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miércoles, 29 de agosto de 2012

Shah Bahauddin y el kalendar


Bismillahi Rahmani Rahim
Bahaudin Shah, gran maestro de los derviches Naqshbandi, encontró un día a un compañero en la gran plaza de Bujara.

El recién llegado era un kalendar errante de los Malamati, los “Censurables”, Bahaudin estaba rodeado por sus discípulos.

“¿De dónde vienes?”, le preguntó al viajero, con la expresión sufí habitual.

“No tengo ni idea”, dijo el otro, riendo estúpidamente.

Algunos de los discípulos de Bahaudin murmuraron su desaprobación por esta falta de respeto.

“¿Adónde vas?”, prosiguió Bahaudin.

“No sé”, gritó el derviche.

Para entonces ya se había reunido una gran multitud.

“¿Qué es el Bien?”

“No lo sé.”

“¿Qué es el mal?”

“No tengo ni idea.”

“¿Qué es lo Correcto?”

“Todo lo que es bueno para mí.”

“¿Qué es lo Equivocado?”

“Todo lo que es malo para mí.”

Las gentes, agotada su paciencia e irritadas por este derviche, lo apartaron. Éste se fue caminando decididamente a grandes pasos en una dirección que no llevaba a ninguna parte, muy lejos.

“¡Idiotas!”, dijo Bahaudin Naqshband, “este hombre estaba representando el papel de la humanidad. Mientras vosotros le despreciabais, él estaba mostrando deliberadamente la falta de atención que todos vosotros mostráis, de forma inconsciente, todos los días de vuestras vidas”.

domingo, 15 de julio de 2012

El Apego como Obstáculo para la Realización Espiritual: El Derviche de Barba Larga

Bismillahi Rahmani Rahim
En tiempos de Moisés (as) había un derviche que estaba en adoración día y noche. Sin embargo, no experimentaba ni gusto ni atracción por los asuntos espirituales; no recibía el calor del Sol en su pecho. Ahora bien, tenía una hermosa barba que peinaba a menudo.
Un día vió de lejos a Moisés, se acercó a él y le dijo:
"¡Oh general del Monte Sinaí! Pregúntale a Allah, te lo suplico, que me haga saber por qué no puedo experimentar ni satisfacción espiritual ni éxtasis."
Cuando Moisés estuvo sobre el Sinaí, expresó el deseo del derviche; sin embargo, Allah le dijo con tono de disgusto:
"Aunque este derviche haya buscado con amor Mi cercanía, sin embargo está constantemente ocupado con su barba."
Moisés le contó al derviche lo que acababa de escuchar y éste último se arrancó llorando la barba.
Yibril (as) se acercó entonces a Moisés y le dijo:
"En este momento aún tu derviche está preocupado por su barba; lo estaba cuando la peinaba y lo está aún ahora arracándosela."

¡Oh tú que crees haber dejado de preocuparte por tu barba! Estás ahogado en este océano de sangre.
Cuando hayas terminado por completo con tu barba, entonces podrás bogar por este océano.
Pero si quieres sumergirte con esta barba, ella te será un obstáculo para atravesarlo.

-De "El Lenguaje de los Pájaros" de Fariduddin Attar- 

sábado, 26 de mayo de 2012

Una Hermosa Enseñanza de cómo dirigir el Mundo

Bismillahi Rahmani Rahim

Sheykh Sanbul Sinan (ra) les hizo a sus discípulos la siguiente pregunta:

“¡Hijos míos! ¿Qué haríais si Allah os diese el derecho de dirigir el mundo?”

Todos empezaron a dar sus respuestas. Uno dijo:

“Yo exterminaría a los incrédulos”

Otro dijo:

“Yo eliminaría a los que beben”

“Yo exterminaría a los fumadores”

Entre los discípulos había uno que se llamaba Mustafa Muslijuddin Effendi. No decía nada. El Sheykh se dirigió a él y preguntó:

“¿Y tú qué harías?”

Mustafa contestó:

“¡Maestro! ¿Y qué hay de malo, que Allah me perdone, con la manera en la que Él lo está dirigiendo? Yo mantendría las cosas como están.

Sheykh Sanbul Sinan se alegró y dijo:

“La cosa tiene ahora el centro en el que debe estar.” Y desde aquel día, Mustafa Muslijuddin Effendi fue considerado el centro de los maestros y sucedió al Sheykh.

viernes, 4 de mayo de 2012

Un cuento de Khoja Nasrudin: "¿Saben de qué les voy a hablar?"

Bismillahi Rahmani Rahim

Una vez Sheykh Abdul Kerim Effendi comentó que en el momento en que Allah-swt- habló a los Profetas de la sagrada misión de Sayidina Muhammad (asws), todos ellos le pidieron hacer a un lado sus respectivas misiones proféticas a cambio de que se les fuera concedida la bendita posibilidad de pertenecer a la Comunidad de Muhammad (asws). Allah-swt- les dijo que Su Bendición para ellos estaba en aquello que se les había encomendado; sin embargo, esa bendita posibilidad le fue concedida a dos de ellos: a Jesús, quien al final de los tiempos sería el encargado de dirigir a la Comunidad de creyentes por el Camino trazado por Sayidina Muhammad (asws); y a Khoja Nasrudin, a quien, luego de la profecía de Sayidina Muhammad (asws), se le encargaría  impartir enseñanzas liberadoras para el espíritu mediante sus narraciones ocurrentes y divertidas, no exentas de cierta ironía y cargadas de simbolismo alusivo tendientes a un despertar del corazón. A continuación presentamos una de sus sabrosas enseñanzas.

***

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo:

-No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡si, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.
-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agrego:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero... mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben.

Se levantó y se fue.

sábado, 21 de abril de 2012

El Camino hacia la Verdadera Felicidad


Bismillahi Rahmani Rahim
En la obra Amak-i Hayal, un libro de sabiduría sufi, escrito por Ahmet Hilmi Efendi de Filibe, hay dos protagonistas–Aunali Baba, un gnóstico que fascina a la gente por medio de sabias palabras y la música de su flauta, y Rayi –un buscador de la verdad. Se reúnen a menudo, Aunali Baba toca su flauta (ney), y los dos discuten acerca del Universo y el sentido de la vida.

En una de estas reuniones, mientras escucha la flauta de Aunali Baba, Rayi cae en un profundo sueño. Se encuentra entre una multitud, en la que hay gente de todo tipo, desde los Profetas hasta los filósofos, y desde gente relevante hasta la más insignificante.

Un hombre se levanta para hablar en nombre de la humanidad. Con lágrimas en los ojos, pregunta a los grandes pensadores el camino hacia la verdadera felicidad: ‘Decídmelo, por favor, tened piedad. Odio mi vida pero no puedo abandonarla. ¡Que alguien me diga qué es la felicidad!’

Algunos de los presentes allí toman la palabra.

Confucio dice: ‘La felicidad consiste en cocinar el arroz hasta que llegue a su punto perfecto.’

Aristóteles dice: ‘Es lógica. La felicidad está en la lógica.’

Platón dice: ‘Es pensar siempre en la nobleza.’

Zoroastro dice: ‘Es no quedarse en la oscuridad a solas.’

Brama dice: ‘¿Felicidad? Es la antítesis de lo que todo el mundo piensa que es.’

Se levanta Buda, encolerizado, y dice: ‘¡Hombres! La felicidad es uno de los hermosos nombres de la no-existencia, Nirvana. ¡Hombres! ¡No abandonéis jamás el Nirvana!’

La confusión se apodera de los presentes. Dicen por fin: ‘No os sirvió de nada. Habéis vivido vuestras vidas sin la felicidad. ¡No hay ni un átomo de felicidad en lo que estáis predicando!’

Justo entonces se levanta un amigo de Allah y dice: ‘Para los inteligentes, la felicidad está en la observación de la belleza Divina; mientras que para los ignorantes es avaricia y lujuria.’ Ésta es la felicidad según la enseñanza de los Profetas.

Luego, se levanta el Orgullo de la Creación (el Profeta Muhammad-asws-) y dice: ‘¡Oh gente! La felicidad es aceptar la vida tal como es, con sus cargas y sus apuros, haciendo todo lo posible por mejorarse. En otras palabras, la felicidad consiste en un corazón puro.’

La gente se levanta y empieza a corear: ‘¡Oh tú el más honrado del Universo! ¡El Profeta más grande! ¡Eres el único que puede comprender y encontrar la cura para la humanidad!’