah como rey de la creación, los maestros se reían de ellos a escondidas. Los maestros ven el invierno en el calor del verano, vislumbran la sombra en medio del rayo de la luz solar, y han embriagado al cielo con el licor que hay en sus copas. Es su liberalidad la que permite al sol parecer de oro”.

         En el sufismo (Tasáwwuf), Sheykh es el que, tras haber realizado el viaje hasta Allah ha sido autorizado por su maestro para guiar a otros discípulos. Los shuyûkh (plural de sheykh), conocedores de la Senda, son los herederos de la sutileza del Profeta (s.a.s.) y hábiles en la ciencia del corazón y de la sinceridad. El aspirante (murîd) debe buscar la compañía (suhba) de un maestro cualificado.

         Definición de Sheykh

         El sheykh es un guía (múrshid) espiritual, alguien que ha recorrido el Camino de la Verdad (Tarîq al-Haqq), ha aniquilado su ego en la Unidad de su Creador, y conoce los peligros que acechan al murîd, los terrores que obstaculizan su andadura y los límites que no pueden ser trasgredidos; es alguien que, cumpliendo esas condiciones, se hace cargo de la educación (tarbía) de los aspirantes y les señala las exigencias de la peregrinación (sulûk) y la forma de llegar a las proximidades del Creador (el qurb). El sheykh tiene que haber seguido el Camino bajo la dirección de otro sheykh anterior, y la cadena (sílsila) debe remontar hasta el Profeta (s.a.s.). En su caminar hacia Allah, el maestro ha debido saborear las esencias (haqâiq) y haber adoptado las formas de conducirse (los Ajlâq) del Profeta (s.a.s.). En resumen, como decía al-Qâshâni, el sheykh es una persona perfecta en el conocimiento de la Ley, el Camino y la Esencia, habiendo alcanzado las profundidades de esas ciencias, y conozca las enfermedades del ego y los remedios para esos males y pueda sanar los corazones, guiándolos si están preparados y están destinados a alcanzar la Meta.

         El maestro es imprescindible. Cuando alguien se hace aspirante (murîd), es decir, cuando en esa persona despierta la Irâda (literalmente, Voluntad, pero entre los sufíes es el deseo de abandonar la rutina y las costumbres), y prefiere guiarse por sí mismo y atenerse a su propia opinión, se equivoca. Se suele decir, que Shaitân es el maestro de quien no tiene sheykh. Y es necesario el maestro por lo que dijo el Profeta (s.a.s.): “En todo arte buscad la ayuda y el consejo del más hábil”, y el sheykh es el mejor en el arte de los sufíes. Es cierto que Allah mismo se ha hecho cargo de algunos buscadores, tal como hizo con Abraham o con Muhammad (s.a.s.) entre los profetas, y con Uwáis al-Qárani entre los awliyâ, pero son casos excepcionales. La regla es que exista el maestro y el discípulo, y esto forma parte de la Sunna de Allah con la que gobierna la existencia.

         Quien busque conocer las ciencias formales del Islam debe acudir a un ‘âlim, o a varios. Ellos te comunicarán los datos que desees saber sobre la Sharî‘a. Pero para adentrarse por la Tarîqa, es necesario un sólo sheykh. No es conveniente tener más de un maestro sufí a la vez. Ejemplo de ello fue el Imâm al-Yîlâni, que recogió sus saberes formales de una gran cantidad de ‘ulamâ, pero cuando se inició en el sufismo sólo acompañó a su sheykh ad-Dabbâs, y más tarde a al-Májrami.

         Cualidades del Sheykh

         La primera de las condiciones que debe cumplir un maestro que se ofrezca a guiar discípulos es tener un gran conocimiento de la Sharî‘a y del Tasáwwuf, de modo que él sea una síntesis de la Ley y la Esencia. El Imâm al-Yunáid dijo: “Nuestra ciencia tiene como elementos correctores el Corán y la Sunna. Quien no conozca el Hadiz y lo escriba, no haya memorizado el Corán, no sea experto en Fiqh y en la Técnica de los sufíes, no es digno de ser seguido”.

         Al-Yîlâni dijo: “No le es lícito a nadie sentarse sobre la alfombra del rango de la maestría y ceñirse la espada de la atención a los discípulos a menos que cumpla con diez virtudes. Dos son de Allah: que sea discreto y tolerante. Dos son del Profeta: que sea afectuoso y buen acompañante. Dos son de Abû Bakr: que sea sincero y generoso. Dos son de ‘Omar: que sepa ordenar y prohibir. Dos son de ‘Ozmân: que dé de comer al hambriento y pase las noches en recogimiento mientras las gentes duermen. Y dos son de ‘Ali: que sea sabio y valeroso”.

         El mismo Maestro al-Yîlâni lo dijo en versos: “El Sheykh verdadero cumple con cinco utilidades, o de lo contrario es un impostor que conduce a la ignorancia. / Es conocedor de las normas exteriores de la Ley y a la vez indaga en las raíces de la Esencia. / Al que llega para beber de él, le muestra buena cara, y es hospitalario, y se somete al pobre en palabra y acto. / Ése es el maestro merecedor de enaltecimiento cuyo valor es inmenso, diferenciador de lo ilícito de lo lícito. / Pule a los seguidores del Camino estando ya pulido su corazón, siendo a la vez de una generosidad absoluta”.

         Algunos se precipitan y se presentan como maestros cuando no lo son, y son causa de las censuras que a lo largo de los siglos se han dirigido contra el sufismo. Al-Yîlâni les decía: “¿Quién es ese que se está atreviendo a jugar con serpientes  (refiriéndose a las almas de los aspirantes) cuando él aún no ha tomado el antídoto? ¿Cómo puede pretender que conduce hasta las Presencia del Rey, si no es chambelán? Tú, que dices ser un maestro, y compites con los sinceros, buscas satisfacciones como los niños y no eres más que un niño. Eres un descuidado que no se da cuenta de que la Verdad ha presentado una querella contra ti. Pronto tu alegría se va a convertir en miedo...”. Y después, el Imâm daba estos consejos al aspirante: “Busca a quien te ayude a derrotar a tu ego, no a quien lo fortalezca contra ti. Si acompañas a un maestro ignorante e hipócrita, que se ha sometido a su naturaleza y a su propia frivolidad, ése ayuda a tu demonio. A los maestros no se les acompaña para pasar un rato en este mundo, sino para conquistar al-Âjira. Si un maestro está sometido a su naturaleza, es acompañado para disfrutar del mundo; pero si es poseedor de un corazón es acompañado para entrar en el Universo de Allah; y si es depositario de un Secreto, entonces se le acompaña por Allah”.

         El lazo entre el sheykh y el murîd

         En el Islam, existe un estrecho vínculo (râbita) que une al maestro (sheykh) y al discípulo (murîd). Ese lazo es la compañía (suhba), con la que se emula la relación que había entre Sidnâ Muhammad (s.a.s.) y sus Compañeros (los Sahâba). El maestro y el aspirante se reúnen en torno al anhelo por alcanzar a Allah, no en pos de un bien efímero, o alrededor de una doctrina alambicada, y la radicalidad de ese propósito es la causa de condiciones férreas. Es una compañía cuya primera condición son la sinceridad (sidq) y el desinterés (ijlâs), teniendo como norte el conocimiento y la cercanía a Allah sobre la base de la cortesía.

         Esa relación tiene tres pilares: las funciones del sheykh, la actitud del discípulo para con su sheykh y la vinculación entre los discípulos del sheykh.

         A) Las funciones del Sheykh

         Un sheykh acepta a un discípulo sólo por amor a Allah (lillâh), y nunca por amor a sí mismo. Cuando un maestro no tiene más propósito que servir de utilidad a sus discípulos, estos aprovechan sus enseñanzas. Si se trata de un farsante que busca prestigio o riquezas, entonces sus palabras son cáscara y no llegan a trasformar corazones.

         El maestro comienza con su discípulo dándole buenos consejos, sencillos y con suavidad. No le impone nada por encima de sus fuerzas. Emplea el rifq, que es la amabilidad, porque la amabilidad permite la confianza y la intimidad. Cuando se apercibe en esa intimidad que el discípulo tiene aptitudes y aspiración poderosa, le ordena cargar con tareas más penosas. Le obliga a dejar de depender de su naturaleza, le retira las licencias del Islam y le impone el ‘açm, la resolución y la decisión firme. Si no es así, si el discípulo es de carácter débil, va más despacio en las exigencias; y si en él no hay aptitudes ni tan siquiera para eso, no lo priva de su bendición.

         El sheykh debe estar vigilante e indagar en el corazón de su discípulo, estando alerta contra las señales de las enfermedades del ánimo. Para ello debe ser experto en la conducción de los corazones. Si el aspirante está demasiado atado al mundo, lo libera exigiéndole anonimato; si está demasiado satisfecho de sí mismo, lo reduce con hambre y haciéndole velar por las noches; si tiene en demasiada consideración la opinión de la gente, lo priva de compañía y lo sumerge en la soledad, el retiro y el silencio; si es de carácter rudo, se lo suaviza obligándole al estudio y a la cortesía...

         Cuando el maestro ve que su discípulo mejora y supera las trabas secretas de su ego, es sincero en su combate y tiene firme voluntad de alzarse por encima de todas las cosas, entonces ya no le perdona nada, se vuelve intolerante y le exige los ejercicios más desafiantes para acceder a los rangos espirituales elevados (maqâmât). Se considera que el sheykh que no es severo en ese grado está traicionando a su discípulo.

         El sheykh debe también cuidar de su discípulo interiormente. Un maestro verdadero es un ser especial, tal como hemos visto a la cabeza de este apartado, y vela por su discípulo a un nivel que éste todavía desconoce, pues el corazón del maestro habita en un mundo sobrenatural y secreto para la inmensa mayoría de los hombres. El Sheykh al-Yîlâni dijo: “Yo guardo a mi discípulo. Si le ocurre un mal estando en occidente mientras estoy en oriente, lo protejo. Si mi discípulo no es excelente, yo sí soy excelente”.

         B) La conducta del discípulo

         En primer lugar, el aspirante que se dirija a un maestro con la intención de que pula su corazón, corrija su universo interior y lo asome a Allah, debe tener la certeza de que la persona en cuyas manos va a ponerse es la más idónea y presentarse ante ella con esa seguridad. Para ese discípulo no puede haber nadie mejor como guía que el maestro que ha elegido. A esto se le denomina sinceridad (sidq). Sin sinceridad, el discípulo no aprovecha lo que su sheykh puede darle.

         Esto no quiere decir que deba creer que su maestro es infalible (ma‘sûm), pero sí que el bien que puede sacar de él sólo puede ser fruto de una buena manera de acompañarlo, basado en una exquisita y sincera cortesía basada en la seguridad que hemos mencionado.

         El discípulo debe obediencia (tâ‘a) a su maestro, cumpliendo externamente lo que le pida, sin resistencias ni reparos de ningún tipo y no oponiéndose a ello en su corazón. Si se trata de algo que no entiende, debe relegar su opinión. Al-Yîlâni decía: “Contrariar a los shuyûkh es un veneno mortal”. Ibn ‘Arabi decía que si un maestro te ordena entrar por el ojo de una aguja, debes intentarlo pensando que es posible.

         Es muy importante la cortesía (ádab) en la presencia del maestro. El discípulo no debe hablar ante él innecesariamente, ni interrumpir sus palabras para expresar su propia opinión, y aunque crea que se equivoca o se confunde, guardará silencio. Un sufí dijo: “Quien diga ‘no’ a su maestro, no triunfa”. Al-Yîlâni decía a su discípulo cuando lo aceptaba: “Cuando te presentes ante mí, pliega tu ciencia y deja de verte, y entra sin nada. Si vienes a mí con tu ciencia y contigo mismo, no verás nada de lo que te indique”.

         Es imprescindible que el discípulo no oculte nada de sí a su maestro, aunque se trate de algo vergonzoso, dando así la oportunidad al maestro para que le hable, le guíe o invoque en su favor, pues tal vez su bendición lo trasforme.

         El aspirante no debe dudar acerca de su maestro ni acusarlo de nada. Si cree que su maestro ha cometido un error o algo censurable, que piense que es él el que se equivoca debido a su propia ignorancia y falta de entendimiento. Si no puede abandonar la sospecha, que deje al maestro, tal como dijo al-Yîlâni: “Si acusas de algo a tu maestro, no lo acompañes; el enfermo, si duda del médico, no se cura”.

         El discípulo siempre debe estar dispuesto a servir a su maestro y atento a cumplir sus deseos, apresurándose a satisfacerlos incluso antes de que los formule. A esto se le llama jidma, servicio. El discípulo no debe excusarse ni anteponer sus necesidades, pues para un verdadero aspirante no existe más que su sheykh.

         El discípulo acompaña a un sheykh por amor a Allah (lillâh). El maestro es un medio y por ello el murîd cumple las condiciones, vaciando su corazón de todo lo que no le exige ese momento suyo. Cuando sigue a un maestro, la condición es la plena dedicación a él, hasta que llegue la separación. Someterse a un sheykh representa ‘abandonar del mundo’, centrándose el discípulo en él para olvidar el duniâ (el mundo efímero de las apariencias y las ilusiones), preparándose el aspirante para un vacío aún mayor en el que sólo tendrá a su Señor. Esto es lo que significa Irâda (la Voluntad, que es progresivo desapego de lo mundanal para afrontar la Realidad del Uno-Único) de la que deriva la palabra murîd.

         Por último, en su relación con el maestro, el discípulo tiene que armarse de una sólida paciencia (sabr) que le ayude a soportar la aspereza (jushûna) del maestro. La aspereza es con lo que el sheykh suaviza el carácter del discípulo y mata sus quimeras. Al-Yîlâni decía: “No huyáis de la aspereza de mis palabras. A mí me ha hecho crecer la aspereza”.

         C) La cortesía entre hermanos

         Al igual que hay cortesías (adab) que rigen la relación del discípulo y el maestro, las hay que deben practicarse entre los aspirantes (llamados ijwân, hermanos, cuando son discípulos de un mismo sheykh). Se considera que la atención a dichas cortesías y la insistencia en su observancia acaba por trasladarlas a la relación con todas las criaturas. Una Hermandad sufí en torno a  un maestro es un mundo en pequeño en el que el aspirante se educa para afrontar las esencias, siendo relanzado, por un lado, hacia el Creador, y, por otro, hacia la creación. Se ha dicho: “El Tasáwwuf, todo él, es adab”.

         Un primer grupo de cortesías es al que se denomina futuwwa (literalmente, significa jovialidad, entusiasmo). La futuwwa es el total de las virtudes que propician los sentimientos de hermandad y complicidad, a cuya cabeza están la solidaridad, el desprendimiento, el olvido de las afrentas, el servicio, el socorro mutuo, la indulgencia, etc.

         Los maestros siempre han enseñando que entre ‘hermanos’ debe haber humildad y tolerancia, renuncia a los conflictos, cesión de derechos y ausencia de polémicas.

         El discípulo debe ser ciego ante los defectos de sus hermanos, dejando su corrección al maestro, y se priva de hacer lo que les resulte detestable.

         Entre aspirantes hay amor y atención. Si alguno nota desdén en otro, lo soporta, se vuelve hacia sí y espera a que desaparezca el desdén.

         Entre hermanos hay renuncia a los propios derechos y no se hacen exigencias; es más, cada uno considera a los demás con derechos sobre sí y por ninguna ofensa desatiende sus obligaciones de hermandad.

         La futuwwa fue el germen de grupos solidarios que jugaron un papel destacadísimo en la historia del Islam. En torno a las Hermandades en las que los lazos entre sus miembros eran sólidos se crearon vínculos que integraron a sociedades y tribus enteras. La solidaridad predicada por el sufismo permitía la cohesión entre los musulmanes, de un alcance extraordinario que se proyectó sobre el devenir del Islam.

         Los maestros sufíes, a la vez que enseñaban las claves de la fraternidad, daban consejos a sus discípulos sobre las relaciones que debían mantener de distanciamiento de los ricos y poderosos y proximidad a los pobres y necesitados.

         Final de la función del maestro

         Al-Yîlâni dijo: “Al cabo de dos años, el destete”. Si la compañía (suhba) de un maestro se realiza cumpliendo estrictamente sus condiciones, llega el momento en que el discípulo puede independizarse para continuar sólo adentrándose en la proximidad (qurb) a la que su maestro lo ha asomado.

Ese momento tiene señales, como la desaparición de sus pasiones, el olvido total del mundo, un anhelo vehemente por llegar hasta Allah... En las profundidades de ese aspirante puede haber un secreto (sirr) al que no tenga acceso el maestro, o, a la inversa, el maestro tenga un ‘secreto’ que el discípulo no pueda descifrar... En estos casos, el aspirante se ha independizado de la necesidad de un maestro y todo su corazón pende ya de Allah en exclusiva, y, alcanzado esto, ¡cómo podría estar en contacto con un sheykh! Ha llegado el momento en que deba seguir su propio camino, en conformidad con lo que dicen los sufíes: “Los caminos hacia Allah son en el número de los alientos de todos los seres humanos”. Y Allah dice en el Corán: “Guiaré por mis Caminos a quienes luchan por Mí”.


Por respeto, esperará a que su maestro le indique que lo abandone (incluso puede llegar a prohibirle que vuelva a verlo), y a partir de entonces se sumirá en su propio mundo siguiendo el Camino que le dicta su Señor. Al-Yîlâni decía: “Allah bendiga al maestro, y al discípulo sincero que prescinde de su maestro porque ya no le basta más que Allah”.

jueves, 27 de agosto de 2015

Las Enseñanzas de Sayidina Ibrahim (as)

Haciendo un alto en su trayecto hacia la Tierra bendita, Sayidina Ibrahim (as) dijo a su gente:

La Sabiduría nos enseña que la peor enfermedad del corazón es el hacer dioses de las cosas creadas, la idolatría hacia lo que nos genera apegos y nos confiere una ilusoria sensación de seguridad: el oro, la plata, el renombre, las posesiones, los hijos, los títulos... Sin embargo, el causante de la idolatría más nociva se encuentra en nuestro interior: el ego. El ego es quien proyecta sus deseos, temores, afecciones y obsesiones a las cosas creadas, construyendo una apariencia de realidad que carece de solidez. El ego se identifica con esta falsa percepción de sí mismo proyectada en las cosas y se aferra a esta idea desvinculando al hombre de su originalidad. La egolatría, es decir, la experiencia de vida desde el ego y por el ego, con sus afanes y desavenencias, es la forma más compleja y sutil de idolatría, la de más difícil detección y tratamiento. ¿Quién no considera positivamente real su proyección interior del mundo circundante? Sin embargo esa proyección, para que sea auténticamente real, debe estar medida por los valores universales y absolutos de la Divina Sabiduría revelada a través de la cosmovisión profética. De ninguna manera esto supone una imposición de criterios ajenos al hombre, todo lo contrario: todo ser humano atesora en su naturaleza primordial, como base de un compuesto esencial, los sentidos inherentes a aquella Sabiduría como reflejos inmanentes de los modelos universales. Al ser un resultado de la Sabiduría Divina, el ser del hombre guarda en sí mismos los significados necesarios para obrar de acuerdo a ella. El ego y su ilusión de realidad, entonces, no son más que meros obstáculos a ser superados. Sin embargo, se requiere de un proceso de autoconocimiento dentro del marco de la enseñanza revelada que motive el develamiento de los significados interiores y ponga en evidencia los engaños del ego. Todo ser humano está capacitado, por propia naturaleza, para obrar de acuerdo a los mandatos de la Sabiduría; tan sólo son los egos desbocados y mal alimentados quienes imponen una percepción parcial y arbitraria de la realidad, causando todo dolor y miseria. El ego es la puesta a prueba del hombre. Sabio quien la supera, superándose a sí mismo.

Dios es el Creador Todopoderoso, el Realmente Existente, Sabio, Origen de todo beneficio o daño, Quien provee y Quien quita, Quien da la vida y envía la muerte. Estos son atributos exclusivamente suyos. Por lo tanto, si creemos que un ser humano, los astros, o lo que sea, tiene uno de esos atributos, y por ello entregarles nuestro servicio, los estamos convirtiendo en ídolos, como cuando nos suponemos autosuficientes y confiamos ciegamente en nuestros débiles recursos para lograr lo que sólo Dios puede, haciéndonos así ídolos de nosotros mismos, de lo que consumimos, de lo que nos da un placer momentáneo, difuso, evanescente.


Limpiemos entonces nuestro corazón de los ídolos que ha levantado la debilidad del ego, y  hagamos de él el templo donde la presencia de nuestro Señor brille en todo Su esplendor.

lunes, 11 de mayo de 2015

Consejos de los Ancianos

Deja de correr tras los mundano y Allah te amará: Su amor se te manifestará en paz interior.

Que tu lengua se mantenga húmeda con el recuerdo de Allah, ya que Él ha establecido Su trono en tu corazón, y debe de estar limpio para albergar Su divina Presencia.

Todo tiene su pulimento: el pulimento del corazón es el recuerdo de Allah. "Recuerda el nombre de tu Señor y concéntrate de lleno en él", fue una de los primeros mandamientos dados al bendito Profeta Muhammad (asws). "Purifica las vestimentas de tus obras, de tu corazón, de tus intenciones; aléjate de la abominable idolatría interior que te genera apegos y te aleja de tu Señor; no des esperando recibir más; sé constante en el recuerdo de tu Señor": he aquí las normas elementales para nuestra vida espiritual.

No murmures: no hables mal de nadie, no critiques. Suficiente tienes para corregir en ti mismo. Si tienes que decir algo, di algo bueno de los demás. Cuando tengas que hablar, habla el bien, de otra manera permanece en silencio. El silencio es señal de sabiduría y vida interior, una salvaguarda que siempre te traerá beneficios. Permanece siempre vigilante y alerta. Por eso es que Allah te ha dado dos oídos, dos ojos y tan sólo una lengua tras una reja doble (de labios y dientes): debes aprender a escuchar y a observar con discernimiento, y a callar más.

Una persona que confía en su Señor y se abandona a Su voluntad está siempre contenta y satisfecha con la situación en la que está: si es confortable, agradece; si es dolorosa, es paciente y persevera en la confianza de su Señor, sabiendo que Él sólo quiere el bien para Sus criaturas y que puedan alcanzar la completitud: la planta debe quebrar la semilla para germinar debidamente y echar raíces firmes; en su fruto se reconocerán los resultados. Y el fruto de quien se abandona a la voluntad de su Señor serán los buenos modales: su excelencia la humildad.

La oración es el nutriente del humilde; y cuando éste ora el Señor siempre lo escucha. "¿Cómo les responderá vuestro Señor a no ser por vuestras súplicas?".

El humilde siempre es misericordioso, dulce y perdonador. El rencor y la ira son características del soberbio, del orgulloso, que ha levantado estandartes de rebelión contra su Señor. Quien trata mal a sus semejantes, indudablemente será maltratado por su mismo error. El humilde, abriendo su corazón al amor, goza del inmenso favor de Dios. "Todo lo bueno que les sucede proviene de Dios. En tanto que lo malo les llega por ustedes mismos".

Allah Todopoderoso es Misericordioso, y desde Su Misericordia trae todas las cosas a la existencia. Sin embargo, el hombre no deja de ocasionarse el mal a sí mismo en su ilusoria percepción, es decir, ocupándose de lo que no le concierne.

¡Abre los ojos y contempla la infinita bendición de tu Señor en la creación! ¡Deja de correr detrás de tus vanos deseos y entrégate al recuerdo reparador! Los vanos deseos son como una bestia dormida que despierta al menor roce y te muerde rabiosamente. Ten cuidado, vierte lágrimas de arrepentimiento y encontrarás a tu Señor, el Perdonador, cuyas puertas a la salvación son innumerables. "Oh ustedes que han ido contra sí mismos, no desesperen de la misericordia de Dios".

Mantén a Allah en el corazón a través de Su recuerdo y verás cómo se aleja de ti toda preocupación: "Allí sólo se escuchará: Paz".


Sella tu corazón con el bendito nombre de tu Señor.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Maulid an Nabi: celebrar el nacimiento del Profeta Muhammad (as)

Bismillahi Rahmani Rahim

        El término Maulid es el nombre que recibe la celebración del aniversario del nacimiento del Profeta Muhammad (asws). También se utiliza con el mismo significado la palabra Maulud que literalmente significa "el Nacido" (en pronunciación vulgar Mulud).

        La personalidad del Profeta Muhammad (asws) impresionó fuertemente a sus contemporáneos y todo lo suyo adquirió una enorme importancia y trascendencia. De él fluía una poderosa Báraka que lograba comunicar a todo lo que le rodeaba, ya fueran personas, objetos, lugares, incluso a su "tiempo". Sus compañeros, los Sahâba, especialmente sensibles a su Báraka, velaron por transmitirnos sus gestos más mínimos, sus estancias en determinados lugares -que desde entonces aún mantienen la presencia de su Bendición activa-, los momentos en los que él derramaba a su alrededor la bondad natural de su ser. Para los musulmanes, el recuerdo de su nacimiento (Maulid) está estrechamente ligado al principio que rige todo lo que es bueno en la existencia, y aunque la Sunna no menciona la necesidad de celebrar ese acontecimiento, es conmemorado por toda la Umma que desea recibir simbólicamente la Báraka del instante en el que nació el Habib (asws).

        La casa en la que vio el día en Makka, en el actual Suq al-Layl, cuya historia se conserva principalmente en las crónicas de la ciudad, no parece haber jugado, al principio, un papel especialmente notable. Fue la madre de Harún ar-Rashid, la reina Jayçurán (S.VIII), quien construyó una mezquita sobre esa modesta habitación. De igual modo que los musulmanes aprovechaban y aprovechan la peregrinación para visitar la tumba del Rasûl (asws) en Medina, muchos acudían a su lugar de nacimiento en Makka como muestra de reconocimiento hacia el lugar en el que había nacido y con el deseo de recoger la Báraka que proyecta el espacio en el que tuvo lugar el acontecimiento de su Maulid. Se conservan descripciones de la casa hasta finales del S. XIX, justo antes de que fuera saqueada por los wahhabíes. La mención más antigua que se conserva de celebraciones públicas del Mawlid se encuentra en la obra del historiador Ibn Yubáir. En su época (S. XII), una ceremonia especial, distinta de la observancia privada, era organizada en Makka. Durante ese día -la fecha generalmente admitida para el Maulid es el doce de Rabí' al-Awwal, él (asws) habría nacido en lunes- la casa natal de Rasûlullâh (asws) permanecía excepcionalmente abierta durante todo el día y a ella acudía un gran número de visitantes. Durante la visita (Çiara), se efectuaban dos rak'as, se hacía du'a y dzikr, y también se besaban las paredes como signo de aceptación de la Báraka.

        En el Cairo, la participación a gran escala del pueblo y de las tariqas sufíes data al menos del S. XIII. En un tiempo relativamente breve, la fiesta se extendió por todo el mundo musulmán y se poseen numerosas descripciones en diferentes países y diversas épocas.

        En 1588, el sultán otomano Murad III introdujo la ceremonia del Maulid en su corte. A partir de 1910, y hasta la dictadura de Ataturk, fue la fiesta oficial del Califato Otomano. Hoy en día, la fiesta oficial dura uno o varios días en los países en los que el Islam predomina.

         Tanto en el África occidental como en el Magreb, Oriente Medio, la India, Asia Oriental, en toda la Umma, se celebra el Mawlid como una fecha que debe ser conmemorada y aprovechada por los musulmanes. La celebración del Maulid, en tanto que expresión de veneración hacia Muhammad (asws), es, en la práctica, universalmente admitida en el Islam.

***

Sheykh Hasan Cisse
A unos días de celebrarse el bendito Maulid de nuestro amado Profeta Muhammad (asws), compartimos unas palabras al respecto del Sheykh Hasan Ali Cisse, nieto del Sheykh Ibrahim Niass y su heredero espiritual en la orden sufí Tiyanía del África occidental. Sheykh Hasan ha servido como Imam de una comunidad islámica en Medina Baye, Kaolack, Senegal.

As Salamu Alaikum: Estoy aquí esta noche para darles la bienvenida nuevamente en este lugar bajo la sombra del Profeta (asws). Estoy aquí para intentar hablar en el Maulid a los hermanos y hermanas que no hablan wolof o árabe.

Es muy importante celebrar el cumpleaños del Profeta Muhammad, porque el Profeta (asws) es una misericordia para todos, tanto si lo conocen como si no, y merece la pena que pasen algo de tiempo cada día, en el caso de que puedan, y si no de cada año, festejando al Maestro de la Humanidad. Este encuentro es el resultado de la llamada de los sufíes a reunirse por la causa de Allah (Al yam ala Allah), y no por cualquier otra razón. Estamos aquí por eso, por la causa de Allah, no por el dunia (los asuntos mundanos), y ni siquiera por el ájira (el Más Allá).

Así pues, estoy felicitándolos a todos en esta ocasión y también, dándoles buenas noticias del Profeta (asws). En una ocasión uno de los compañeros preguntó al Profeta (asws). "¿Cuándo será el último día, el Día de Juicio?". El Profeta (asws) preguntó a aquel hombre: "¿Qué hiciste tú? ¿Estás preparado para él?". El hombre dijo: "En realidad, no he hecho buenos actos que me sirvan para el último día pero tengo amor al Profeta (asws)". Entonces el Profeta (asws) respondió: "Toda persona va a estar el Día del Juicio con aquél a quien ama". Felicitaciones, y teniendo en cuenta esto que se acaba de narrar, amen al Profeta (asws) y salúdenlo.

En el mundo musulmán hoy hay opiniones diferentes acerca del propio Maulid. Algunos de los musulmanes dicen que es Bida (innovación), que no es un Islam correcto, mientras que otros dicen que es aconsejable celebrar el cumpleaños del Profeta (asws). Con respecto a los que dicen que es Bida, hay que señalar que no existe una discusión entre nosotros y ellos, porque ellos no tienen ninguna prueba de que sea Bida. Por otro lado, incluso si fuera Bida, sería una buena Bida. Allah reveló al Profeta (asws) en el Sagrado Corán que Él le narraba las historias de los profetas anteriores con el fin de fortalecer su corazón. Si ése es el caso con el Profeta (asws), entonces aún más sería éste nuestro caso en lo referente a las historias del Profeta (asws). En segundo lugar, el propio Profeta (asws) celebró su cumpleaños después de la edad de cuarenta años (en que fue distinguido con el don de la profecía) y todo el mundo conoce esto. Su abuelo Abu Mutalib celebró su cumpleaños (el del Profeta) y sacrificó animales por él, pero ¿por qué continuó entonces haciéndolo después de que Muhammad (asws) alcanzase la edad de cuarenta (si el Profeta no hubiese estado de acuerdo en eso)? El Profeta (asws) solía ayunar los lunes. Cuando se le preguntó por qué ayunaba ese día solía decir: "Fue el día en el que nací".

Basándome en este hadiz y en el verso coránico en el que Allah dice al Profeta (asws): "Te estoy narrando las historias de los profetas anteriores para fortalecer tu corazón", dije que sería una muy buena idea también para un musulmán el escuchar las historias del Profeta Muhammad (asws) con el fin de fortalecer su corazón y fortalecerse él mismo. Por esta razón, desde el siglo tercero de la Hégira, los musulmanes, o debería decir los buenos musulmanes, celebran el cumpleaños del Profeta (asws) cada año. En la tierra de Senegal, como oyeron decir al Sheykh Abdullah el otro día, Hayy Abdullah, el padre de Sheykh Ibrahim, fue el primero que celebró el cumpleaños del Profeta (asws). Al principio, la forma en la que solía celebrarlo era diferente de aquélla en la que Sheykh Ibrahim lo celebraría posteriormente. En aquel entonces ellos se reunían en la noche del cumpleaños del Profeta (asws) recitando el Corán hasta la madrugada, pero cuando Hayy Abdullah realizó una visita a Fez (Marruecos) y vio que allí celebraban el cumpleaños del Profeta (asws) recitando oraciones y poemas, adoptó ese mismo estilo.

Entre los poemas hay que mencionar los del Imam Muhammad Busiri, uno de los más famosos poetas que escribió sobre el Profeta (asws). Dos de sus más conocidas creaciones fueron Burda y Hamzia. Durante los primeros estadios de su vida, él no fue un musulmán realmente excelente. Era un poeta dotado que entretenía a los gobernantes de aquella época. Luego, en una ocasión, Allah le probó con una severa enfermedad. Acudió a muchos doctores y pareció que no existía cura para él. Durante su enfermedad, escribió un poema, el Burda. "Burda" significa "cubierta" en árabe. Cuando escribió el poema, vio al Profeta (asws) cubrirle con un manto. Entonces recobró su salud. Por la mañana, antes de mostrar el poema a nadie, una buena persona vino a visitarle. Cuando abrió la puerta, le dijo: "Muéstrame el poema que yo te vi recitar delante del Profeta (asws) la pasada noche". Eso es por lo que en todo el mundo islámico hoy se tiene la creencia de que, en que dondequiera que sea leído el Burda, el Profeta (asws) acudirá a ese lugar. Eso es por lo que cuando este poema es recitado, todas las personas se levantan.

El segundo poema compuesto por Busiri fue llamado Hamzia. En realidad, miles de personas han escrito poemas sobre el Profeta (asws), pero la fama que Busiri consiguió por su alabanza al Profeta (asws) fue inigualable, puesto que sus poemas son excelentes.

Durante la celebración del primer Maulid en Senegal todos los poemas recitados fueron de Busiri. En el segundo Maulid los poemas fueron de Sheykh Ibrahim Niasse. Además, hubo una narración de la biografía del Profeta (asws). Fue contada de nuevo la historia de la marcha de Sheykh Ibrahim Niasse desde la ciudad de Kaolack hacia Medina y lo motivos por lo que esto tuvo lugar. Esta narración fue una respuesta a la cuestión de cuál fue el problema que hubo y qué fue lo que su propio pueblo le hizo para obligarle a irse del área. En resumen, Sheykh Ibrahim declaró que él no había hecho nada más que amar al Profeta (asws), algo por lo que fue expulsado de su casa.

Al conmemorar el nacimiento del Profeta (asws), pueden ganar muchas cosas, como incrementar vuestro amor al Profeta (asws) y lograr la felicidad en esta vida y también en el Más Allá. El amor al Profeta (asws) puede hacerlos verle en un sueño o en la realidad, en un estado de consciencia, porque hasta el día de hoy los musulmanes continúan viendo al Profeta (asws) a plena luz del día, en un estado de consciencia, no de sueño. En un hadiz de Bujari, el Profeta (asws) dijo: "Quien me ha visto en un sueño, me ha visto en la realidad, ya que Shaitán no puede tomar mi forma".

Algunos de ustedes recordarán el poema compuesto por el Sheykh Ibrahim durante los últimos momentos de su vida en un hospital de París. "Vi al Profeta (asws) en un estado de consciencia en París. ¿Es éste un lugar donde uno puede ver al Profeta (asws)?". Existen musulmanes que niegan que se pueda ver al Profeta (asws). No lo creen posible porque le consideran justamente como una persona ordinaria que, si muriera, sería enterrada y perdería el contacto con este mundo. Sin embargo, el Profeta (asws) no es así.

Otra historia nos mostrará que el Profeta (asws) todavía existe. Hace un tiempo un hombre de Meca, que era muy rico, solía recibir a gente de Malasia, dándoles hospitalidad y ayudándoles con su propio dinero. Ocurrió un año que el hombre carecía de dinero pero, sin embargo, la gente llegó. Entonces él se dijo a sí mismo: "Debo ocultarme porque sería una vergüenza para mí encontrarme con estas personas sin poder darles un trato correcto". Finalmente, decidió llevarlas a la Mezquita del Profeta (asws) para dejarlas allí. Se convirtieron entonces en los invitados del Profeta (asws). Cuando él llegó a la Mezquita y saludó al Profeta (asws) dijo: "Estas personas solían venir a mí cuando podía encargarme de ellas. Hoy vienen cuando estoy en una situación financiera muy precaria". Luego, se durmió en la Mezquita antes de separarse del grupo. Durante el sueño, el Profeta (asws) se le apareció y le dijo: "Vete a esta dirección y llama a este hombre. Dile que te dé el dinero que necesites para atender a estas personas". Cuando él encontró la casa pronunció el nombre del hombre a viva voz desde la calle. El hombre contestó a la llamada diciendo: "Respondo a tu llamada. Soy el mensajero del Mensajero de Allah. Dime cuánto dinero necesitas. Si lo tengo, te lo daré; si no, lo pediré prestado y te lo daré".

En otra ocasión, el Sheykh Ahmad Rafi, realizó una visita a la Mezquita del Profeta (asws), y allí dijo: "Cuando estaba lejos de ti solía enviar mi alma a besar esta tierra por tu causa y hoy he venido en persona. Dame tu mano para que pueda besarla". La mano del Profeta (asws) apareció.

El Profeta (asws) no es una persona ordinaria. Él está en un segundo nivel, detrás de Allah. Amamos al Profeta (asws), pero no lo adoramos. Creemos en su mensaje. Creemos que es el Mensajero de Allah (asws) y Su siervo, e intentamos hacer todo lo posible para seguir todas sus enseñanzas paso a paso. Hacemos todo lo posible para evitar aquello que él (asws) nos prohibió. Esa es nuestra creencia en el Profeta (asws). El Profeta (asws) vino a este mundo cuando su propio pueblo y la mayoría de la comunidad mundial creía en la adoración a los ídolos en lugar de adorar a Allah, el Creador. Allah le envió para corregir los errores de los seres humanos. Allah le envió para guiarnos al sendero recto. El Profeta (asws) está en la posición de enseñarnos a seguir el sendero recto, pero no puede crear la rectitud en el corazón de un mumin o creyente. Sólo Allah puede crear la rectitud en el corazón, y el propósito del Profeta (asws) es el de mostrarnos el camino recto.

Según las enseñanzas del Profeta (asws) todos los buenos actos son aconsejables. El Islam es bueno en su totalidad. Todos los malos actos están prohibidos en el Islam y es una obligación para cada musulmán el cumplir una orden que el Profeta (asws) dio, del mismo modo que lo es el abstenerse de hacer algo que el Profeta (asws) prohibió. La felicidad en esta vida y en el Más Allá depende de la obediencia a las órdenes del Profeta (asws).

Todas las celebraciones que ven en estos días, los poemas, la recitación del Corán tienen como finalidad el mostrar el buen carácter del Profeta (asws). Cuando se le preguntó a Saida Aisha cuál era el carácter del Profeta (asws), ella respondió: "Su carácter es el Corán; el Corán es el carácter del Profeta (asws)". Cuando leen el Corán, su carácter está presente, y fuera de la esfera del Corán, nunca verán su carácter. Si quieren acercarse al Profeta (asws), sigansus enseñanzas. Lo que él dice que es bueno, intenten hacerlo con todas sus fuerzas. Lo que él dice que es malo, intenten evitarlo con todas sus fuerzas, porque esa es la llave de la felicidad. Es la llave para lograr lo que quieran en esta vida y en el Más Allá.

Podemos resumir todo esto en una palabra: Taqwa. La Taqwa lo es todo. Si hacen lo que el Profeta (asws) ordenó hacer y evitan lo que ordenó evitar, entonces seran buenos musulmanes y Walis de Allah. Estarán en ese caso cerca de Allah. Vuestros problemas en esta vida quedarán resueltos y esto no es una afirmación mía. Cada palabra que se refiere a esto está en el Corán. Si temen a Allah, Allah les enseñará. Si quieren el Paraíso, teman a Allah. Si quieren llegar a ser un Wali, crean en Allah y témanle. Si quieren ser honrados en la presencia de Allah, témanle. Si quieres estar a salvo del Fuego en el Último Día, teme a Allah. Si quieren salir victoriosos contra vuestros enemigos, teman a Allah. Si desean riquezas, teman a Allah. Si desean resolver vuestros problemas personales, teman a Allah. Si quieren ser buenos musulmanes hagan todo lo posible para seguir las instrucciones y las reglas del Islam y para evitar aquello que el Islam prohíbe. No afirmen que aman al Profeta (asws), mientras que, por otro lado, desobeden todas sus órdenes. Eso es una hipocresía.

El Profeta (asws) describió lo que es el Iman (fé). El Iman es lo que uno tiene en su corazón, y que sus acciones externas evidencian. Si las acciones de alguien son distintas de lo que él afirma creer, entonces, su creencia es falsa. Debemos hacer todo lo posible para ser musulmanes. Ser musulmán no es sólo afirmar que uno es musulmán. "Doy testimonio de que no hay más dioses que Allah y doy testimonio de que Muhammad es Su Mensajero". Es bueno decir estas palabras, pero no es suficiente. Tienen que seguir una cierta vía, ciertas reglas y ciertas características.

El Profeta (asws) dijo: "Un musulmán es aquél con respecto al cual los otros musulmanes están a salvo. Ellos no se dañan unos a otros con sus lenguas o sus manos". Un musulmán es para otro musulmán justamente como un muro. Si una parte de él está dañada, todo el muro está dañado.

Para ser buenos musulmanes tenemos que ser serios. Debemos seguir las reglas del mismo modo que si el Profeta (asws) estuviera aquí. Un musulmán no debe oprimir a otro musulmán. No debe despreciar a otro musulmán. No debe dejar de ayudar a otro musulmán. Deben ayudar a vuestros hermanos. En un hadiz el Profeta (asws) dice: "Allah acude en ayuda de un siervo en tanto que éste ayude a su hermano". Si quieren que Allah los ayude, sean amables con vuestros hermanos en la fe y ayúdenlos. En la Surah Asr, un capítulo muy corto del Corán, Allah jura que todos los humanos son perdedores, excepto estos cuatro tipos de personas: los que creen, los que realizan buenas acciones, los que se aconsejan unos a otros para seguir la verdad, y se aconsejan unos a otros para ser pacientes. Si quieren estar a salvo de convertirse en perdedores, adáptense a estas características.

Salaams.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Sacrificios para Allah en el mes del Hajj

Bismillahi Rahmanir Rahim.

Esta semana es el Hajj — la Peregrinación a la Meca — que todo musulmán debe realizar al menos una vez. El destino exacto es Baitul Allah, la Casa de Allah, conocida como la "Kaaba," que el Profeta Ibrahim [Abraham], la paz sea con él, construyó con su hijo Ismail como un acto de adoración al Dios Único.

La Kaaba se encuentra cerca a la fuente que el Arcángel Jibril (Gabriel) abrió años antes para la madre de Ismail, Hajar, en el desierto árabe, cuando corría entre dos pequeños montes buscando desesperadamente agua para su pequeño hijo. Desde tiempos antiguos, los peregrinos habían viajado a la Kaaba. Con el tiempo, la adoración de ídolos se enraizó entre las tribus árabes así como en las actividades del Hajj. Fue el Profeta Muhammad, las bendiciones y la paz sean con él, quien restauró el monoteísmo a la tierra y puso énfasis en la intención religiosa tras la realización del peregrinaje.

Cada año, un océano de creyentes circula alrededor de la Kaaba, siguiendo las huellas del Profeta Ibrahim y del Profeta Muhammad. Representan nuevamente la carrera de Hajar y se refrescan a sí mismos con las aguas de Zam Zam, la fuente que ún hoy sigue manando. En el último día del Hajj, se desplazan unas cuantas millas a la llanura de Arafat y el sonido de sus súplicas es un anticipo del Día del Juicio.

Los cuatro días de celebración de Id comienzan el siguiente día. Toda familia musulmana que posea los medios suficientes debe sacrificar un animal por causa de Allah. Lo que nos hace recordar la voluntad activa del Profeta Ibrahim de sacrificar a su hijo mayor, Ismail, cuando Allah se lo ordenó. Y nos recuerda la misericordia de Allah cuando Ismail fue salvado del puñal.

El episodio demuestra dos niveles de Islam (sumisión): uno en el cual el padre sometió su voluntad a la de su Señor, llevando a cabo de manera obediente todos los pasos necesarios para sacrificar a su hijo, sin objeción. El otro nivel lo muestra Ismail, quien se sometió con calma al cuchillo en las manos de su padre, aceptando que su padre actuaba de acuerdo a la voluntad de Allah, al punto de decirle a su padre con toda conciencia que volviera su rostro hacia abajo, de modo que no Ibrahim tenga que ver el rostro de su hijo. Allah los recompensó por su estricta obediencia remplazando al niño con un carnero, y dio fin así para siempre a la práctica del sacrificio humano como acto de adoración.

En un sacrificio realizado de manera propia (kurban), se alimenta, se proporciona agua y se trata al animal con amabilidad. Una aproximación calmada, en oración y hábil asegura el mínimo de temor y dolor al animal, de manera que se someta a su rol tal como lo hizo Ismail. El kurban ofrece una conmovedora y poderosa experiencia acerca de la naturaleza frágil y temporal de esta vida para los creyentes que lo atestiguan. Las familias y los amigos se visitan entre sí para compartir la carne del kurban. Una tercera parte de la carne de cualquier animal sacrificado se da a los pobres.

El Profeta Ibrahim era muy rico. Las montañas se poblaban de blanco con sus numerosas ovejas y tenía a numerosos pastores que trabajaban para él. Era conocido como el “Amigo de Allah”(Khalil-ullah). Jibril sintió curiosidad por saber por qué Allah favoreció tanto a Ibrahim. De modo que fue a verle disfrazado de un hombre. El Profeta Ibrahim sacrificó una oveja y preparó una comida para el extranjero. Antes de comer, Jibril ofreció un zikir (una alabanza a Allah) que Ibrahim jamás antes había escuchado.

Totalmente impresionado y en gratitud al escuchar que el extranjero había alabado a su Señor de manera tan bella, y por su generosidad sin límites, Ibrahim le dio todas sus ovejas al extranjero y le pidió que repitiera el zikir. Cuando Jibril así lo hizo, Ibrahim se ofreció inmediatamente a sí mismo y a todos sus pastores como siervos de su huésped. Así Jibril comprendió que el Profeta Ibrahim era Khalil-ullah, porque vivía única y literalmente sólo para Allah. Jibril le dijo entonces a Ibrahim cuál era su verdadera identidad angélica y declinó aceptar las ovejas. Ibrahim por su parte le dijo: “Una vez que doy algo por Allah, no lo tomo de nuevo”.

De modo que Jibril trasladó las ovejas detrás de la Montaña de Qaf (una montaña secreta y escondida), donde permanecerán hasta el regreso de Isa (Jesús). Jesús y Sayyidina Mahdi, uno de los descendientes del Profeta Muhammad (saaws), traerán justicia y paz al mundo. Las ovejas serán sacrificadas y los creyentes celebrarán con Isa y el Mahdi.

Ibrahim fue el padre de dos líneas proféticas. Se dice que miles de profetas fueron enviados a los Bani Israel (los hijos de Israel) a través de la descendencia de Isaac, el otro hijo de Ibrahim. Algunos de ellos son: los Profetas Yakub (Jacob), Musa (Moisés), Dawud (David), Suleiman (Salomón) e Isa.

Del linaje de Ismail vino el Profeta Shuaib, el suegro del Profeta Moisés. El Profeta Muhammad, las bendiciones y la paz sean con él, es asimismo un descendiente directo del Profeta Ibrahim a través de la línea de Ismail ... al-Fatiha.


[Nota de Sheykh Abdul Kerim Kibrisi publicada en el periódico Daily Star, de Oneonta, Nueva York, el 31 de enero de 2004] 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Los Primeros 10 días de Dhul Hijjah

Bismillahi Rahmani Rahim

Se ha registrado del bendito Profeta (asws) que él solía ayunar en estos diez días. Días muy sagrados. Y los primeros diez días, para quienes también se oponen al zikr, que dicen que el zikr es bida’at, que es haram y todos estos sin sentidos, el Profeta (asws) dice que los diez primeros días especialmente tú tienes que hacer más zikr de ‘La ilaha illa Allah’, más zikr de ‘Allahu akbar’ y más zikr de ‘Alhamdulillah’. Es importante ayunar en estos diez días. Y tanta gente en el pasado, los eruditos y los santos, ponían estos diez días para incrementar cualquier acto de adoración que hacían. Quieres hacer más salawats, adelante, quieres leer más Qur’an, quieres hacer más ibadah nafila, bien.

¿Por qué? ¿Por qué en estos diez primeros días? ¿Qué sucede en el décimo día de Dhul Hijjah? ¿Qué sucede entonces el noveno día, el décimo día de Dhul Hijjah? ¿Qué tenemos?

Tenemos el Kurban.

¿Qué es el Kurban? ¿Por qué es importante? ¿No sabes por qué?

¿Sólo sabes cómo comer Kurban? ¿Comer carne cada año, comer tanta carne como quieras? Esa es tu idea del Kurban, ¿no es así? Esa es la idea del Kurban que tiene la gente. “Oh, es el momento en que vamos a comer carne”. No les están enseñando a los jóvenes qué significa el Kurban. No les cuentan la historia de Ibrahim (as), ni de Ismail (as), relatarla y enseñarla a los jóvenes. No, les están enseñando a los jóvenes que en el Kurban van a ir a comer carne.

Entonces, ¿qué es el Kurban?

Por supuesto que es sacrificio. Pero es el quinto pilar del Islam. El Hajj. Haces el Kurban, ¿cuándo? Durante el Hajj, ¿correcto? Es el Eid ul-Adha, ¿no es así? Así que es el quinto pilar del Islam, el cual es el Hajj. Luego de que terminas el Hajj, entonces bajas y haces el Kurban. Entonces, es el Hajj. ¿Qué es un Hajj?

Es el quinto pilar del Islam. ¿Hay un sexto pilar? No, es el último. Es el final. Así que los diez días son como la cuenta regresiva del quinto, el último pilar que estás haciendo.

¿Y qué es en realidad el Hajj? ¿Qué es el Hajj? Un Hajj es un preparativo, ¿para qué? Para la muerte. Para el Día del Juicio, por eso dices: ‘Labbaik Allahumma Labbaik – Lo dejo todo. Aquí estoy, oh mi Señor, aquí estoy’.

En realidad estás repitiendo las palabras de Allah. Ya que cuando decimos: ‘Ya Allah’, es el momento en que Allah dice: ‘Labaik, aquí estoy’. ¿No ha dicho Él: ‘Llamádme. Recordadme y os recordaré’? ¿No ha dicho: ‘Agradecedme y os agradeceré’? Él dice: ‘Recordadme y os recordaré’. ¿Por qué Allah quiere agradecernos?

“Llamadme. Estoy cerca”, dice Allah.

Y este Hajj ahora es un preparativo para nuestra muerte. Es un preparativo para el Día del Juicio, es un preparativo cuando lo abandonas todo, ahora no sólo que estás tomando el dos y medio por ciento del zakat que vas a dar, ahora lo vas a entregar todo, incluso las ropas que llevas puestas. Tu Hajj no será considerado ‘Sah’, no será aprobado si no estás vistiendo el ihram. ¿Qué es el ihram?

La vestimenta blanca que es nuestra mortaja funeral. Por supuesto que hay tantas otras leyes, y tantas reglas que se supone debes cumplir antes de ir al Hajj y mientras estás en el Hajj, pero te es suficiente con saber que todos están juntos y todos se ven igual. Todos están en la misma categoría.

Así que ahora el Hajj es el quinto pilar. Es la combinación y la culminación  de tus actos de adoración. Ahora, desde algo que es, que estás diciendo tu Shahadat individualmente, vas a volver a eso, estás diciendo nuevamente la Shahadat, pero esta vez estás diciendo la Shahadat dejándolo todo y alejándolo todo teniendo solamente a Allah, lo cual es cuando dices: ‘Labbaik Allahumma Labbaik’, que es un preparativo, y no lo estás haciendo individualmente, lo estás haciendo tanto individualmente y como una Ummat entera, lo que ocurrirá en el Día del Juicio, cuando la gente del pasado y del futuro vayan a estar juntas, ¿no es así?

Así que ahora, prepararse para ese quinto pilar es una acción muy importante. Tenemos que entenderlo y tenemos que recordarlo para que los días que conducen al Hajj, si empezamos a pensar un poco más, empezamos a adorar un poco más con este entendimiento, tendrá para nosotros más sabiduría y nos dará más bendiciones. De otra manera, las acciones más bellas se volverán rituales, se volverán robóticas, si no les das un significado. Y el significado de esos pilares es infinito, infinitos Océanos de significado. Eso para la gente que tiene fe.

Entonces, puedes ayunar. Ayunar el día de Arafat es muy importante. Estás pensando del día del Kurban, el día del Hajj, en el que el Hajj nunca ha sido detenido, nunca ha sido interrumpido. Durante 1400 años nunca se ha interrumpido. Si no es que llega la gente del exterior, al menos la gente en Mecca lo está haciendo y, en realidad, el Hajj nunca se ha interrumpido desde que la Sagrada Ka’aba descendió desde los Paraísos. El Hajj ha continuado por más de siete mil años. Nunca se interrumpió, siempre llegando. Incluso durante el diluvio de Nuh, en el que la casa de Allah, la Ka’aba original fue levantada, el arca de Nuh fue hasta Mecca y la circunvaló siete veces haciendo el Tawaf, y se marchó.

Así que, momentos sagrados. Aprende a vivir, aprende a cortar esos lazos y esos apegos, todos los demás Illahs. Digas o no la Shahadat, llegará el momento, garantizado para todos, donde entenderán que no hay más illahs que Allah.


-Lokman Hoja Efendi Hz.