martes, 7 de mayo de 2013

La Virtud de la Caridad

Bismillahi Rahmani Rahim

Abu Hurayra (ra) relató que el Mensajero de Allah (asws) dijo:
"Un hombre dijo: 'Daré algo en caridad (sadaqa)'. Salió con su caridad y la puso sin saber en manos de un ladrón. Al día siguiente, la gente comentaba que le habían dado caridad a un ladrón. El hombre dijo: '¡Oh Allah! Tuya es la alabanza. Daré algo en caridad'. Salió con su caridad y se la dio sin saber a una fornicadora. Al día siguiente, la gente comentaba que anoche se le había dado limosna a una fornicadora. El hombre dijo: '¡Oh Allah, Tuya es toda la alabanza! ¿Di mi caridad a una fornicadora? Daré algo más en caridad'. Salió, pues, con su caridad y se la dio sin saber a un hombre rico. Al día siguiente, la gente comentaba que anoche se le había dado caridad a un rico. El hombre dijo: '¡Oh Allah, Tuya es toda la alabanza! Di mi caridad a un ladrón, a una fornicadora y a un rico'. Entonces alguien (un ángel) le dijo: 'Tu caridad al ladrón tal vez lo haga dejar de robar. Tu caridad a la fornicadora tal vez la haga abstenerse de fornicar. En cambio al rico, tal vez lo hagas recapacitar y dé caridad de lo que Allah le ha provisto'". (Bujari)
'Aisha (ra) dijo:
"El Mensajero de Allah (asws) dijo: 'Cuando una mujer da en caridad parte de la comida que tiene en su casa, sin arruinarla, tendrá la recompensa por su gasto, su esposo tendrá la recompensa por su trabajo y el almacenero tendrá una recompensa similar. Ninguno le reducirá la recompensa al otro'". (Bujari)
Hakim bin Hizam (ra) relató que el bendito Profeta (asws) dijo:
"La mano de arriba es mejor que la de abajo (la mano que da es mejor que la que recibe). Empezad dando a vuestra familia (a los que mantenéis). La mejor limosna es la que da un rico. Y quien se abstiene de pedir limosna de los demás, Allah lo ayudará. Y quien se conforma con lo que Allah le dio, Allah lo hará autosuficiente". (Bujari)
Abu Hurayra (ra) narró:
"Un hombre se presentó ante el Profeta (asws) y le dijo: '¡Mensajero de Allah! ¿Cuál caridad tiene más recompensa?'. Dijo: 'Que des limosna cuando estás saludable y eres avaro, cuando temes la pobreza y ambicionas la riqueza. No la retrases hasta cuando llega la muerte a la garganta y digas: Dad a fulano tanto, y a fulano tanto, y para fulano tanto'". (Bujari)

lunes, 6 de mayo de 2013

Shiísmo: Denunciando una Herejía

Bismillahi Rahmani Rahim
Habitualmente se define al movimiento Shi’íta en términos de disensión política a raíz de acontecimientos que sucedieron durante los Califatos rectamente guiados encargados de los asuntos de la Comunidad Islámica luego de la partida física del Mensajero de Allah. En cierto sentido esto es así, sin embargo se pasa por alto un dato de importancia no menor que necesariamente debe ser conocido para comprender la magnitud del fenómeno Shi’íta: el movimiento de la Shí’a creó un corpus propio de doctrinas completamente ajeno a la ‘Aquida (creencia) de Ahl as-Sunnah (la Gente de la Sunnah) y que atenta contra los valores fundamentales de la creencia Islámica Tradicional tal cual fue predicada por el Mensajero de Allah (asws), transmitida por sus Sahaba-e Kiram y registrada y enseñada por los Sabios y ‘Awliya de la Yama’ah Musulmana.
Tanto la disensión política como el corpus de doctrinas (ambos relacionados por un nexo y un propósito en común) sirven a intereses disolventes que desde el interior de la Tradición buscan tergiversar el mensaje original erosionando su mismo fundamento: la Sunnah profética. Este trabajo se ha llevado a cabo mediante la vulgar difamación de los Compañeros más cercanos al Profeta Muhammad (asws), lo que conlleva el rechazo a las tradiciones transmitidas por ellos mediante el Hadiz, cuya consecuencia inexorable es asimismo el rechazo categórico del inmenso legado que permite una vivencia auténticamente Islámica de acuerdo a la Divina Revelación. En su gran mayoría, los hadices, al ser depositarios de la enseñanza profética –Sunnah- por antonomasia, representan la quintaesencia del mensaje contenido en el Sagrado Qur’an. Entre los Compañeros vilipendiados por la herejía Shi’íta se encuentran: Hazrat Abu Hurayra, Hazrat Abu Bakr, Hazrat ‘Umar, Hazrat ‘Uzman, y otros, como también ‘Aisha, la bendita esposa del Profeta (asws), todos ellos grandes transmisores de la enseñanza Muhammadiana a través del Hadíz. Negarlos es negar la raíz misma de la Sunnah como exégesis del Sagrado Qur’an, es decir, rechazar la esencia de la enseñanza profética. ¿Qué queda más allá de esto sino el extravío y el error?
Sin embargo, debido a ciertos sectores del Sufismo que gustan amalgamar indiscriminadamente en una malformada unidad todo tipo de creencias ajenas entre sí, y al gusto tan del estilo masónico por lo esotérico de ciertos eruditos occidentales y occidentalizados, el Shi’ísmo y sus doctrinas apócrifas gozan de una inusitada aceptación que sólo puede germinar desde la más burda ignorancia en cuanto a su perjuicio y su carácter de evidente herejía.
Ante esto no está demás recordar que el mensaje original de la Naqshbandiyya siempre ha sido el más fiel a la ‘Aquida de Ahl as-Sunnah wal-Yama’ah, remontando el linaje de su sabiduría hasta Sayidina Abu Bakr Siddiq, a quien la doctrina Shi’íta no duda en tildar de “traidor” y “usurpador”, hasha astaghfirullah. Por esto mismo, los Grandsheykhs del linaje Naqshbandi no han dudado jamás en denunciar los desvaríos del Shi’ísmo advirtiendo de los peligros de su apostasía.
El Shi’ísmo como doctrina siempre se ha visto potenciado por elementos ajenos al Islam Tradicional, como ser: las doctrinas mazdeístas persas y las doctrinas filosófico-metafísicas griegas tales como el pitagorismo, el neo-platonismo y sus correlatos egipcios. Esto puede comprobarse cabalmente en el Ismailísmo expuesto por los Ijwan as-Saffa (los Hermanos de la Pureza), en las enseñanzas gnósticas del Ishraq (el conocido sufismo iraní de los estudios de Henri Corbin), en la lógica racionalista de la Mu’tazila y en pensadores como al-Farabi e Ibn Sina (Avicena), por citar sólo unos pocos ejemplos. En el plano de la Jurisprudencia (Fiqh) surgió lo que ellos dieron en llamar el “quinto” Mazhab, y en política suplantaron el concepto tradicional de Califato por el Imamato (duodecimano o septímano).
No resulta difícil comprender cómo todo esto redunda en un evidente antagonismo hacia el Islam tal cual fue enseñado por Allah Todopoderoso a través de nuestro amado Profeta (asws), tal cual fue transmitido por sus Nobles Compañeros y tal cual fue organizado y expuesto por los Sabios de Ahl as-Sunnah wal-Yama’ah.
En su inagotable labor de propagador de la enseñanza tradicional del Islam, un Wali de nuestro tiempo, Sheykh Abdul Kerim Effendi, ha citado asiduamente las siguientes palabras de nuestro Profeta (asws) para que nos sean de medida en nuestro viaje espiritual:
“Mi Nación (Ummah) se dividirá en 73 grupos diferentes. 72 están errados, en tanto que uno sólo permanecerá sobre el Camino Recto.”
Le preguntaron: “Oh Mensajero de Allah, ¿cuál es el que permanecerá en el Camino Recto?”
Dijo: “El de quienes sigan mi Sunnah y la Sunnah de mis Compañeros.”

Centro Osmanli Nakshibendi Hakkani Argentina.

jueves, 2 de mayo de 2013

La Cuerda de Allah Todopoderoso

Bismillahi Rahmani Rahim
Alhamdulillah, astaghfirullah, shukr Allah, hasbinallah wa ni'mal wakil.
Los creyentes deben decir al menos 100 veces por día 'Hasbinallah wa ni'mal wakil". Cuanto más lo decimos, más empezamos a creer, insha'Allah ar-Rahman.
Allah-swt- dice: "Aferraos todos juntos a la cuerda de Allah y no os separéis". El bendito Profeta (asws) dice: "Los creyentes, Mu'mins, son como los ladrillos de un edificio. Todos se conectan unos con otros". Ahora estamos diciendo esto y observando a esta Ummat, cuán lejos estamos de esta ayat y de las enseñanzas del bendito Profeta (asws). Todo esto ha sucedido a los creyentes, a los Musulmanes, a la Nación de los Musulmanes porque abandonamos el camino del Bendito Profeta (asws).
Cuando Allah dice: "Aferraos todos juntos a la cuerda de Allah", algunos Musulmanes están mirando hacia el cielo pensando que esa cuerda les bajará para que la tomen. "Aferraos a la cuerda de Allah". Allah-swt- nos envía a Su Profeta (asws) diciendo: "Aferraos con fuerza a él". Cuando llegó el bendito Profeta (asws), declaró su profecía. Dos personas, tres personas, cinco personas, diez personas, un pequeño grupo de gente se acercó al bendito Profeta (asws). Se aferraron firmemente a él. ¿Cuán firme? Ellos estuvieron listos para entregar sus vidas. ¿Es más que eso? Ellos dieron sus riquezas, dieron su salud y dieron sus vidas. Esto es lo que Allah nos ordena al decir: "Aferraos con fuerza". Aferrarse con fuerza significa: 'Los vamos a probar de tantas maneras, pero aferraos con fuerza. No os separéis'. No separarse, significando que si te separas a ti mismo entonces caerás fuera.
Esto es lo que le ocurre a los Musulmanes de hoy en día, especialmente en este siglo, y a los Musulmanes les gusta ser Musulmanes individuales. Les gusta estar por sí mismos, les gusta hacer cosas por sí mismos, comer por sí mismos, dormir por sí mismos y vivir por sí mismos. Este es el truco y la trampa de sheytán. Esto es lo que sheytán ordena a la humanidad diciendo: "Sepárate. Sepárate. Este te ha dicho una palabra (desagradable) a ti. No te lo tragues. Sepárate a ti mismo de ese. Ahora ese está hablando de ti. Sepárate, sepárate". Somos Musulmanes. ¿Qué clase de Musulmanes? ¿Musulmanes que has inventado tú o sheytán? Por supuesto, el modo de sheytán, no el modo de Allah, porque el camino de Allah está abierto. El nos dice: "Juntaos alrededor de uno". El bendito Profeta (asws) nos dice: "Incluso si son un puñado de gente, no importa. Juntaos y Allah os protegerá". Un puñado de Musulmanes que se juntan, creyentes, rodeando al bendito Profeta (asws). Grandes, enormes, poderosas, hambrientas e iracundas naciones se levantaban frente a ellos. Desde los Bizantinos hasta los Persas y los Egipcios, todos los rodeaban. Allah estaba con ellos y ellos ganaron. Cada día que transcurría ellos se movían hacia adelante, se movían hacia a delante.
Y alhamdulillah, hasta el comienzo de este siglo, hacia el final del siglo 19, todos ellos estaban junto a uno. Ahora, en estos cien años, las naciones se han separado, las Jama'ats se han separado, los hermanos y las hermanas se han separado, todos se han separado y todos corren sin parar en eso diciendo: 'Yo quiero ir allí, yo quiero hacer esto, yo quiero hacer aquello'. ¿Qué hay allí para ti? ¿Has pensado adecuadamente si la acción que vas a hacer satisface o no a Allah y a Su Profeta? Pero como hemos dicho antes, los Musulmanes se han vuelto Musulmanes egoístas. Antes de hacer cualquier cosa solamente piensan en sí mismos, solamente en sus egos. Nunca reflexionan. Deja a los demás, ni siquiera están pensando en Allah y Su Profeta (asws). Si no piensan en Allah y Su Profeta (asws) entonces nunca van a llegar a una decisión. Imposible. Porque Allah y Su Profeta ordenan algo y los Musulmanes hoy en día están viviendo diferentemente.
Despierten, oh Musulmanes, deben despertar. El último aviso está tocando a la puerta. Ahora estos son los últimos días. Ya no tenemos más excusas para andar escapando. Si aún estás corriendo hacia este mundo, significa que no has aprendido nada del Islam, significa que hasta ahora no has aprendido nada de estas enseñanzas ya que para este mundo los días también están contados, no sólo para nuestras vidas, sino para todo el mundo, para todo lo que Allah ha creado. El dice: "El Día del Juicio está cerca". El bendito Profeta (asws) dice: "Entre el Día del Juicio y yo sólo quedan un día y medio". Habla desde la numeración celestial, diciendo: "Un día equivale a mil años". Medio día son quinientos años. "Si marchan correctamente, entonces Allah-swt- les da un día", él dice. "Si están quebrados, desviados, entonces les queda medio día". Donde sea que mires hay tantos hadices donde el bendito Profeta (asws) se dirige a nosotros diciéndonos cuánto hemos de dejar en este mundo.
¿Qué debemos hacer? ¿Debemos sentarnos y esperar morir? No. Los creyentes nunca se sientan y esperan. Cada día los creyentes corren para hacer progreso para sí mismos, para sus hermanos y hermanas, para sus comunidades. Lo deben hacer. Esto se ordena. Y el bendito Profeta (asws) nos ordena diciendo: "Si sabes que mañana es el Día del Juicio, haz hoy tu trabajo. Lo que se te ha dado lo debes completar hoy. Lo debes terminar hoy". Y si de hecho sabes que mañana es el Día del Juicio, no importa.
Llegó un beduino y le preguntó al bendito Profeta (asws): "¿Cuándo es el Día del Juicio? Ya que es tan cercano estoy pensando en dejar de trabajar". El bendito Profeta (asws) le dijo: "Anda y planta esa palmera datilera. Si sabes que es mañana, planta hoy esa palmera datilera". La palmera datilera toma cincuenta años en crecer y tal vez otros veinte años en dar frutos. Le decía: "Plántala hoy si sabes que mañana es el Día del Juicio".
 Así que los creyentes, los Musulmanes, han caído en otro truco y trampa de sheytán, de otro modo, diciendo: "El mundo se acabará. No tenemos que hacer nada". Lo tenemos que hacer todo. Todo lo que se nos ha dado mundano lo debemos hacer. Cuando nos llegue el llamado debemos dejar todo allí y marchar. El mundo no nos pertenece. Pertenece a Allah. Nosotros no nos pertenecemos. Pertenecemos a Allah. Allah-swt- nos mantiene aquí por un período de tiempo y El nos toma de este mundo. Lo que hayamos hecho en este mundo, eso es lo que ganaremos en la Próxima Vida. Lo que plantemos aquí es lo que obtendremos en el otro lado. Si estás en el campo y tienes las semillas y todo pero no plantas, entonces eres un completo cabeza vacía.
Así es como es con los Musulmanes de hoy en día. Están corriendo hacia el Islam y no están plantando. Están sentados en el campo, tienen las semillas en sus manos y no están plantando. Los incrédulos, al menos ellos todavía no han llegado al campo. Cada vez que algo se dice te comparas a ti mismo con los incrédulos. No te compares con los incrédulos. Los creyentes se deben comparar con los Sahaba-e Kiram, tomándolos como modelos de conducta, diciendo: '¿Puedo hacer lo que ellos hicieron? ¿Cuánto de lo que ellos hicieron puedo hacer yo?'. Así es como los creyentes deberían compararse a sí mismos. Y si sólo tomamos el ayat y el hadiz del bendito Profeta (asws), "Aferraos con fuerza a la cuerda de Allah y no os separéis", entonces encontrarás el modo de vivir y ese camino definitivamente nos guiará al Islam. Islam es el modo de vida. Allah-swt- nos ordena: "Vivan en dunya mediante el camino del Islam". Esa es la orden para nosotros. Si vivimos del modo en que Allah y Su Profeta (asws) nos han ordenado, entonces marcharemos limpios hacia el otro lado, insha'Allah ar-Rahman, hacia tu casa que está esperando.
Así que aferrarse con fuerza a la cuerda de Allah es aferrarse con fuerza al Qur'an, aferrarse con fuerza a las enseñanzas del Profeta (asws), aferrarse con fuerza a los Sahaba-e Kiram como modelos de conducta, aferrarse con fuerza a los Awliya'Allah, aferrarnos con fuerza a nuestro Sheykh, a nuestros Maestros que nos muestran el camino. Si haces eso entonces encontrarás seguridad. Si no lo haces, entonces hay miles de caminos. Puede que te pierdas.
Wa min Allahu Tawfiq.
Jutbah dada por Sheykh Abdul Kerim al-Hakkani (ra) el 21 de Shawwal de 1428 (2 de noviembre de 2007) en la Osmanli Naksibendi Dergahi del Siddiki Center en New York.

lunes, 29 de abril de 2013

Conociendo nuestra Historia. Parte II: La Renuncia al Sufismo.

Bismillahi Rahmani Rahim

Hace apenas un siglo, el Islam en su totalidad vivía bajo la positiva influencia de la espiritualidad sufí. Directa o indirectamente, la inmensa mayoría de los musulmanes mantenía vínculos con maestros o métodos tradicionales que los iniciaban en la vivencia de los orígenes más profundos del Islam. El sufismo (Tasawwuf) no es más que el Islam en sus raíces. El Tasawwuf es la renovación constante del primer instante del Islam.
            Se ha extendido una idea equivocada sobre la espiritualidad sufí. No es la vocación mística de un sector de los musulmanes ni es una ‘secta secreta’ dentro del Islam. El sufismo es la columna vertebral del Islam, el garante de su fidelidad a sí mismo y el estructurador de su cultura y de su civilización. La suposición de que se trata de un hecho aislable es lo que está en el origen de una interpretación que lo desvincula de su propia realidad.
            Pero ese ‘aislamiento’ del sufismo fue la consecuencia de una hábil estrategia colonial. Cuando se repasa la bibliografía occidental que hay sobre el tema, la realizada por los militares ‘sobre el terreno’, se descubre con facilidad que la desarticulación de las solidaridades sufíes era un objetivo prioritario. El Islam era un mundo descentralizado en el que se amaba apasionadamente la independencia, y su estructura tribal y acéfala traducía ese espíritu. Y frente a cualquier agresión se ponía en funcionamiento los resortes indefinidos del Yihâd, y todos entendían un lenguaje común no articulado en palabras que movilizaba a la población, poniéndose a su cabeza los maestros sufíes, sabios aglutinadores de esas aspiraciones. Con sus discípulos y la simpatía activa de los musulmanes, los representantes de las escuelas sufíes encabezaron siempre las luchas contra la empresa colonial de Occidente.
            La eficacia de ese entramado ‘secreto’ (porque era incomprensible para los militares europeos, y ya lo es, por desgracia, para muchos musulmanes) era enorme. Se aplastaba una sublevación, pero inmediatamente surgía otra, y la anterior no tardaba en recuperarse, y así en una constante guerra que impedía un asentamiento definitivo y desgastaba la moral de los agresores. Cuando se descubrió que las fraternidades sufíes estaban invariablemente detrás de esa tenaz resistencia y eran la clave de la combatividad de los musulmanes, se elaboró la estrategia de desarticulación: elaboración de censos, clasificación, corrupción de ‘jefes’, creación de ‘líderes’ sujetos a la obediencia colonial, confiscación de bienes, clausuración de centros de reunión (las zawiyas), reordenación del territorio, potenciación de las ciudades (más controlables), y, sobre todo, una eficaz propaganda que perseguía desprestigiar el sufismo.
            Es muy interesante repasar esa bibliografía a la que hemos hecho referencia más arriba (aconsejamos, por ejemplo, la lectura de Les Confréries Religieuses Musulmanes de M. Jules Cambon, gobernador general de Argelia, publicado en París en 1897). En ella encontramos todas las descalificaciones que aún se repiten contra el sufismo. Era la visión de los militares y los misioneros, la cual ha arraigado profundamente, incluso entre los propios musulmanes. Los militares vencieron y los misioneros reeducaron a los ‘indígenas’, inoculándoles sus explicaciones. El rechazo a la intervención colonial sólo podía deberse al oscurantismo, el espíritu supersticioso y bárbaro de ‘sicarios’ envenenados por ‘santones’ sin escrúpulos. La solidaridad era fanatismo. Los ‘misteriosos’ mecanismos que ponían en pie contra Occidente a la población había que buscarlos en la actuación de ‘logias secretas’ (las zawiyas), que eran la ‘masonería’ del Islam. Su lenguaje, incomprensible, era ‘esoterismo’. Poco a poco se fue elaborando la imagen del sufí como elemento aislable, y al que había que aislar y acusar de todos los males, acabando así con todas las posibilidades de resistencia a la dominación militar y a la evangelización.
            Una vez firmemente asentado el colonialismo, la desinformación programada se mantuvo constante, y a una o dos generaciones enteras de musulmanes se les enseñó que el sufismo era oscurantismo y superstición, que los maestros sufíes eran traidores a los intereses de los musulmanes (bien porque se oponían a la modernización, bien porque se hubieran aliado al colonialismo, de lo que había muchos ejemplos entre los ‘líderes’ artificiales). El sufismo -espíritu del Islam- fue así diferenciado y separado, y los musulmanes podían renunciar a él ‘sin dejar de ser musulmanes’. Para ellos, renunciar al sufismo era renunciar al atraso y la decadencia, mientras que en realidad era renunciar, sin saberlo, a sí mismos.
            El ‘Islam’ se trasladó a las ciudades. En ellas se crearía el ‘Islam oficial’ que gozaría de todos los privilegios y tendría acceso a los nuevos y eficaces circuitos de divulgación. Ese Islam adocenado y modernizado se habilitó a sí mismo como ideología o como religión de Estado, según los casos. Occidente prefiere ese Islam oficial, válido como interlocutor o enemigo, y no ese otro Islam tradicional de perfiles indefinidos, escurridizo en esencia.
            El Islam oficial fue el resultado del amplio movimiento reformador (el Ish) al que aludíamos en el artículo anterior. Los intelectuales musulmanes urbanos, acostumbrados ya a una realidad que nada tenía que ver con la que había sido la de sus antepasados, reinterpretarían el Islam desde claves adquiridas en el contacto con Occidente y bosquejarían un nuevo Islam, más ‘civilizado’ y ‘aséptico’, muy moralista y dogmático, a semejanza del modelo que se les ofrecía: el cristianismo pujante.
            No obstante, entre los reformadores prevalecía una actitud moderada. Será el wahhabismo el que, apropiándose del aspecto salafí de la Reforma (el deseo de retorno a las fuentes del Islam, pasando por alto siglos de historia del Islam -siglos de decadencia y superstición, dirían haciéndose eco de sus maestros orientalistas-) el que ensombrecería definitivamente el panorama. El wahhabismo fue hábilmente empleado para intentar aniquilar cualquier posibilidad para el sufismo, que por supuesto seguía muy vivo entre amplios sectores de la población, aunque ya sin prestigio ni márgenes para su influencia social. Las proporciones que ha adquirido el wahhabismo en la actualidad no son casuales: su alianza con la dinastía saudí y la riqueza del petróleo ha contribuido poderosamente en el triunfo de una ideología criminal y agresiva que no hubiera dejado de ser anecdótica y sin futuro en un desarrollo normal del Islam.
            Con el wahhabismo ya no hay una simple renuncia al sufismo, sino un rechazo frontal. Junto a los chiítas y las mujeres, los sufíes son los grandes pesadillas de esa monstruosidad a la que se da el nombre de wahhabismo. El wahhabismo fue también resultado de las estrategias coloniales. Con esa ideología ramplona, los ingleses consiguieron que el Yihâd se volviera contra los musulmanes. Lo primero que hicieron los wahhabíes fue declararse en exclusiva los únicos musulmanes puros y luchar contra los que habían dejado de serlo (el resto del mundo musulmán): los chiítas eran apostatas, los sufíes son adoradores de tumbas, las mujeres se han quitado el velo y han perdido el pudor, etc. Fueron enmarañándose en sus obsesiones hasta convertirse en auténticos enemigos de los musulmanes. Así fue como el colonialismo consiguió tener a los musulmanes entretenidos entre ellos disputando bizantinamente sobre nimiedades en la mayoría de los casos.
            Por su parte, desvinculado del Islam, algunos aspectos del sufismo comenzaron a ser interesantes para algunos europeos. El esoterismo que se le atribuye, su supuesto carácter de conveniente sólo para iniciados, podía ser del gusto de algunos sectores elitistas. Después, la proliferación en Occidente de sectas de todo tipo se acompañó de la elaboración de un sufismo ‘universalista’, ‘amoroso’, ‘poético’, muy a lo New Age, para el crecimiento personal y esas cosas. Algunos europeos y también algunos ‘indígenas’ avispados aprovechan la ocasión y se hacen gurús del neo-sufismo de El Principito.
            Muy poco de ello tiene que ver con los muÿâhidîn que lucharon contra los ejércitos coloniales. El aislamiento, los tópicos, las simplificaciones, las generalizaciones, el que los verdaderos sufíes sean absolutamente indiferentes a esas movidas, todo ello hay ido configurando lo que la gente entiende hoy por sufismo, ya sea en los niveles ‘académicos’ o en el seno de las sectas amorosas.
            No obstante, el sufismo ni mucho menos ha desparecido. Al contrario, en medio de contradicciones, da muestras de recuperación. Hay todavía una gran cantidad de maestros vivos, de la talla de los genios de la época clásica del Islam. Ese Islam es el menos accesible para los europeos, pero sigue vertebrando a una gran parte de la Nación musulmana. En cualquier caso, el Islam está más allá incluso del sufismo, porque en sí es un ‘secreto’, algo para lo que no hay palabras, ni tan siquiera la de los sufíes, que son meras aproximaciones. Ese Islam que está en las raíces, es inextinguible porque es la esencia de la vida misma, y vibra incluso en los musulmanes más alejados de sus ‘fuentes’. Es ahí donde está la clave indecible del futuro del Islam, wa llâhu walíyu t-tawfîq, wal-hámdu lillâhi rábbi l-‘âlamîn.
 
Fuente: Musulmanes Andaluces.

sábado, 27 de abril de 2013

Conociendo nuestra Historia. Parte I: "La Justificación del Islam"

Bismillahi Rahmani Rahim

La irrupción avasallante del colonialismo en tierras del Islam tuvo múltiples consecuencias profundamente trastornadoras. Las repercusiones han sido estudiadas a diferentes niveles, pero no se ha analizado suficientemente su influencia en el Islam como tal, de modo que el ‘Islam’ reconfigurado por el hondo complejo que significó el éxito del colonialismo es confundido demasiado a menudo con el verdadero Islam, el que tiene vida y expresión propias. Queremos decir que el Islam que se suele enseñar, el que ‘predican’ la mayoría de los musulmanes actuales, el Islam de los Estados, los colegios y la televisión, el reivindicado por muchos de los movimientos islamistas, aquél con el que resulta más fácil entrar en contacto, poco tiene que ver con el que se vivía hace apenas un siglo y que se sigue viviendo, afortunadamente, en los márgenes de todo lo ‘oficial’, es decir, en los márgenes (todavía muy amplios) de la ‘religión islámica’ que resultó de esa confrontación -desde el complejo de inferioridad- con Occidente.
            A finales del siglo XIX y principios del XX, una nueva generación musulmana se debatía en un medio hostil y tenso, cargado de prejuicios y confusiones. Con una estrategia firme y bien diseñada, el colonialismo desarraigó a los musulmanes, les impidió el contacto con sus fuentes tradicionales, interrumpió la normal comunicación del Islam en la que los musulmanes eran protagonistas e independientes, y lo logró de dos maneras distintas: con la destrucción física o la corrupción de sus representantes y de los medios en que se mantenía viva la trasmisión (madrasas, mezquitas, zawiyas, zocos, todo ello era descentralizado y, a la vez, cohesionador), y, por otro lado, desprestigiando el Islam tradicional (que era el que oponía una enconada resistencia a las pretensiones de Occidente). A ello hay que añadir la creación artificial de élites inofensivas que, sabiéndolo o ingenuamente, hicieron de pantomima en medio de esa estrategia destinada a desarticular la tenaz insumisión del Islam. La política colonial es todavía seguida fielmente por los regímenes ‘indígenas’ que sustituyeron a la administración extranjera.
            Se propagó la idea de que el Islam de toda la vida había sido incapaz de evitar su derrota frente a la prepotencia colonial, que el Islam estaba anquilosado y era incapaz de sobrevivir, sembrando eficazmente entre los musulmanes más jóvenes (de cuya educación, directa o indirecta, se hizo cargo el colonialismo) la desvalorización de sí mismos. Y ese desdén fue el detonante de una toma de conciencia que pretendió ‘salvar’ el Islam de su agonía, con una renovación que lo pusiera a la altura de los tiempos. Comenzó el Ish, la Reforma (la Modernización), cayendo sus representantes en una trampa mortal. No vamos a censurar la sinceridad y nobleza de sus intenciones -por lo demás, indudables-, pero el Islah marcó un punto de inflexión que fue alejando aún más al Islam de sus raíces y de sus posibilidades.
            El ‘Occidente’ que podían conocer los protagonistas del Islah (que hicieron de la Universidad cairota de al-Azhar su feudo) era el de los militares y los misioneros, los estrategas para la consumación y la justificación del colonialismo. Lo que se ofrecía a los musulmanes como ‘ cultura moderna’ es la que hoy consideramos reaccionaria o, en el mejor de los casos, simplemente como mediocre. Pues bien, será ese ‘Occidente de los militares y los misioneros’ el que servirá de modelo para el replanteamiento del Islam. Y, recordemos, que la confrontación se hizo desde un gran complejo de inferioridad ante los vencedores, y ello es fácilmente rastreable en la amplia literatura que generó el movimiento del Islah. También debemos recordar que fueron varias las soluciones que se plantearon para salir del atolladero en el que se encontraba la ‘conciencia de los árabes’, y hubo respuestas que querían encontrar la salvación en fórmulas siempre extranjeras: el laicismo, el nacionalismo, el cientifismo, etc. Cada una de esas supuestas soluciones era un desgarro y un factor de desintegración. A esta efervescencia (urbana y culta, entendiendo cultura como acomodación a Occidente) se le dio el nombre tendencioso de Nahda, Renacimiento (árabe), del que las generaciones actuales aún se sienten profundamente orgullosas.
            Ese amplio movimiento fue el abanderado de un ‘despertar’ prestigiado y oficial porque supo hacer uso de un discurso ‘modernizado’ y empleó los novedosos medios de difusión que el colonialismo trajo consigo. Se instalaron en el mundo del Islam los circuitos de trasmisión que son habituales en Occidente (imprentas, editoriales, periódicos, universidades, asociaciones), y en los que esa nueva cultura ‘árabe’ (o arabo-islámica) tuvo la hegemonía casi absoluta. Los reformistas se propusieron desde el principio depurar el Islam de todo aquello que los expertos occidentales entendían como degradante: las supersticiones, el tribalismo, el libertinaje, el oscurantismo de los sufíes, el gusto por la anarquía,... que fueron sustituidos por una versión estrecha del Islam justificada en una lectura tendenciosa de las fuentes que buscaba alzar al Islam hasta las mismas cúspides que había conquistado Occidente idealizado en la aceptación o el rechazo.
            Los artífices de las independencias formales se apoyaron y se apropiaron de esa ideología arabo-musulmana que pretendía poner al Islam en pie de igualdad con las tendencias del momento, un Islam reformulado e institucionalizable que tenía como modelo los avances de los occidentales, los valores con los que ‘habían pasado a dominar el mundo’: orden, jerarquía, moral, ciencia, disciplina, nacionalismo,... que se han convertido en los grandes eslóganes del Islam moderno.
            Era lo lógico: es imposible encontrar un respaldarazo a los Estados en el Islam tradicional. Sólo un Islam convertido en ideología, o, mejor dicho, metamorfoseado en ‘religión’, un Islam que fuera caricatura de sí mismo, podía ser un elemento de consolidación de un Estado moderno, al igual que el cristianismo era un instrumento de poder y de control en Occidente.
            Todo lo dicho, evidentemente, no es más que un esquema general. En todo ese proceso se entrecruzaron muchas tendencias y protagonismos personales, fidelidades, puntos de vista, grados de conciencia, formación, compromiso y radicalidad, todo en medio de reflexiones y capacidades muy dispares, y muchas de ellas supusieron aportaciones inestimables. Pero el resultado, en cualquier caso, fue un discurso nuevo sobre el Islam en el que primaban la obsesión por la pureza (salafismo, es decir, un retorno a las fuentes, que son reinterpretadas sin el peso de los siglos intermedios y con ‘ojos nuevos’, es decir, educados por Occidente), la obsesión por la unidad (panislamismo), la obsesión por la organización (movimientos y partidos islámicos) y la obsesión por justificar el Islam (materias escolares, carreras universitarias, publicaciones divulgativas,...). Y de ello ha derivado la imposibilidad de vivir el Islam con naturalidad.
            Ese Islam patético, fácil de entender, abarcar y clasificar, fue y es identificado con el Islam auténtico y elevado a la categoría de ortodoxia, y desde ese prisma se analiza el pasado. Todos los tópicos del cristianismo (su teología, su historia, sus tendencias,...) encontraron su eco en esa nueva imagen de pretensiones absolutas.
            Ya en los años veinte, el Sháij Sidi Ahmad al-‘Alawi decía que el Islam, tras haber sido la sensibilidad con la que los musulmanes se relacionaban con la existencia, se había convertido en una trinchera, en pura reacción. Nunca antes los musulmanes habían tenido que justificarse ni defenderse. Se reconocía en el Islam una fuerza que te hacía ser musulmán espontáneamente. Pero con el Islah la necesidad de una ‘explicación’ sustituyó la ‘vivencia’. Y ello es puramente ‘cristiano’. Se hacía necesaria una teología, una ética, una jerarquía, un soporte que diera sentido a ser musulmán, y puesto que no existía había que aprenderlo de los militares y de los misioneros, y, simplemente, ponerlo en árabe y adornarlo con unas cuantas citas coránicas.
            Se instalaron en la conciencia de los ‘árabes’ nuevos mitos, muy significativos. En sus Rasâil, Hásan al-Bannâ (el fundador del pujante movimiento de los Hermanos Musulmanes) aludía con admiración a Mussolini. Él, por supuesto, no era fascista ni defendía el fascismo, cuyas implicaciones seguramente desconocía, pero que un europeo reivindicara con orgullo el pasado de su nación y buscara recuperar para su pueblo esa gloria, era un modelo válido y digno de consideración, y se lamentaba de que los musulmanes -que tenían más motivos para sentirse satisfechos por su pasado- se hundieran en la decadencia y la aceptaran. Esto, que en principio puede sonar bien, significaba de hecho admitir la historia que los arabistas habían elaborado del Islam y trabajar con ella como referente, con juicios de valor e interpretaciones ajenos en el fondo a la sensibilidad islámica más fiel. Era inevitable utilizar el ‘nuevo lenguaje’, con todas sus connotaciones, en el que los únicos diestros eran precisamente los occidentales, sin que se hiciera -tal vez porque era imposible- una crítica suficiente.
            Ello implicó una revisión del Islam, una revisión que se camufló bajo el disfraz de la necesidad que había entonces de volver a divulgar el Islam. El desarraigo, la dispersión, la desarticulación, todo ello había alejado a los musulmanes de sí mismos. El Islam que fue predicado a partir de entonces era el Islam reaccionario y mediocre que salía de las mentes de quienes padecían de un fuerte complejo ante los occidentales. La revisión consistió en una selección y una simplificación, que es el Islam oficial actual en el que impera una moral decimonónica y unos planteamientos trasnochados, y que sí tiende al anquilosamiento. Las víctimas de ese Islam son las del cristianismo: las mujeres, los disidentes, los artistas,... En el tan llevado y traído ‘oscurantismo’ de los musulmanes hay más de cristianismo que de Islam.
            Casi todas las publicaciones en los últimos decenios destilan esa ‘ideología’ que justifica los grandes principios del Islam en una moral y una concepción de la vida que no son islámicas. Los grandes autores de estos tiempos -y en ello no hay más reproche que el de no haber sido más críticos o más imaginativos- explican el Islam a quienes las nuevas condiciones impiden un acceso normal a las fuentes tradicionales, de un modo ingenuo que hace del Islam una variante de la mentalidad cristiana. La falta de tiempo, la carencia de auténticos maestros, el bajo nivel en lengua árabe, todo ello allana el camino para el triunfo de la versión simplista del Islam. Los esfuerzos de los ‘ulamâ modernos, licenciados en al-Azhar u otras universidades de prestigio -guiados sin duda por la mejor de las intenciones-, desvían a los musulmanes aún más de una genuina vivencia del Islam, dándoles como sucedáneo una ‘religión’ pobre, más o menos radical o integrista, acorde quizás con las circunstancias en las que se debate el Islam en la actualidad, pero que impide una verdadera profundización y una verdadera comprensión de la infinita magnitud del Islam.
            A la par, el Islam tradicional seguía, a pesar de todo, trasmitiéndose como siempre, y aparecieron personalidades de una gran talla, genios excepcionales, como el Sheykh Sidi Ahmad al-‘Alawi, cuyos manuscritos se pasaban de mano en mano o se comunicaban oralmente, y en torno a los cuales se formaban escuelas de gran calado social, pero que existían fuera de los circuitos académicos (con muy escasas interferencias entre ambos mundos), y sus aportaciones fueron relegadas a la categoría inferior de lo ‘popular’. Y es que el Islam sigue viviendo en sus gentes mientras el círculo intelectual y pretencioso de las élites se arroga una representatividad de la que carece. Sólo su abundancia de medios y su control sobre los mass media les proporcionó el éxito de la apariencia, lo que siempre ha generado grandes contradicciones y conflictos. Pero no hay que desdeñar la importancia de esa apariencia que arraiga aceleradamente y va imponiendo su lenguaje. En los círculos tradicionales más apartados es respirable cada vez más la influencia del Islam prestigiado y moderado del Estado y la enseñanza pública o el Islam agresivo de los movimientos ideológicos, que en poco sustancial se diferencia del anterior. Además, no se suele hacer diferencias, con lo que la confusión facilita las mezclas e intercambios.
            Con todo lo dicho en los apuntes anteriores no pretendemos presentar un panorama desalentador. Al contrario; si los intensos y apasionados fenómenos que hemos descrito demuestran algo es la vitalidad y la voluntad de sobrevivir del Islam, en el que palpita indiscutiblemente une espíritu joven de un dinamismo incuestionable. Más importante que las soluciones que se den en cada momento a lo que las circunstancias plantean, es el ímpetu creativo y combativo que sitúa al Islam en la condición de alternativa a un mundo uniformizado por la esterilidad de un pensamiento único. Esa pugna es la esencia misma del Islam, lo inalterable.
Fuente: Musulmanes Andaluces

jueves, 25 de abril de 2013

Sé feliz con Allah y no te quejes

Bismillahi Rahmani Rahim
Alhamdulillah, astaghfirullah al-Azim wa atubu ilayh.
¿Cuánto deberíamos agradecer a nuestro Señor? Cuanto seas de agradecido no es suficiente. Si desde el día en que naciste hasta el Día del Juicio permaneces diciendo: "Gracias, gracias Ya Rabbi, gracias", no es suficiente. Pero la gente ignorante y arrogante del siglo 21 se está quejando día y noche, las 24 horas. La gente de la antigüedad solía quejarse durante el día. De noche estaba oscuro. Por lo tanto no se veían unos a otros. No se quejaban. Ahora, también a la noche. Veinticuatro horas.
Eso demuestra, alhamdulillah, que estamos llegando completamente al final, ajir del ajir del que el Sagrado Profeta (asws) nos ha avisado de que íbamos a alcanzar esos días: "Y cuando llegues a esos días, vive una vida simple. Aléjate de las actividades incorrectas. Mantente muy simple. De esa manera serás capaz  de ser agradecido con tu Señor". Él observa. Él nos observa, observa nuestras actividades las veinticuatro horas, preguntando a Sus ángeles: "¿Cómo está Mi siervo?"
"Ohh, este siervo se está quejando".
"Entonces háganselo un poco más complicado. Cierren más puertas a ese que se está quejando. Quítenle las puertas que le son de sosiego, quítenle esas puertas porque se está quejando".
"¿Cómo está Mi siervo?"
"Oh, ese es muy feliz contigo, Ya Rabbi".
"¿Aún es feliz con todas estas dificultades que le he dado, con todos estos problemas que le he dado?"
"Así es, Ya Rabbi. Él es feliz".
"Bien. Abran sus caminos".
Esta es la manera que es. El hombre se hace todo a sí mismo. No se lo hace a nadie más. Y el hombre se gana su Paraíso o el infierno que le espera. Allah-swt- se dirige a nosotros diciéndonos: "No los hemos creado para el infierno. Los hemos creado para el Paraíso. Y tienen que buscar esa puerta. Tienen que mantener sus oraciones y tienen que ser pacientes". En más de setenta lugares diferentes Allah-swt- ordena: "Mantengan sus oraciones y sean pacientes, mantengan sus oraciones y sean pacientes, mantengan sus oraciones y sean pacientes".
Cuando Adam (as) fue enviado fuera del Paraíso hacia la tierra, Yibril (as) llegó y le dijo: "Allah te envía tres recompensas que deberás tomar contigo. Pero sólo debes tomar una de ellas. Él envía tres. Debes elegir y tomar una de  estas tres. Y desciende con ella a la tierra". Y Allah envió inteligencia, fe y modestia, estas tres cosas para Adam (as). Adam (as) las observó y dijo: "Elijo la inteligencia". Y en cuanto tomó la inteligencia, Yibril (as) le dijo a las demás: "Allah les dice que regresen de donde han venido". Ellas dijeron: "No, no podemos regresar". Dijo: "¿Qué es eso?". Dijeron: "Es que Allah nos ha ordenado que donde esté la inteligencia es donde tiene que estar la fe y donde tiene que estar la modestia".
Los animales no tienen inteligencia. No tienen modestia. El hombre no es responsable hasta que alcanza la edad de la madurez, significando, que ahora es capaz de utilizar su inteligencia. Es responsable por sus acciones, sabe qué está haciendo y sabe porqué lo está haciendo. Entonces es responsable. Y cuando lo observas mediante la inteligencia, entonces el Sagrado Profeta (asws) dice: "Tanta inteligencia tienes, así será tu fe". Tanto como estés utilizando tu inteligencia, tanto así crecerá tu fe. Cuanto más crece tu fe, entonces más modestia tienes.
Así que ahora debemos chequearnos a nosotros mismos. Quejándonos día y noche. Chequea. ¿Tienes inteligencia? No. Completamente cero. El hombre que se queja no tiene inteligencia. 'Pero no me estoy quejando mediante la lengua'. Te estás quejando mediante la acción. Di, no eres feliz con tu Señor. No es nada más. Toda situación que le ocurre al hombre es con la orden y con la voluntad de Allah -swt-. Él te pone a través de eso para ver que harás. Ese es el momento para que seas probado, y entonces millones de personas están fallando. Corriendo sin detenerse al límite de la velocidad, pero cuando llega la prueba ellos caen.
La inteligencia nos ordena, así es, cuando miramos alrededor, ¿por qué nos quejamos? La queja llega porque estamos demasiado ciegos para ver lo que le sucede a otra gente a nuestro alrededor. Cuando observes a las demás personas entonces encontrarás suficiente para decir: "¡Alhamdulillah Ya Rabbi!". Si no encuentras ningún lugar donde mirar, entonces anda a los hospitales. Lo digo tantas veces. Anda a los hospitales y observa. Mira cuanto está sufriendo la gente y dite a ti mismo: "Ese puedo ser yo". Y si no es hoy entonces tal vez mañana, ya que para la persona que no está feliz consigo misma, con la situación en la que la ha puesto Allah, ese es el final. O anda a los cementerios. Siéntate y mira. Pero la gente del siglo 21 también se aleja de los cementerios. Pasan rápidamente cuando van cerca de los cementerios. Ponen los cementerios a las afueras de la ciudad. No quieren recordar nada.
Anda a las cárceles y mira a la gente allí. Dite a ti mismo: "¿Tengo algo de qué quejarme?". Alguien te toma, te pone en una habitación pequeña y te encierra allí. Seas culpable o no, no tiene importancia. Te encierran allí. ¿Te agrada esa situación? Si te agrada esa situación entonces continúa quejándote. Si no, entonces di: "¡Gracias, Ya Rabbi! Tú eres feliz conmigo y yo soy feliz contigo. Yo soy feliz contigo y Tu eres feliz conmigo".
Como decía Musa (as): "Ya Rabbi, ¿cuando serás feliz conmigo?". Él dijo: "Es muy fácil, ya Musa. Cuando tú eres feliz conmigo, Yo soy feliz contigo". Cuando te estás quejando y cuando estás mostrando tu tristeza a los demás, eso demuestra que no eres feliz con tu Señor. ¿No eres feliz con Allah? Hmm. Si Allah no es feliz contigo entonces el mundo entero va a estallar encima de tu cabeza. Hacia donde te vuelvas, se te van a cerrar las puertas. Por lo tanto, sé feliz. Sé feliz con Allah -swt-. Sé feliz con la situación en la que Él te ha puesto.
En realidad, Él no te ha puesto. Tú te has puesto a ti mismo en esa situación. Si hay ciertas áreas que estás atravesando, tú eres quien se ha puesto a sí mismo en esa situación. Chequea los tiempos que han pasado, en qué caminos has entrado y entenderás cómo lo has hecho. Y Allah -swt- nos envía...ya que Él nos ha dado inteligencia, Él nos envía Sus Profetas, Él nos envía Su Shari'at, diciéndonos: "Para proteger esa inteligencia, tienen que usar esta Shari'at, estas leyes que les estoy dando. Si no usan estas leyes, si no viven de acuerdo a estas leyes, no van a ser felices".
Sin embargo estás mirando el otro lado de los demás. Observa. Solamente viendo en la televisión o en las calles, viendo 'ja, ja, ja, je, je, je', viendo a la gente reír, sonreír. ¿Tú piensas que ellos son felices? Anda y chequéalos las veinticuatro horas. Observa qué ocurre con sus vidas. Aquellas personas que están desconectadas de Allah y Su Profeta, es imposible que estén felices. Aquellas personas que están desconectadas de Allah, Su Profeta (asws) y de Sus Awliya Allah, es imposible que encuentren los caminos, que encuentren el camino de vuelta de dónde provienen.
Allah -swt- no nos envió a este mundo para que estemos preocupados con la necedad, con la estupidez de este mundo. No nos envió a este mundo para que nos preocupemos por lo material de este mundo. No nos envió a este mundo para que nos preocupemos: 'Oh, he perdido mi automóvil', o 'He perdido mi negocio', o 'He perdido mi casa'. No deberías preocuparte por eso. Si no quieres perderlo entonces antes tienes que pensar. Cuando Allah te da algo, tienes que saber cómo aferrarlo con fuerza. Y la única manera de aférralo con fuerza es cuando lo utilizas por la causa de Allah. Si no lo utilizas por la causa de Allah entonces se va a marchar. Se va a ir lejos. Un día te vas a volver a izquierda y derecha y va a desaparecer de tu mano. Y esa es otra área de apertura para tú, para que seas capaz de entender y decir: "¡Gracias, Ya Rabbi! Tú me despertaste con esto. Me lo has quitado. Me has despertado de esto".
De otra manera, si entonces la persona no es agradecida con Su Señor, solamente está siendo un individuo arrogante y testarudo. Tantos Faraones han llegado a este mundo y tantos Faraones se han ido. Allah-swt- nos ha dado inteligencia. Él ordena que usemos esa inteligencia para mantener nuestra fe, y mantener nuestra fe para mantener nuestra modestia, y mantener nuestro honor. El hombre que no usa su inteligencia no tiene fe, no tiene modestia y no tiene honor. Es peor que los animales. Los animales no tienen honor. Si tuviesen honor, entonces no andarían por ahí, dejando sus desperdicios en cualquier lado que ven, o durmiendo, comiendo y sentándose en cualquier sitio donde han dejado sus mismos desperdicios.
Allah -swt- nos ha creado en Su propia imagen, Él dice. Ha dado honor a los hijos de Adam (as). Cuando Él nos ha dado honor con eso, si te estás quejando, si demuestras alguna señal de que te estás quejando, entonces no tienes honor. No estás manteniendo ese honor que Allah -swt- te está dando. Él nos ha hecho ser Sus representantes sobre la faz de esta tierra, y Él nos dice: "Mantén las órdenes que te He dado. En cuanto entres al otro lado serás allí el Sultán".
Esto es para ti, para mí y para toda la humanidad. Fue así, es así y será así. Nunca va a cambiar. No pienses que este mundo se vuelve loco, la gente se vuelve loca corriendo aquí y allí, corriendo para cambiar y que algo va a cambiar. Nada va a cambiar. Las leyes están allí. Los Profetas vinieron. Ellos hicieron su trabajo. Allah -swt- completó Sus mandatos mediante Sus Profetas, completó Sus Libros, Él nos dice: "Si quieren seguridad, si quieren paz, entonces deben seguir estos libros. Deben seguir estos Profetas. Deben seguir a aquellos que están siguiendo los pasos de los Profetas. Si no los estás siguiendo, si no estás siguiendo sus órdenes, entonces puedes estar durmiendo con ellos en la misma cama que no vas a ser feliz. La felicidad no va a llegarte. Puedes estar sentado en el mismo lugar junto a ellos, pero no serás feliz. La felicidad no entrará en ti porque estás construyendo otro mundo para ti mismo mediante tu manera egoísta, pensando 'Ah, estoy viviendo aquí, pero estoy pensando en este dunya'".
Pensando en dunya. Hoy en día estoy observando a tanta gente que es así en las dergahs y tariqats. Están sentados en la dergah pero están preocupados por lo que ocurre afuera. ¿Por qué te preocupas por el exterior? Anda afuera. Permanece allí. Húndete allí y tal vez un día vayas a entender, te des cuenta que: 'Sí, la dergah es una parte del Paraíso'. Si la persona no es feliz en el Paraíso, entonces, ¿dónde será feliz? Tal vez en el infierno, porque aún no ha probado el infierno. Así es.
Así que en estos días, en el este, oeste, norte y sur, la gente no se puede sentar en las mezquitas. Aquellos que están rezando corren a último momento a las oraciones, rezan rápidamente y corren hacia afuera. ¿Qué hay afuera? ¿Qué hay? Jóvenes y ancianos corren en los mercados. Los mercados están llenos de sheytánes. Huh, por eso es que estás feliz. Entonces eres feliz con Sheytán. Huh, entonces irás al infierno junto a Sheytán.
Allah -swt- nos ha creado. Crear uno o crear billones es lo mismo para Él. No le es un trabajo complicado. Su trabajo es 'Kun faya Kun'. Dice: 'Sé', y ocurre. Estamos apareciendo hoy. Él puede decir: "¡Desaparece!", y todo lo que Él ha creado puede desaparecer. Y Él puede crear otros mundos y otras gentes. No hay ley que se aplique a Allah. Para nosotros sí, pero no a Él. Él hace como le gusta. Nos vamos a sentar y a pensar, y entonces vamos a entender que, sí, Él nos ha dado honor. Nos ha dado estas órdenes. Nos ha dado estas órdenes para mantenernos sobre el Sirat-ul Mustaqim. Somos criaturas que provienen de la nada. Él nos ha creado de la nada y Él nos ha dado honor. Él nos ha dado estas estaciones elevadas, haciéndonos ser Sus representantes sobre la faz de la tierra y ha preparado el Paraíso para nosotros. Ha preparado esta vida para nosotros, nos ha dado el aliento de vida. Entonces, ¿qué encontrarás para quejarte?
Pero el hombre no lo entiende. No piensa para entender cuán valioso es este aire. Este aliento que estás tomando, cuán valioso es. A tanta gente le digo que vaya al hospital a ver. Tanta gente está yaciendo en la cama. Tienen que poner cientos de máquinas a su alrededor para que les bombeen aire. Eso no es vida. Quítenlo. Déjenlos partir limpios. Pero no lo hacen porque mientras no les saquen todo el dinero, van a mantener esa máscara de aire en sus rostros.
Entonces intenta comprender: 'Este aire que estoy tomando, ¿cuán valioso es? ¿Cuesta 10 negocios o 50 negocios? ¿O 50 billones de dólares?'. Una vez hubo un hombre que se quedó atascado en el desierto. Era un hombre muy adinerado. Necesitaba agua. Y otro hombre estaba pasando por allí. Y este tenía agua. Le dijo: 'Dame algo de agua'. Dijo: 'Por supuesto, te daré. ¿Cuanto piensas que vale ahora esta agua para ti? Sólo es agua. Así que me voy. Si piensas que significa algo, entonces llámame de vuelta'. Dijo: '¡Sí, sí, vuelve!". Dijo: '¿Cuánto me darás?'. Dijo: 'Te daré tanto así'. Dijo: 'No. Por este tanto de agua quiero la mitad de tu riqueza'. El otro ahora pensaba y se moría de sed. Así que dijo: 'Muy bien, tómala'. Bebió, y ahora que había bebido un poco se volvió aún más sediento. El hombre intentaba irse y le dijo: 'Dame un poco más'. Le dijo: 'Entonces dame la otra mitad'. Tomó la otra mitad (de la riqueza del hombre sediento).
Así que la riqueza entera solamente son dos sorbos de agua. Ahora piensa. Piensa. Debemos pensar en eso. Tampoco estamos mostrando respeto por esta agua. No estamos mostrando respeto por este aire. No estamos mostrando respeto por estas tierras. Así es, la humanidad se debe preparar a sí misma para lo peor. Pronto no llegará agua. Aquellos que no muestren respeto por el agua, no van a encontrar agua. Van a morir de sed. Aquellos que no muestren respeto por el aire, no van a respirar el aire. Van a morir ahogados. Esos días se están aproximando. Si piensas que ahora es malo, siéntate y espera. Si eres feliz con Allah, entonces Allah te es suficiente. Él es capaz de salvarte en cualquier lado. Él te enviará aire especial y agua especial.
Mantente a ti mismo de esa manera, mantén tu fe de esa manera y encontrarás seguridad en dunya y en Ajirat. Si no te mantienes de esa manera, entonces tus problemas no terminarán. Solamente están comenzando.
Wa min Allahu Tawfiq.
Jutbah dada por Sheykh Abdul Kerim al-Hakkani el 3 de Jumad al-Awwal de 1429 (9 de mayo de 2008) en la Dergah Osmanli Naksibendi del Siddiki Center en New York.

sábado, 20 de abril de 2013

La Retribución por las Acciones

Bismillahi Rahmani Rahim

Hazrat Abu Asma narró que Hazrat Abu Bakr (ra) estaba comiendo junto al Mensajero de Allah (asws) cuando esta ayat fue revelada:
"El que haya hecho el peso de una brizna de bien, lo verá; y el que haya hecho el peso de una brizna de mal, lo verá" (99:8-9)
Hazrat Abu Bakr (ra) dejó de comer y dijo: "¡Oh Mensajero de Allah! ¿Veremos (seremos castigados por) cada una de las maldades que hemos hecho?". El Mensajero de Allah (asws) contestó: "Todo lo que te sucede (en este mundo), lo cual te disgusta, es retribución (por tus faltas), mientras que las recompensas por las buenas aacciones serán dadas en el Ajirat a quienes las merezcan". (Ibn Abi Shayba, Hakim y otros)
Otra narración dice que el Mensajero de Allah (asws) contestó: "¡Oh Abu Bakr! ¿No ves todo lo que ocurre que te disgusta? Bueno, eso es por (el castigo de) el peso de las faltas, mientras que las (recompensas por el) peso de las buenas acciones será mantenido en reserva y será dado completamente en el Día del Levantamiento. La confirmación de esto se manifiesta en el Libro de Allah cuando dice:
"Las desgracias que os afligen son el resultado de lo que se han buscado, pero Allah perdona muchas cosas" (42:31)" (Ibn Mardway)
Hazrat Abu Bakr (ra) narró que estaba una vez junto a Rasulullah (asws) cuando se reveló la ayat siguiente:
"Quien haga un mal será pagado por ello y no encontrará para él, aparte de Allah, nadie que lo proteja ni lo defienda" (4:122)
Luego de que el Mensajero de Allah lo recitara, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo: "Todo lo que sé es que parece que mi espalda estuvo cerca de quebrarse". "¿Qué es lo que te ocurre, Abu Bakr?", preguntó Rasulullah (asws). Dijo: "¡Oh Mensajero de Allah! ¿Quién de nosotros no comente errores? ¿Seremos castigados por todo lo que hacemos mal?" El Mensajero de Allah (asws) contestó: "Tanto para tí como los Creyentes, sufrirán la retribución de sus faltas en este mundo, para que cuando se encuentren con Allah no tengan faltas en sus cuentas. Sin embargo, los otros (los Kuffar) tendrán sus cuentas acumuladas hasta ser castigados por ellas en el Día del Levantamiento". (Tirmidhi, Ibn Mundhir)
Hazrat Abu Bakr (ra) cierta vez preguntó: "¡Oh Rasulullah! Cuando seamos castigados por cada falta, ¿quién podrá mantenerse en un buen lugar luego del ayat que dice: 'Quien haga un mal será pagado por ello...' (4:122)?". El Mensajero de Allah (asws) dijo: "¡Que Allah te perdone, Abu Bakr! ¿Acaso no te enfermas? ¿No te cansas? ¿Nunca te has sentido deprimido? ¿Nunca has sufrido privaciones? ¿Nunca te han caído calamidades encima?". "Esas cosas suceden", contestó Hazrat Abu Bakr (ra). Entonces, el Mensajero de Allah (asws) dijo: "Esta es la retribución por tus faltas en este mundo". (Ahmad, Ibn Mundhir, Hakim y otros)
Traducido del libro "Hilyat us Sahaba"