miércoles, 22 de febrero de 2012

Mensaje de Maulana Sheykh Nazim: "Allah es Hermoso y ama la Hermosura"

Bismillahi Rahmani Rahim
Maulana Sheykh Nazim 22/02/2012

Nuestro Señor ama a los hermosos. Él, Él mismo, es hermoso. La Belleza Absoluta le pertenece. Él ama a los hermosos. "Oh nuestro Señor, haznos (estar con) hermosos. No nos hagas de los feos, Oh nuestro Señor". "Oh mi siervo, tu eres quien se hace feo. Yo no te hago feo, tú lo haces". Un llamado de esta importancia viene a nosotros. "Sean hermosos, Oh gente. Corran a la belleza, Oh gente". Esto es lo que nuestro Señor quiere: "Soy hermoso y amo a los hermosos. No amo a los feos". Él dice. ¿Quienes son los feos? Son quienes hacen cosas malas, quienes escapan de las buenas cosas, zulmat/oscuridad viene a sus caras. Una persona fea no es aceptable. Allah no los ama. Los que Él ama son los bellos. ¿Qué hace a una persona bella? No es el polvo, el rubor, etc...Los hermosos son los limpios y puros siervos, quienes caminan en la senda que Allah ordena. Aquellos a quien Allah ama y a quienes Allah da belleza- ellos están vestidos en una nueva belleza, bienestar a toda hora. Cada acto de rebeldía hacia Allah, o cada vez que seguimos a nuestro ego nos hace una persona fea. No importa cuanto polvo o rubor...nada puede ayudar, no puede hacer a alguien lucir bello nunca más. La belleza es de Allah Todopoderoso, Oh gente.


¡Sean bellos, no feos! Tawba Ya Rabbi, Tawba Ya Rabbi, Tawba Astaghfirullah. Salam Allahu Alikum Oh gente del Islam, Oh gente de conocimiento, Oh siervos de Allah! Ya man Huwa yuhibbul Muhsinin. Allah ama Al-Muhsinun, a los que hacen el bien. Haznos de aquellos quienes tienen Ihsaan. ¿Quienes son quienes tienen Ihsan-perfección? Ellos son la gente hermosa. No hay nada bueno en la gente fea. Lo que hace a una persona fea son los actos sucios, pecados, no tener fe, iman. Él viste luz en aquellos que creen, quienes no creen permanecen en la oscuridad. Tawba Ya Rabbi. Envianos quienes nos ayuden. Fatiha.


Esta es la primera bendición y el primer llamado del sagrado mes. Rabi-ul Akhir del Hijri año 1433..El hijri del año 1434 a toda la humanidad: "Sean bellos, no feos, sean justos, no opriman. Sean buenos, no sean malos". Esto es lo que Allah quiere- Él dice: Sean bellos. Sean bellos, no hay otra orden. Esto es lo que el Señor quiere. "Soy hermoso y amo a los bellos", dice Allah. Esto es todo lo que dice la Biblia, Torah, Salmos, Sagrado Corán. MashaAllah, Oh nuestro Señor envíanos personas que nos ayuden. Otorganos sabiduría y entendimiento para que podamos pensar...De todos modos nuestro Profeta (sas) dice: "Pensar con profundidad por una hora es mejor que 70 años de adoración". Es esto, este es el pensamiento. ¡Qué hermoso! Infinitos salams al Sultan de los Profetas (sas). La gloria del glorioso Profeta (sas) en la visión de Allah, nadie puede siquiera imaginarlo. Infinitos salat y salams al Más Amado (sas), Oh gente! Esto es suficiente, Fatiha.


El primer tamdeeh-elogio es la barakah del día. Esto se caerá y la Divina Cólera de Allah limpiará a los feos. Sólo los bellos permanecerán en la tierra. "No maten y traigan de vuelta la vida. No engañen a alguien de su derecha, pero den su derecha. Ayuden y obtengan el sawab- la recompensa de esto. Escapen de la fealdad, Sean bellos"- Esto es el resumen de todos los Libros Sagrados. La orden vino a mí para declarar a la gente desde mi cama de enfermo, por eso lo estoy informando hoy. El mundo entero puede oírlo, toda la gente y decir "Es verdad". Si hay alguien que encuentra esto erróneo, lo que estoy declarando desde mi cama de enfermo, lo que viene a mi corazón-puede que no sobreviva hasta mañana. Tawba ya Rabbi, tawba O nuestro Señor. Únenos con aquellos que son bellos, quítanos de los feos. ¿Quién es feo? Shaytan. ¿Quién es bello? El Sultan de los Profetas (sas). Es suficiente, Fatiha.

Audio publicado en Saltanat.org publicado el día de la fecha 22.02.2012

martes, 21 de febrero de 2012

Hombres de Allah: Sheykh Abdoulaye Dieye y la Khidmatul Khadim


Bismillahi Rahmani Rahim

Nuestra intención insha’Allah es presentar a nuestros lectores aquellas personalidades espirituales del Islam que con sus obras han contribuido al desarrollo humano siendo tanto agentes de bienestar social, crecimiento cultural y apertura espiritual, como ejemplos de entrega en la Causa de Allah.

Sheykh Abdoulaye Dieye nació en 1938 en la ciudad de Saint Louis, en Senegal. De profesión fue urbanista y arquitecto paisajista, sin embargo, sobre todas las cosas, fue un hombre de Allah, un buscador, escritor y profesor de fama internacional. Fue alcalde auxiliar y miembro de la Asamblea Legislativa, ya que creía en el servicio a la gente y en las políticas moralizantes para el bienestar del hombre.

Sheykh Abdoulaye perteneció a la Orden Sufí Muridiyya siendo discípulo del gran Santo Mauritano Deymani Sheykh Sidy Ahmed Ibn Ismouhu, quien fuera uno de los primeros discípulos de Sheykh Ahmadou Bamba, de los que hablaremos más adelante.

Como Maestro espiritual sufí de la Muridiyya, Sheykh Abdoulaye ha viajado a través del mundo llevando el mensaje de la Verdad, el Amor y la Paz a la gente de todos los credos. Fue miembro de la organización “Islam y Occidente” y un firme creyente del diálogo interreligioso que promueve la construcción de puentes de tolerancia y armonía entre las personas.

Difundió las semillas de Khidmatul Khadim, la escuela de la Paz y el Servicio de la que hablaremos más adelante, en los “daraas” o centros de aprendizaje que fundó en las Islas Reunión y Mauricio, en Inglaterra, Francia, Sudáfrica, Italia, EEUU y la India. Viejos y jóvenes son entrenados para descubrir su ser interior encontrando la armonía entre lo espiritual y lo temporal, y así servir de agentes de paz para la humanidad.

Sheykh Abdoulaye sentó las bases de la organización humanitaria “Humanitarismo para la Familia del Tercer Mundo”, que tiene como objetivo restaurar la dignidad humana en el mundo. Los miembros de esta organización permanecen activos en el brindar consuelo a los más desfavorecidos y en la implementación de planes sociales para el bienestar de las personas necesitadas en diferentes partes del mundo mediante la potenciación de las comunidades para que desempeñen un papel activo en la conformación de sus futuros.

Todas las acciones de Sheykh Abdoulaye fueron guiadas por el Amor a la Humanidad y se esforzó en sembrar el amor y la compasión en los corazones de los hombres. Para él, la verdadera religión es la religión del Amor. Concebía a todos los hombres como flores en el jardín de Allah que deben ser nutridos con amor y misericordia. Cada uno de nosotros tiene el potencial para ser un Ser de Paz y un forjador de Paz luego de redescubrir el tesoro en nuestro ser más interior.

El concepto de Khidmatul Khadim está íntimamente asociado con las enseñanzas fundamentales de Sheykh Ahmadou Bamba. Para un mejor entendimiento del mismo ofrecemos el siguiente resumen:

·        La No-Violencia de Sheykh Ahmadou Bamba.

El Sheykh Ahmadou Bamba fue el fundador de la Tariqa Sufí Muridiyya y la escuela espiritual Khidmatul Khadim, la Escuela de la Paz y el Servicio. El pensamiento y la acción de este eminente santo sufí de Senegal son un testimonio de que su vida fue y seguirá siendo una bendición y una misericordia de Allah para toda la humanidad.

Sheykh Ahmadou Bamba tuvo un ideal: llevar la esencia del mensaje profético a la humanidad y revivirlo en su contexto y época mediante la creación de un modelo de sociedad basado en la paz donde fuera posible para todo ser humano vivir en paz y armonía con sus vecinos y con el Creador del universo, independientemente de toda diferencia.

Puede verse que el pensamiento y la acción de Sheykh Ahmadou Bamba constan de varias etapas características que representan los pre-requisitos para la elaboración de un agente de paz y servicio en la sociedad.

·        Elección, Libertad, Amor

El Sheykh llevó a cabo la elección del amor desde muy temprana edad. De hecho, desde su más tierna infancia renunció a los asuntos mundanos y se comprometió en la búsqueda del Amor Divino. A la muerte de su padre se le ofreció el puesto de concejero del magnate local, pero declinó la oferta ya que se encontraba comprometido con un ideal de servicio para toda la humanidad independientemente de las diferencias. Para él, el servicio a la humanidad fue la mejor expresión del amor a Allah.

·        Servicio a la Humanidad: el Concepto de Khidma

El pensamiento de Sheykh Ahmadou Bamba se inspira en el concepto de Khidma o servicio a la humanidad entera. Sheykh Ahmadou Bamba ofreció a la humanidad la posibilidad de redescubrir y armonizar con su ser interior a fin de vivir plenamente las dimensiones del Amor Divino a través de la siguiente tradición profética (dicho del Mensajero de Allah-asws-): “La humanidad constituye una única familia que está a cargo de Allah Todopoderoso. El más amado de Allah es quien es más útil para esta familia.”

·        El enfoque de Sheykh Ahmadou Bamba: La construcción de una Sociedad equitativa orientada a la Paz

Con el fin de actualizar su enfoque de la No-Violencia, Sheykh Ahmadou Bamba, contra toda desigualdad, se esforzó en la construcción de un modelo social equitativo orientado hacia la paz. Este modelo, donde el ser humano ocupa el lugar central, ofrece las condiciones para el desarrollo del hombre en todos los niveles para que pueda vivir de acuerdo a su potencial y asumir plenamente su rol de representante de Allah sobre la tierra.

Este modelo está ilustrado por Touba, la Ciudad de Paz, reconocida en 1996 por la División de los Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas como la Ciudad Modelo de la Paz. Este modelo social es el que satisface los siguientes cuatro requisitos esenciales: vestimenta, vivienda, alimentación, paz.

La realización de este modelo sólo fue posible gracias al compromiso de Sheykh Ahmadou Bamba con un ideal de servicio a la humanidad, ideal que él eligió en total libertad y amor, y al que se abocó en todo momento, a pesar de toda la adversidad y la oposición con la que se enfrentó en su tiempo. Los esfuerzos realizados por Sheykh Ahmadou Bamba siempre se basaron en la Acción orientada hacia la paz y el servicio. Nunca fue en Reacción a las condiciones que prevalecían en ese momento bajo el dominio colonial.

·        La Ley de Transformación: un requisito previo para la elaboración de un ciudadano global pacífico y servicial

El encuentro de Sheykh Ahmadou Bamba con los colonizadores franceses ilustra cómo las condiciones peligrosas a las que fue sometido por la autoridad colonial fortalecieron su ideal y le permitieron encarnar los más elevados grados de paciencia, tolerancia, amor, compasión y absoluta confianza en Allah Todopoderoso. Sheykh Ahmadou Bamba nunca excluyó a nadie de su acción, sino que concilió con todo el mundo, seguidores y opositores, en la realización de su ideal. Aunque los colonizadores lo percibieron como una amenaza, Sheykh Ahmadou Bamba no tuvo ni enemigos ni amigos. Para él todos fueron instrumentos en la realización del Proyecto Divino y por esto creía que la diferencia era una necesidad de vida. Hoy en día este mismo enfoque constituye el camino a seguir para todos aquellos que buscan establecer una paz duradera y servir a la humanidad.

Khidmatul Khadim, la Escuela de la Paz y el Servicio, se compromete a promover este enfoque a fin de establecer una paz duradera en la sociedad moderna y promover el servicio a la humanidad.

Traducido del inglés de: www.cheikhahmadoubamba-nonviolence.com

Sabiduría Naqhbandi: Justicia de los Cielos

Maulana Sheykh Nazim al-Haqqani

Bismillahi Rahmani Rahim


“Para paz y bendiciones necesitamos Justicia de los Cielos, no la justicia de los gobiernos.”

La justicia es el pilar principal de la sociedad…como una carpa que no puede sostenerse sin el poste principal, la vida de la humanidad no puede existir sin la justicia. Si perdemos la justicia, toda buena característica que se nos ha dado se perderá. Por esto es tan esencial mantener viva la justicia. Si matamos la justicia, toda bondad que Allah ha dado a la humanidad se perderá.

Durante este siglo he viajado a través del mundo y estoy observando que la vida de la humanidad se está tornando cada vez más y más difícil. La crisis aumenta, y así es el sufrimiento de las personas. Algunos quieren reducir esto a una crisis económica, pero ese no es el punto. La gente nunca ha tenido tanta riqueza como en este momento…pero hacer que la gente crea que la crisis es económica forma parte del plan para mostrarles la dirección incorrecta; hay algunos grupos de demonios secretos que quieren engañar a naciones enteras. Lo están consiguiendo al poner anteojeras en sus ojos y haciendo que sólo se concentren en la situación económica. Esta es una gran mentira. La razón real de la crisis es que no hay justicia entre las personas.

Eso está causando el problema. El balance de la justicia real se ha perdido por lo que todo está al revés. Nunca pienses que la justicia real puede ser un producto de la mente: todo lo que nuestras mentes producen para lograr justicia sólo causara mucho más problema…las reglas reales de justicia sólo pueden provenir de los Cielos. Sólo el Señor de los Cielos puede ser perfectamente suficiente para dar justicia a sus siervos. No hay comparación entre las reglas de Allah y las de nuestras producciones mentales. Esas reglas se han perdido; los cristianos las perdieron, los judíos las perdieron…aún los Musulmanes las han perdido si bien Allah les ha dado pruebas y tesoros sin fin…ahora están en problemas más profundos que el mundo occidental porque no hay justicia. ¡No están utilizando las reglas del Cielo! Los europeos aún no pueden reconocer que Muhammad (asws) ha sido enviado por el Señor de los Cielos como Profeta. Ellos miran hacia Venus sin poder ver la Luna. ¡Hay tantos profetas en el Antiguo Testamento que han sido todos reconocidos, pero aquel que es el más cercano a nuestro tiempo, y que es aceptado por casi 2 billones de personas alrededor del mundo, no! ¡Qué insensatez!

A todos se les deben dar sus derechos; Allah le ha dado derechos a todos, nadie debe ser perjudicado…Quien perjudica debe ser quitado. La democracia permite a todos vivir libremente, cada demonio puede hacer lo que quiera. Si lo hacen, son atrapados, puestos en un hotel con desayuno, almuerzo y hasta merienda, ¿esto es justicia? Es como tomar un lobo que ha matado a un hombre, enjaularlo, alimentarlo durante un año y luego decir que se ha convertido en un buen lobo…lo pondrás en libertad, ¡y correrá afuera para matar al próximo! Lo pondrás en la jaula por segunda vez, esta vez por dos años, y probablemente digas que necesita compañía, por lo tanto, también le das una esposa. Luego de dos años se les permite salir y continuar la matanza…¿esto es justicia? ¡Ese es el principal problema! ¡Los demonios deben ser quitados de la comunidad! En tanto que la gente sea engañada por los demonios no puede haber paz sobre la tierra. ¡La gente debe pedir por justicia real!

El judaísmo ya no tiene más poder aun cuando todos los productos mentales de la justicia fueron traídos por ellos: todos los ismos fueron traídos por los judíos, y, aunque ninguno pudo pensar que podría…¡fallaron! Por esto ellos también están pidiendo para que llegue el Mesías, porque también están hartos. Intentaron con todos los ismos que pudieron: capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo…

Los cristianos que también están siguiendo esos ismos están hartos y quieren que Jesús retorne. Solo los Musulmanes parecen pensar que son tan importantes como para arreglar todo, pero…¡no están haciendo nada! Es importante para toda persona que pertenezca a la familia humana pedir por justicia real; esto no puede ser alcanzado bajo el gobierno de los parlamentos: los partidos pueden hacer nuevos programas de justicia pero ¡no los llevará a ningún lado!...Todos se deben someter a las Escalas de la Justicia de los Cielos, entonces obtendrán justicia. Hasta hoy hemos intentado de todo…este siglo ahora está terminando; no creo que el siglo 21 sea capaz de soportar tales personas. Ellos han de irse. Esperamos que sólo los elegidos que son puros en sus corazones, mentes, trabajos y caracteres, que son confiables, sean parte del siglo 21. Debes pedir por gente sincera, confiable y pura. Si no será imposible para cualquiera alcanzar el siglo 21. De acuerdo al Conocimiento Tradicional este es el último siglo para la humanidad que vive sobre este planeta. El Día de la Resurrección será en el siglo 21. ¡Quiera Allah concedernos buen entendimiento, que es lo que necesitamos! Que Sus Bendiciones alcancen a Sus siervos…

A la gente se la ha engañado de la peor manera al decirles que han sido salvados de las manos de los reyes (cayendo en las garras de la demoníaca democracia). Ahora las personas piensan que se les ha dado la libertad de gobernarse a sí mismas… ¡pero eso es mentira! No hay poder en nuestras manos. En el siglo 19 había una persona en el poder donde hoy hay 1000…una vez hubo un pastor, ahora hay mil… la gente está en la misma posición, sólo la cabeza ha sido cambiada.

Allah ha dado inteligencia a los europeos, les ha dado una capacidad grandiosa de pensamiento, aprendizaje y acción. Mi consejo para ti es para que también conozcas esta realidad: no estás bajo el control de un rey, sino que hay mil que te dirigen… aquí, en Alemania, en Francia, en Italia… en todos lados están mintiendo y los sufrimientos aumentarán hasta que ellos se retiren y Allah envíe alguno de Sus siervos sinceros para establecer justicia… necesitamos Justicia de los Cielos, no la justicia de esa gente que dice una cosa y hace lo opuesto: ¡ellos son crueles opresores! De acuerdo al Conocimiento Tradicional éste es el tiempo de los tiranos; todos esos gobiernos son opresores, ¡quiera Allah quitarlos y no dejar ni siquiera uno sólo de ellos! ¡Quiera Allah enviarnos un Sultán para todas las naciones para establecer el Reino de los Cielos y destruir el reino de sheytán! Ustedes deben intentar ayudar siendo soportes del Reino Divino, no del reino satánico… ¡Quiera Allah enviar a uno de Sus siervos para llevar a la gente de la oscuridad hacia la luz, de la ignorancia hacia el conocimiento real, de la desobediencia a la obediencia, de la esclavitud al servicio de Allah…! Quiera Él quitarlos del sufrimiento hacia una vida pacífica. Amín.

domingo, 19 de febrero de 2012

La Sombra del Mundo

Sheykh Abdul Kerim Effendi

Bismillahi Rahmani Rahim

Una mañana el Sagrado Profeta (asws) salió con sus Sahabas, y les dijo: “Den la espalda al sol.” Así lo hicieron. Les dijo: “¿Ven sus sombras frente a ustedes?” Dijeron: “Si, Rasulullah” Dijo: “Ahora corran tras sus sombras para atraparlas. Mientras no les diga que se detengan, no lo dejen de hacer.” Por esto el Sagrado Profeta (asws) decía acerca de los Sahaba-e-Kiram: “Si ellos los vieran a ustedes, los llamarían locos. Si ustedes los vieran a ellos, no podrían llamarlos creyentes.” Por “ellos” se refería a nosotros. Y los Sahaba-e-Kiram nunca lo cuestionaron diciendo: “¿Cómo vamos a atrapar nuestras sombras?” Las personas de hoy en día, todos, se apresuran con sus bocas para hablar sinsentidos. Los Sahaba-e-Kiram sabían que el Sagrado Profeta (asws) decía algo y que tras ello había Hikmat (sabiduría). Sólo debían seguirlo para ver que había tras ello. También sabían que no iban a atrapar sus sombras.

Empezaron a correr tras sus sombras. Algún tiempo después les dijo: “Deténganse” Se detuvieron. Les dijo: “Ahora vuelvan sus rostros a mí” Cuando volvieron sus rostros, sus sombras quedaron detrás. Les dijo: “Ahora, corran hacia mí” Cuando llegaron a él, dijo: “Así, como ustedes vienen a mí, yo los llevo hacia Allah. Si corren tras el mundo es como si corriesen tras sus sombras: la sombra siempre se alejará de ustedes. En cambio, si corren hacia Allah, la sombra siempre correrá tras ustedes. El mundo correrá tras ustedes.”
Nuestro Amado Maestro Sheykh Effendi

sábado, 18 de febrero de 2012

El Vacío en el Arte Islámico

Ibrahim Izz ud-Din (Titus Burckhardt)


Bismillahi Rahmani Rahim

La prohibición de la imagen, en el Islam, se limita a la imagen de la divinidad; ella se sitúa en la perspectiva del Decálogo, o más exactamente del monoteísmo abrahámico que el Islam renueva. Este monoteísmo se opone directamente al politeísmo idólatra (1), de manera tal que la imagen plástica de la divinidad se presenta, según una dialéctica a la vez histórica y divina, como la marca del error que asocia lo relativo a lo absoluto, lo creado a lo no creado, sometiendo lo primero a lo segundo.

La negación del ídolo, o mejor dicho su destrucción, es la traducción concreta del testimonio fundamental del Islam. La fórmula “lá ilaha illa-Llah” (no hay otra divinidad que Dios), domina todo y consume todo a la manera de un fuego purificador. La negación del ídolo, efectiva o virtual, tiende a generalizarse: es así como se evita representar a los enviados divinos, rusul, a los profetas, anbiya, a los santos, awliya, no sólo porque sus imágenes podrían convertirse en el objeto de un culto idólatra, sino también por respeto a lo inimitable que hay en ellos. Ellos son los vice-regentes de Dios en la tierra y es por ellos que la naturaleza teomorfa del hombre se vuelve manifiesta; pero este teomorfismo es un secreto cuya aparición en el mundo corporal sigue siendo incomprensible. La imagen inanimada y estereotipada del hombre divino no sería más que una envoltura, un error, un ídolo. Incluso en el medio sunita árabe, se retrocede frente a la representación de cualquier ser vivo por respeto al secreto divino contenido en su creación (2).

Y si la prohibición de la imagen no es tan general en otros grupos étnicos, no es menos observada por todos aquellos que forman parte del cuadro litúrgico del Islam: el aniconismo (3) es en cierta forma coextensivo de lo sagrado, siendo uno de los fundamentos, si no el fundamento del arte sagrado del Islam. Esto puede parecer paradojal, ya que el fundamento de un arte sagrado es el simbolismo; en una religión que se expresa con símbolos antropomorfos, el rechazo a la imagen parece socavar la raíz de cualquier arte visual de carácter sagrado. Sin embargo, es necesario tener en cuenta todo un juego de compensaciones sutiles y principalmente esto: un arte sagrado no está hecho necesariamente de imágenes, incluso puede ser sólo la exteriorización existencial, por decirlo así, de un estado contemplativo y en ese caso, no reflejará ideas pero transformará cualitativamente el ambiente, integrando un equilibrio espiritual cuyo centro de gravedad es lo invisible.

Esta es la naturaleza del arte islámico: su objeto es ante todo el ambiente del hombre – de aquí el rol predominante de la arquitectura – y su calidad es esencialmente contemplativa. El aniconismo no aminora esta cualidad, muy por el contrario, ya que excluye toda imagen que invite al hombre a fijar su mente sobre cualquier cosa fuera de sí mismo, de proyectar su alma en una forma individualizante. En cambio, él crea un vacío. Desde este punto de vista, la función del arte islámico es análoga a la naturaleza virgen, en especial el desierto, que favorece igualmente la contemplación; aunque desde otro punto de vista, el orden creado por el arte se opone al caos de la naturaleza desértica.

El ornamento sobre la base de formas abstractas, desarrollado tan ricamente en el arte del Islam, no está allí para llenar este vacío. Su ritmo continuo o su carácter de tejido sin fin, en lugar de captar el espíritu y de conducirlo hacia algún mundo imaginario, disuelve las coagulaciones mentales, tal como la contemplación de un curso de agua, o de una llama o de un follaje agitado por el viento puede apartar a la consciencia de sus ídolos interiores.

La ornamentación islámica presenta dos formas principales, la del arabesco compuesto de formas sinuosas y espiraloides, más o menos similares a motivos vegetales, y el almocárabe geométrico. La primera es todo ritmo, fluidez y melodía continua, mientras que la segunda es de naturaleza cristalina: la irradiación de las líneas a partir de múltiples centros geométricos recuerda a copos de nieve o el hielo, y da la impresión de calma y de frescura. Es en el arte maghrebin que estas dos formas ornamentales aparecen en toda su pureza.

La ornamentación, por más rica que sea, no destruye jamás la simplicidad o la sobriedad del conjunto arquitectónico; esta es al menos la regla observada en todas las épocas y en todos los medios no decadentes. De un modo general, el conjunto arquitectónico manifiesta el equilibrio, la calma y la serenidad.

Mientras que el interior de una basílica románica progresa en dirección al altar, y el presbiterio de una iglesia gótica tiende hacia lo alto, el interior de una mezquita no contiene ningún elemento dinámico. Sea cual sea su tipo de construcción, desde las mezquitas primitivas de techo horizontal sobre pilares hasta las mezquitas turcas con cúpulas, el espacio está siempre ordenado en forma tal que reposa enteramente sobre sí mismo. No hay una extensión que espera ser recorrida; su vacío es como el molde o la matriz de una plenitud inmóvil e indiferenciada.

Los arquitectos turcos como Sinan, que han retomado el tema constructivo de Santa Sofía para desarrollarlo en un sentido típicamente islámico, han buscado una síntesis perfectamente estática y plenamente inteligible de sus dos grandes formas complementarias: el hemisferio de la cúpula y el cubo de la construcción. Ellos lo lograron de varias maneras que sería largo de exponer, basta mencionar un detalle arquitectónico que caracteriza su concepción del espacio. Sabemos que las cúpulas bizantinas – así como las cúpulas románicas – se apoyan sobre pechinas que prolongan vagamente su curva y reúnen, deslizándose, los cuatro ángulos de los muros de soporte.

Este paso algo irracional entre la base circular de la cúpula y el cuadrado de los soportes, se trata de evitar en la arquitectura turca. Esta remplazará los colgantes por un elemento netamente articulado, llamado “muqarnas” en árabe, comparado a menudo con estalactitas, aunque se trata más exactamente de un alveólo de nichos que se entrelazan los unos a los otros. Por su juego geométrico, el paso de la forma continua y fluida de la cúpula a la forma rectangular y sólida de los muros de soporte, aparece como una cristalización gradual. El cubo de la construcción se coagula a partir de la unidad indiferenciada de la cúpula. Ya que esta última representa siempre el cielo, es el movimiento continuo de la esfera celeste que se presenta.

Esta concepción arquitectónica es típica en el Islam y ella se encuentra muy alejada de la concepción greco romana. Esta es siempre más o menos antropomorfa en el sentido de que invita al espectador a participar subjetivamente en el drama de las fuerzas constructivas; la columna clásica hecha a la medida del hombre, así como el arquitrabe, las consolas y las cornisas, hacen sentir las cargas y las fuerzas que la sostienen. En la arquitectura románica y gótica este drama es traspasado al orden espiritual; las columnas de una catedral gótica están animadas por una irresistible voluntad de ascensión. Nada de esto pasa en la arquitectura musulmana que permanece objetiva.

Este vacío que crea el arte islámico por su calidad estática, impersonal, anónima, y sobre todo por la ausencia de cualquier imagen antropomorfa, permite al hombre ser enteramente él mismo, reposar en su centro ontológico, donde es a la vez el esclavo de Dios y su representante en la tierra. Por cierto, la imagen sagrada es a su vez un soporte de contemplación, allí donde su empleo se impone por la naturaleza de la doctrina (4) y a condición de que su simbolismo y su lenguaje formal estén garantizados por la tradición. Pero el arte religioso de formas antropomorfas es de naturaleza eminentemente precaria, a causa de las tendencias psíquicas individuales y colectivas que se deslizan allí muy fácilmente con el riesgo de conducirlo en una evolución naturalista con las reacciones ya conocidas. El Islam corta de raíz este problema excluyendo de su cuadro litúrgico cualquier imagen del hombre. Por lo mismo, mantiene en cierta forma en un plano espiritual y superior, la posición del hombre nómade no implicado en la evolución turbulenta de un mundo hecho completamente de proyecciones mentales y de reacciones frente a estas proyecciones.

El aniconismo del arte islámico contiene en suma dos aspectos: por una parte, preserva la dignidad primordial del hombre, cuya forma hecha “a imagen y semejanza de Dios” (5) no será ni imitada ni usurpada por una obra de arte, necesariamente limitada y unilateral; por otra parte, nada que pudiera ser un ídolo, aunque lo fuera de una manera relativa y provisoria, debe interponerse entre el hombre y la invisible presencia de Dios. Lo que prima es el testimonio de que “no hay divinidad fuera de Dios”. Esto disuelve cualquier objetivación de lo divino incluso antes de que pudiera producirse.

Notas

(1) No es más que un pleonasmo el hablar de “politeísmo idólatra”, así como lo muestra el Hinduismo que es politeísta pero en modo alguno idólatra, ya que reconoce a la vez la naturaleza provisoria y simbólica de los ídolos y la relatividad de los “dioses”, devas, como aspectos de los Absoluto. Los esotéricos musulmanes, los Sufíes, comparan los ídolos con los nombres divinos, de los cuales los paganos habrían olvidado el significado.

(2) Según una palabra del Profeta, los artistas que buscan imitar la obra del Creador serán condenados, en el más allá, a dar vida a sus obras, y su impotencia de hacerlo los conducirá a los peores tormentos. Esto puede ser comprendido de diferentes maneras, pero de hecho, no ha impedido el nacimiento, en ciertos medios musulmanes, de un arte figurativo libre de pretensiones naturalistas.

(3) El aniconismo puede tener un carácter espiritualmente positivo, mientras que la iconoclasia sólo tiene un sentido negativo.

(4) Como en el Cristianismo donde “Dios se hizo hombre para que el hombre se vuelva Dios”, según la fórmula de San Ireneo.

(5) Según una palabra del Profeta, “Dios creó a Adán a Su forma”. Desde el punto de vista islámico, la forma divina de Adán está constituida esencialmente por las siete facultades universales, atribuidas igualmente a Dios, éstas son: la vida, el conocimiento, la voluntad, el poder, el oído, la vista y la palabra; ellas están limitadas en el hombre pero no así en Dios.

Vínculo relacionado: Generalidades sobre el Arte Islámico

viernes, 17 de febrero de 2012

Instrumentos Sagrados: el Djembé

Bismillahi Rahmani Rahim

"El redoble de los tam-tams (djembes), semejante al trueno del cielo, manifiesta la voz de la Divinidad; por su naturaleza y su origen sagrado es un «recuerdo de Dios», una «invocación» del Poder a la vez creador y destructor, luego también liberador, en la que el arte humano canaliza la manifestación divina, y en la que el hombre participa igualmente con la danza; así, participa en ella «con todo su ser», a fin de recuperar la fluidez celestial a través de las «vibraciones analógicas» entre la materia y el Espíritu. El tambor es el altar, el redoble indica el «descenso» de Dios, y la danza la «ascensión» del hombre." (Frithjof Schuon, “Castas y Razas”)

La Ciencia Sagrada del Ritmo ha sido siempre consubstancial al espíritu del hombre y a su integración en el movimiento armónico de la Creación como manifestación de la Divina Voluntad. En África, particularmente, la Ciencia del Ritmo se ha desarrollado como prolongación de la naturaleza interior del hombre, siendo reproducida por instrumentos de percusión que constituyen la herramienta esencial de comunicación entre el ámbito terrestre y el ámbito celeste. Una antigua Tradición cuenta que el primer hombre, Adam, entre el Conocimiento recibido desde la Divina Realidad, también recibió la enseñanza de la reproducción rítmica mediante la utilización del tambor, con la cual integrarse al equilibrio del movimiento universal: el Ritmo como alabanza, reconocimiento y recuerdo de su Todopoderoso Creador.
Compartimos un video de una agrupación de Djembés Baye Fall de Senegal.



jueves, 16 de febrero de 2012

El Califato Otomano y la cuestión Palestina

-por Hayy Abdalhasib Castiñeira

Bismillahi Rahmani Rahim

El gobierno justo de los musulmanes y la organización social según el modelo profético pasó a los turcos desde la conquista de Estambul en 1457 y ha permanecido con ellos hasta la entrega del Califato en 1909, al ser depuesto Sultán Abdulhamid II, que Allah esté satisfecho con él.

La autoridad islámica está desde entonces en suspenso a la espera de que alguien, en algún punto de la tierra, vuelva a tomar los sellos del Califato entregados por Sultán Abdulhamid II y restaure el grandioso legado de una sociedad donde el Din sea restablecido en su totalidad.

Los Otomanos tenían tres principios, tres metas como civilización: Din, Daulet, Rakyat; la salvaguarda del Din, el gobierno justo y el bien del pueblo. Qué admirable civilización. Qué espléndida la sociedad civil de los Otomanos y qué triste y mezquino el ulterior devenir de las naciones surgidas por la traición contra el Califa de los musulmanes por la intriga de los conspiradores colonialistas.

La grandeza y enorme poderío de los Otomanos, tenía su fundamento en el complejo y perfecto orden social, la defensa vigorosa del Din del Islam ante los ataques de los enemigos, fueran quienes fueran, y el estricto sentido de la justicia de los Califas Otomanos. Estas nobles cualidades se desvanecieron con la caída de los Osmanli y con ellas la fuerza imponente de una era gloriosa de poder islámico.

Palestina fue entregada a los judíos, que empezaron su emigración masiva inmediatamente después de la disolución del Califato en Estambul.

Su reclamación de la mítica tierra prometida no tenía, ni tiene, ningún fundamento histórico, pues 700 años antes de la conquista de Jerusalén por Umar Ibn Al Jattab, que Allah esté complacido con él, ocurrida en el año 15 de la Hégira (año 636 de la era cristiana) la presencia de los judíos en Palestina ya era minoritaria; y el Sham había sido sucesivamente Griego y después Romano. Jesús de Nazaret, Isa Ibn Maryam, la Paz con él, nació y vivió en una provincia romana, cuyo gobernador era Poncio Pilato.                                              

El ‘Emir al-Muminin’, Umar Ibn Al Jattab, que Allah esté satisfecho con él, recibió las llaves de la ciudad de Jerusalén de manos de Sifronius, el patricio romano de Jerusalén.

Con el poder en manos de los Sultanes Otomanos de Estambul y especialmente con el último de ellos, Abdulhamid II, que Allah esté satisfecho con él, cualquier trato con los sionistas y cualquier maniobra para arrebatar la tierra de Palestina a los musulmanes era imposible.

La tierra que Allah menciona en Su Libro como “La tierra que hemos bendecido” y la Mezquita, primera Qibla de los musulmanes, y nombrada por el Creador como Masyid Al-Aqsa en el Corán, en la cual tuvo lugar el Isra' y el Miray (la Ascensión a los cielos y el Viaje Nocturno), en cuya explanada rezó el Sello y Último de todos los Mensajeros de Allah, Paz y bendiciones de Allah con él, como Imam dirigiendo el Salat de todos ellos; en cuyos cielos se ordenó a los hombres la obligación de la Oración cinco veces al día. Ésa tierra que fue declarada Waqf (fundación benéfica, inalienable hasta el fin de los días) desde el mar hasta el río y por lo tanto inviolable e innegociable, jamás hubiera sido entregada por los Sultanes musulmanes de Estambul que la gobernaron y la defendieron durante cinco siglos.

Todos los países árabes modernos, con la única excepción de Marruecos, que restableció tras el paréntesis colonial sus ancestrales instituciones islámicas y su antigua monarquía han surgido, o bien de la rebelión contra el Califa, o bien de la intriga, desde dentro, de agentes subversivos de las potencias coloniales.

La traición al Califato fue minuciosamente orquestada por las potencias europeas de la época, por Gran Bretaña principalmente, con Lawrence de Arabia a la cabeza de los desleales beduinos del Najd.

La intriga y la subversión de todos los valores e instituciones del Islam comenzó en los albores del siglo XX dJ. por una nueva casta, deslumbrada por Europa, infiltrada en todos los centros intelectuales y de influencia política y religiosa del mundo árabe. En Egipto primero, después en Turquía, en Túnez, en Iraq, en Siria y en Líbano.

El desmembramiento del poder Otomano dió lugar a la más patética serie de reinos, repúblicas y dictaduras que se haya visto en la historia; regímenes laicos que han traído sufrimiento y humillación a los musulmanes, y han sido serviles, sin excepción, a los intereses económicos (usureros) de las instituciones financieras occidentales.

Los Sultanes Otomanos, incluso en su período de mayor decadencia, durante el “Tanzimat”, ostentaban el fundamento del auténtico poder musulmán en la Tierra; y sus cimientos eran legítimos. Desde el comienzo mismo de la expansión Otomana, los Emires eran conscientes de que ellos eran la punta de lanza del Islam, y sabían que la responsabilidad del Califato recaía naturalmente sobre sus hombros.

Cuando Murad I, que Allah esté complacido con él, el tercer Sultán Otomano (que gobernó desde 1362 hasta 1389 dJ., año de su muerte como shahid en la batalla de Kosovo) estableció su capital en Bursa dió a ésta ciudad el título de “Dar al Jilafah”, Sede del Califato. No obstante, el Sultán Yavuz Selim, fué quién al conquistar Egipto a los Mamelucos en el año 1517 dJ., regresó a Estambul por barco con las “Amanaat al Muqadasaat” (La espada y el manto del Profeta Muhammad, Paz y bendiciones de Allah con él, y otras reliquias) que aún se conservan en el Palacio Topkapi de Estambul y recibió formal y legítimamente, el título de ‘Califa de Rasulullah’ (Representante del Mensajero de Allah) título que ostentaron todos y cada uno de los Sultanes Otomanos, recibido de sus antecesores de mano en mano, hasta Abdul Hamid II.-

Qué Allah les recompense a todos y a cada uno de ellos por cada Mezquita y cada Madrasa, por cada fuente que brindaba agua al viandante, y por cada Imaret que ofrecía comida y hospedaje gratuito a los viajeros y a los indigentes; por cada hospital con atención médica y medicamentos gratuitos para todos; por sus Caravanserai esparcidos por todas las rutas comerciales, que daban cobijo a los mercaderes, a sus bestias de carga y a sus mercancías, proporcionándoles escalas cada noche, con hospedaje y alimentación gratuita durante tres días y servicios tan útiles como zapatos nuevos para los comerciantes pobres, que los traían destrozados por el viaje. Por cada hospital para enfermos mentales, donde eran curados mediante la audición de música interpretada por orquestas con melodías y tonos adecuados a cada dolencia (musicoterapia); por cada batalla en la tierra y en el mar para proteger a los musulmanes de cualquier región, no sólo a los turcos, ante cualquier agresión o amenaza. Por cada Kulliyah construida en torno a las Mezquitas, que incluía un Hammam (baños), escuela, orfanato, Zawiyyah para los Sufis, hospital, comedor, biblioteca y, muchas veces, escuela coránica y escuela de Hadiz; fundaciones benéficas todas ellas sufragadas por diferentes Awqaf y sin cargo para los beneficiarios, que formaban un entramado de asistencia social que cubría todas las esferas de la vida, favoreciendo la educación, el comercio, la salud y el bienestar de todos los ciudadanos, musulmanes y no musulmanes.

¡Qué Allah les bendiga y restablezca esta generosidad y ésa grandeza por mano de una autoridad poderosa que levante la bandera del Islam!

Qué contraste tan desalentador el de los estados árabes actuales comparados con la sociedad Otomana. El poder alcanzado por medio de la traición y la rebeldía en contra del Califa de los musulmanes carecía de legitimidad islámica y, consecuentemente, no contaba ni cuenta con la báraka ni con la protección divinas, por muchas súplicas y plegarias que se alcen al cielo, lo que explica las calamidades sucesivas que aún sufren las naciones desmembradas de la Umma del Islam.

La emigración forzosa de más de cinco millones de palestinos expulsados de su tierra, la guerra de los siete días en 1967, las matanzas de Sabra y Chatila en Líbano, la masacre continuada de la población civil en Palestina, las matanzas de Homs y Hama, la devastadora guerra entre Irán e Iraq, instigada desde Washington, la entrada de las tropas americanas en la península arábiga -y su estacionamiento permanente en ella-, y en los últimos años del siglo XX dJ. las bandas de terroristas criminales con apelativo de “islámico”, que son entrenadas ideológicamente en Saudi-América y financiadas económicamente con el dinero de los petrodólares; son sólo algunas de las desgracias que han arrasado, como una calamidad natural, a los musulmanes en el breve periodo transcurrido desde la supresión del Califato Islámico de Estambul.

Lo ocurrido en Europa en Bosnia, Kosovo y Chechenia, no hubiera podido ocurrir con un poder islámico fuerte en Estambul.

La única respuesta de los líderes árabes a estos crímenes horrendos es convocar una reunión urgente, varias semanas -y a veces meses- después del hecho, cuando ya no sirve para nada, y a su conclusión emitir una declaración conjunta pidiendo a las instituciones y a la entelequia denominada “Comunidad Internacional” que intervenga para parar tanta barbarie, cuando sabemos perfectamente que es esa misma “Comunidad Internacional” quien la tolera y es, en gran medida, responsable de la situación. Después vuelven a sus palacios y despachos, hasta la próxima, manteniendo con ello una actitud cobarde y de despreciable hipocresía.

En la península árabe de los saudís, la sumisión mansa y servil a los EE.UU. y a Gran Bretaña ha creado un modelo de sociedad de castas donde el ejecutivo europeo y americano disfruta de todos los derechos, libertades y privilegios; el trabajador musulmán, árabe o asiático, vive en condiciones de libertad vigilada con ingresos míseros; y una élite de nativos, con la extensísima familia reinante a la cabeza, goza de los beneficios del petróleo, amasa fortunas desvergonzadas y es indulgente con un estilo de vida ostentoso, de indecoroso despilfarro.

De este modo han invertido completamente el noble y generoso modelo de la sociedad Otomana, heredera del modelo de justicia social de Umar Ibn Al Khattab y Umar Ibn AbdulAziz, que Allah esté complacido con ambos, que favorecía y protegía el bienestar de los musulmanes; sometía al impuesto de la Yiziah a los judíos y cristianos, brindándoles a cambio protección y liberándoles de las responsabilidades de la guerra. Donde el gobernante se mantenía en constante contacto con el pueblo y atento a sus necesidades y donde un cierto grado de austeridad y simplicidad reinaba en el entorno del Sultán.

Sultán AbdulHamid II, que Allah esté complacido con él, abandonó la decadente ostentación del Palacio rococó de Dolmabaçe a las orillas del Bósforo y se construyó su propia residencia en la colina de Yildiz, hecha en gran parte de madera pues él era carpintero.

Pero ya era demasiado tarde. El inexorable viento del Destino soplaba en contra y el ejemplo, radiante de integridad, de firmeza y de sabiduría que fue su vida, no pudo evitar el inminente cataclismo.

El modelo europeo de Nación-Estado, con su identidad histórica, su himno, su bandera y sus instituciones fabricadas apresuradamente de espaldas a la realidad histórica del Califato y de la realidad luminosa de la Sharia (la Ley Revelada), se propagó como un virus infeccioso, inyectado por los europeos, en todos los territorios del Islam.

El lamento y la queja no tienen ninguna función ni utilidad y no es el propósito de estas reflexiones una crítica, que por otra parte ya está de sobra formulada por todos -los propios árabes los primeros- dado que lamentarse y quejarse conduce a la impotencia y a la pasividad, por el contrario, es mi convicción que el amor y el respeto por los Califas Otomanos y el conocimiento de su historia -que ha llegado hasta el siglo XX dJ.- de su modo de gobierno y de sus muchos y admirables logros; y la defensa de su buen nombre contra quienes les difaman, es el camino que hará resurgir el deseo por el retorno del Califato y la inspiración que mostrará la forma para lograrlo. InshaAllah.