jueves, 19 de septiembre de 2013

Orgullosos del Islam


Bismillahi Rahmani Rahim

El Islam no se está levantando a causa de ti o de mí, a causa de siervos débiles como nosotros. Sino que el Islam aun se está levantando sobre los hombros de 124.000 Awliya Allah. Ellos lo están manteniendo. Cada uno de ellos puede solucionar todos estos problemas (en el mundo) instantáneamente. Pero ellos tienen modales apropiados. Están sentados y esperan, ya que todo hadiz que el Profeta (asws) ha dicho se tiene que cumplir. Por eso es que están sentados y esperando. Y nosotros estamos sentados y esperamos. Allah nos hace atravesar ciertas pruebas cada día que pasa. Cuando las pruebas suceden no pienses que te van a llegar anuncios sin parar diciéndote: 'Estamos haciendo pruebas'. Cosas sencillas están llegando como pruebas.

Esto ha sido dicho desde el tiempo del bendito Profeta (asws). Así que eso también nos es advertencia suficiente por mil cuatrocientos años. ¿Por qué crees que Allah y Su Profeta (asws) mencionan en el Qur'an y en los benditos Hadices las vidas de los Sahaba-e Kiram? ¿Por qué crees que nos hablan de todas las dificultades por las que atravesaron? ¿Piensas que sólo es para rellenar papel? ¿Para rellenar libros? Es para mostrarnos, para decirnos: "Observad, esto puede sucederle a ustedes. Y por eso deben tomar a ese (al Profeta) como ejemplo, ya que ahora ese es vuestro modelo de conducta. Debéis seguir los pasos de él si queréis entrar al Paraíso de aquellos (los Sahaba)".

Así que, alhamdulillah, sheytán está corriendo sin detenerse pero los Awliya Allah aún no se están moviendo. Ellos están sentados y esperan. Cuando llegue la orden, uno-dos-tres, el reino de sheytán que han construido va a caer. Los seres humanos lo han construido. Los seres humanos trabajan para ese reino. Todo el que trabaje para ese reino va a pagar el precio por ello. Está llegando el tiempo de pagar el precio. La puerta aún sigue abierta para que todos digan 'Astaghfirullah' y se vuelvan (del error). Aún está abierta. No importa lo que la persona ha hecho, aún está abierta. La puerta del perdón sigue abierta para que digas 'Astaghfirullah', vuelvas tu camino, pidas perdón por lo que has hecho mal y te sea quitado. Pero no. Sheytán insiste en declarar asociación con Allah y dice: 'No. Tú hiciste mal y yo voy a continuar haciendo esto'. Y todo el que corra junto a ese sheytán va a pagar el precio por hacerlo. Allah nos dice: "No los He creado para el fuego. Los He creado para el Paraíso. Ustedes pertenecen al Paraíso. Por esa razón los He creado. No corran tras sheytán. Su trabajo es llevarlos al infierno al que está entrando". Es fácil alejarse de eso. Volved vuestros rostros hacia Allah y Su Profeta (asws) y hallaréis seguridad.

El bendito Profeta (asws) dice: "En ese tiempo, en el Ajir Zaman, caminar en las calles se les hará muy difícil". Entonces le preguntaron: "Ya Rasulullah, ¿qué deberíamos hacer?". Dijo: "Quedaos en vuestros hogares. Reuníos en grupos pequeños y permaneced juntos". Y los Sahaba-e Kiram preguntaron: "Ya Rasulullah, ¿qué deberíamos hacer si también entran en nuestros hogares? ¿Qué deberíamos hacer si vienen a dañarnos, a matarnos o a hacernos algo malo?". El bendito Profeta (asws) dijo: "En vez de ser un asesino vuélvete un mártir". Mira y comprende las dificultades. El dice: "Si ellos entran a tu hogar y están preparados para dispararte, están a punto de matarte, y si el Takbir (de Mahdi) no ha sido dado, si el Califa no ha declarado la guerra contra la incredulidad, no deberías hacer nada". Dijo: "Sé como el hijo de Adam; uno mató al otro (Habil y Qabil). Uno se volvió asesino y el otro se volvió mártir. Sean como esos".

Así que, esto es Islam y deberían estar orgullosos de él. No hay nada de lo que estar orgullosos por ustedes mismos. No hay nada de ustedes mismos de lo que puedan decir: "Estoy orgulloso y soy superior". Pero deberíais estar orgullosos del Islam, y si alguien llega frente a ti, entonces deberías ser capaz de decir: 'Sí, soy Musulmán; sí, me estoy aferrando a esto'. No sean temblorosos como gallinas. Si van a temblar como gallinas entonces no tienen lugar junto a mí. Deben ir a otros Sheykhs. Deben ir a otros Imams que estén temblando también. Yo no temo a nada. No tenemos temor alguno excepto el temor de Allah. Estamos manteniendo elevado el Islam y vamos a mantenerlo elevado. Si estás en esto, entonces debes mantenerlo elevado.

Los creyentes deben ser inteligentes. Los creyentes deben utilizar la inteligencia que Allah les Ha dado. Deben utilizarla y deben mostrarla. Allah nos está observando para ver cómo somos y si estamos escapando o si andamos con vueltas. Eh, aun así (si te escapas o andas con vueltas) eres un creyente. Ellos no van a decir que no estás creyendo. Pero va a ser como ese Sahabi que atraparon los incrédulos. Atraparon un Sahabi y le dijeron: 'Di que renuncias al Islam o te pondremos en el fuego'. Él dijo: 'Hasta mi último aliento voy a decir Islam y Profeta'. Y lo arrojaron al fuego. Piensa, piensa. Había un gran fuego y todos, todos los oficiales de la ciudad de ese entonces estaban sosteniendo a ese hombre, su esposa estaba allí y su hijo estaba allí. Ellos decían: 'Renuncia o te pondremos en el fuego'. Y él dijo: 'Lo voy a mantener hasta mi último aliento'. Y lo arrojaron vivo al fuego. Luego tomaron a su esposa y dijeron: 'Tú has visto qué hemos hecho con tu esposo. Di que reniegas del Islam y de Muhammad o te pondremos en el fuego'. Ella dijo: 'Así lo hagáis o no, la muerte me llegará de todos modos. Así que de esta manera voy más rápido hacia mi Señor'. Ellos la arrojaron al fuego y el chico estaba mirando. El chico tenía vuestra edad. Cerca de los veinte. Lo sujetaron y dijeron: 'Dilo o tú has visto lo que sucedió con tu madre y tu padre. También te haremos lo mismo'. El chico empezó a temblar y dijo: 'Reniego'.

Así que lo dejaron pero en su corazón no se sentía cómodo. Corrió y fue hacia el Profeta (asws) diciendo: 'Ya Rasulullah, esto ha sucedido. Esto es lo que han hecho y yo tuve tanto miedo que les dije de que había renunciado, pero ahora no encuentro paz'. Entonces el Profeta (asws) lo miró y le dijo: "Si nuevamente ellos te hacen eso, entonces nuevamente di las mismas palabras. Pero nunca te olvides que la estación a la que entrarás en el Paraíso de ninguna manera es cercana a la de tus padres. Jamás los volverás a ver otra vez".

Wa min Allahu Tawfiq.


Sahib us Sayf Hz Sheykh Abdul Kerim al-Hakkani (ra), 8 de julio de 2005, Osmanli Naksibendi Dergah.

martes, 17 de septiembre de 2013

Montar a la Jineta, Zenetes y Montoneras Gauchas

En su obra 'El Payador', el escritor argentino Leopoldo Lugones, reivindicando el alma gaucha y remitiéndose al legado morisco-andalusí plasmado en el gaucho de nuestras pampas, describe la siguiente característica como notable heredad:

"Por lo demás, es sabido que el arte de cabalgar y de pelear a la jineta, así como sus arreos, fue introducido en España por los moros (bereberes), cuyos zenetes o caballeros de la tribu berberisca de Banu Marín, diéronle su nombre específico. Así, jinete, pronunciación castellana de 'zenete', fue por antonomasia  el individuo diestro en el cabalgar".

Continuando con las apreciaciones de Lugones, compartiremos un acercamiento a las definiciones e historia de la jineta y los bereberes Zenetes, así como también el resultado directo que esta influencia tradicional tuvo en la forja de las montoneras gauchas que fueron los personajes claves en la constitución de nuestra entidad patria.

La jineta consistía en una técnica de equitación basada en la velocidad y la agilidad. Los caballos tenían que ser ligeros, briosos y revueltos. El método o sistema de monta a la jineta tenía y tiene una característica muy especial, consistente en hacer correr, parar y girar el caballo bruscamente pero en sujeción a determinados principios. El caballo tenía que revolverse y marchar de un lado a otro, incluso hacia atrás, con gran agilidad y presteza, y todo ello mediante la ayuda de los pies, piernas y rodillas, así como de la mano izquierda del jinete. Por esto es que este tipo de monta se caracteriza por llevar el caballo con una sola mano en monturas con grandes arzones que permitiesen sujetar bien al jinete ante los movimientos bruscos del caballo y estribos cortos para que el jinete llevase con sus piernas al caballo pudiendo usar las manos para la lanza y algún otro instrumento de ataque. En el combate a la jineta, los jinetes atacaban a galope tendido, en pequeños grupos o en solitario, hacían todo el daño posible y repentinamente volvían grupas y huían para volver a atacar en el momento más imprevisto.

Ahora bien, ¿de dónde proviene la monta a la jineta?

La jineta surge en el Magreb africano (Norte de África) y llega al califato de Córdoba (Península Ibérica) en el siglo X, con la incorporación de tropas bereberes en el ejército califal que inició el sultán Al-Hakam II (961-976) e impulsó su visir Al-Mansur, quien eliminó el sistema de reclutamiento nacional y lo sustituyó por la incorporación masiva de mercenarios africanos; si bien los involucrados en la conquista musulmana de la Península Ibérica fueron guerreros de origen bereber que masivamente poblaron las zonas conquistadas, los califas anteriores a Al-Hakam, de origen árabe, se habían mostrado reticentes ante la incorporación de tropas africanas en el ejército. Sin embargo, el polígrafo Ibn Hayyan, en su Muqtabis, escribe sobre Al-Hakam: "Llegó a asomarse...para contemplar a los jinetes bereberes, cuando desarrollaban sus escaramuzas, y no les quitaba la vista, lleno de asombro. 'Mirad -decía a quienes le rodeaban- con qué naturalidad se tienen a caballo estas gentes. Parece que es a ellos a quien alude el poeta cuando dice: Diríase que nacieron debajo de ellos y que ellos nacieron sobre sus lomos. ¡Qué asombrosa manera de manejarlos, como si los caballos comprendiesen sus palabras!'. Y los que le oían se maravillaban de la rapidez con que había cambiado de opinión respecto a los bereberes". El ejército califal pasó a componerse fundamentalmente de tropas bereberes de caballería, a las que se respetó su organización interna y su equipo tradicional. A partir de entonces en Andalucía se difunde la silla de montar africana, que tenía los arzones más elevados.

El nombre de 'jineta', dado a este estilo ecuestre, procede de la tribu de los Zenetes, ya que el primer escuadrón de caballería que cruzó el estrecho para incorporarse a las tropas califales de Al-Hakam II fue el de los Banu Birzal, fracción de la tribu de los Banu Dammar, del sur de Túnez, que pertenecían a la dinastía de los Zenetes, si bien posteriormente acudirían numerosas tribus de Marruecos y Argelia, como los Banu Marín, que utilizarían el mismo sistema de equitación.

Zenata o Zeneta, Zanata o también Zenete e Iznaten, son las variaciones del nombre que recibió un grupo de pueblos bereberes durante el período medieval, del cual descienden varias etnias actuales. El historiador y viajero musulmán Ibn Jaldún relata que fueron, junto con los Masmuda y los Sanhaya, una de las tres grandes confederaciones bereberes musulmanas de la Edad Media. Añade que estas tribus, que a la vez eran nómadas y sedentarias así como constructoras de ciudades, se concentraron en el Magreb Medio (la actual Argelia, donde Sarmiento verá en los 'árabes', como él llama a los bereberes, a los gauchos de la pampa, homologándolos peyorativamente en su ideología liberal). Ibn Jaldún remontó el linaje mítico de los Zenetes hasta Mazigh y Cam, el hijo de Noé. Este pueblo encuentra su origen en la lenta migración que tribus nómadas efectuaron desde el Cercano Oriente hacia el Magreb africano para luego dirigirse al norte y alcanzar la Península Ibérica. Los Luwata, tribu de la confederación de los Zenetes que tuvo en la antigüedad un patriarca llamado Lerna, eran nombrados 'Libus' por los antiguos egipcios y se los llama 'Lubim' en el libro bíblico del Génesis; estos Luwata dieron por su parte el nombre a Libia (en la antigüedad clásica se denominó Libya a todo el actual continente africano).

La mayoría de los Zenetes derivan de tres grandes tribus bereberes: Maghraua, Deyrawa y Banu Ifren. El mismo nombre de África parece provenir de la tribu Ifren establecida antiguamente en el este del actual Magreb. El nombre procedería de la raíz Ifru, con sus posibles variantes: Ifri, Afer, Afar, etc. Ifriqiya es el nombre que dieron los árabes a la región de los Banu Ifren, que correspondía a la actual Tunicia.

Hacia el año 711, ya islamizados y aliados con los árabes, los bereberes marcharon sobre la Península Ibérica, lo que hizo que numerosos Zenetes se establecieran en Al-Ándalus, haciendo trascender allí algunos rasgos culturales como el ejemplo ya citado de su destreza ecuestre de la que se deriva la palabra castellana actual 'jinete' precisamente de 'zenete'.

Los Banu Marín fueron los miembros de una dinastía de origen bereber zenete que gobernó la zona del actual Marruecos entre los años 1244 y 1465. También controlaron brevemente algunas regiones de Andalucía y el Magreb, influyendo fuertemente en el reino Nazarí de Granada, donde a partir de 1275 destacaron importantes contingentes de tropas de caballería.

Aunque el origen de la jineta es norafricano, no cabe duda de que fue en al-Ándalus donde evolucionó y alcanzó su máxima expresión. La jineta es ante todo un sistema para hacer la guerra a caballo ('hacer mal a caballo', decían en el siglo XVI). El naturalista español Bernardo de Vargas Machuca (1557-1622), en su libro 'Exercicios de la Gineta' (1619) dice: "Porque la invención de la gineta fue para la guerra, y para ella se aplicó la lanza y adarga", por lo que cabe suponer que se forjaría en la frontera o frente de guerra entre musulmanes y cristianos, en lo que los musulmanes llamaban 'dar al-yihad' (territorio de la guerra).

Ahora bien, destacable es el hecho  que refiere la tradición en cuanto a que el primer gaucho de nuestras pampas fue un soldado raso andalusí que hastiado por el maltrato del ejército realista del que formaba parte y la miserable forma de vida a que lo sometían, trocó su morada al precio de un caballo blanco y una guitarra con los que rumbeó hacia la pampa distante. En 1586, Alejo Godoy da inicio a la historia gaucha que lucirá su impronta bravía tanto en las guerras por la independencia como en los conflictos sociales de mano del caudillismo y las montoneras.

Si bien es de notar que la forma de andar a caballo típicamente gaucha reúne elementos del montar a la jineta procedentes del Norte de África y del montar a la brida, que tiene procedencia centroasiática, vemos en las montoneras un resultado cabal de la monta y el combate a la jineta heredado por nuestros gauchos de sus antepasados hispanomusulmanes.

En la historia argentina se llamó 'montoneras' a las unidades militares gauchas de extracción rural, generalmente de caballería, comandadas por los caudillos. Las montoneras eran unidades relativamente inorgánicas que generalmente operaban en ámbitos rurales. Sus tácticas de combate eran rudimentarias, pero se adaptaban a las condiciones predominantes en el campo abierto. En efecto, las montoneras generalmente debían recorrer grandes distancias sin población alguna entre pueblos y ciudades, y combatir en lugares elegidos por características geográficas naturales que favorecían sus movimientos. Las armas que utilizaban eran combinaciones de lanzas con sables y boleadoras. El método utilizado por las montoneras suele llamarse 'guerra de guerrillas', táctica militar que consiste en hostigar al enemigo con destacamentos irregulares y mediante ataques rápidos y sorpresivos aprovechando también las irregularidades del terreno. Para esto se sirvió el gaucho, entre otras cosas, de las sillas de montar de origen andalusí de arzones altos, utilizadas, como apuntamos antes, en los combates a la jineta ya que lograban estabilizar al jinete para que se sirviera de sus manos para empuñar las armas de combate.

El gaucho fue un elemento determinante en la constitución no sólo de la Argentina, sino de toda la América del Sur en sus procesos libertarios y sociales, plasmando el espíritu poderoso de aquel soldado raso andalusí, Alejo Godoy, y sus ansias emancipadoras legadas desde un pasado inquisitorial y traducidas en movimientos independentistas. Fue así que los gauchos desempeñaron un papel fundamental durante la Guerra de la Independencia Argentina entre 1810 y 1825.

Surgida la Primera Junta en Buenos Aires, fueron gauchos los que siguieron al caudillo José Gervasio Artigas. Artigas formó un ejército popular de gauchos e indios, derrotó a los realistas y puso sitio a la ciudad de Montevideo.

Los gauchos, junto a los indígenas y otros campesinos, ayudaron a plasmar el primer gobierno federal en la inmensa región del Río de la Plata, conformando la Unión de los Pueblos Libres (o Liga Federal, confederación de provincias aliadas liderada por Artigas, que sumió el título de protector de los pueblos libres, constituida por las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, la Provincia Oriental, Santa Fe y los pueblos de Misiones) dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Durante la guerra de la independencia el gaucho también se integró al Ejército del Norte enviado desde Buenos Aires hasta los confines del Alto Perú de lo que fuera el Virreinato del Río de la Plata.

Especial reconocimiento mereció la actuación de los gauchos jujeños del mayor general Eustoquio Díaz Vélez. Durante la Segunda Campaña del Alto Perú, comandada por el general Manuel Belgrano, Díaz Vélez creó, en el año 1812, un cuerpo de soldados a caballo compuesto mayoritariamente por gauchos jujeños, puneños y tarijeños, a los que denominó 'Los Patriotas Decididos', y que fueron la retaguardia que contuvo permanentemente el avance de los realistas durante el Éxodo Jujeño. Estos gauchos de Díaz Vélez participaron también en las victorias de la Batalla de las Piedras y de Tucumán, esta última la más importante librada por la Independencia Argentina.

Al ser derrotado el Ejército del Norte, fue nombrado como nuevo comandante el general José de San Martín, quien encomendó a Martín Miguel de Güemes la defensa de la frontera norte, mientras él se dirigía a Mendoza a formar el Ejército de los Andes (también constituido en gran medida por gauchos y huasos), con el objetivo de cruzar los Andes para liberar Chile y Perú.

Los gauchos desarrollaron los combates contra los realistas en el marco de acciones de guerrilla que se darían en llamar 'montoneras', a lo largo de una línea fronteriza de más de 600 km de extensión, que quedó bajo la responsabilidad de Güemes después del colapso militar patriótico producido por la derrota del Ejército del Norte tras la Batalla de Sipe Sipe en 1815. El principal escenario de operaciones fue la Quebrada de Humahuaca y las provincias vecinas de Tarija.

Aquellas luchas se prolongaron por más de diez años, conociéndose con el nombre de 'Guerra Gaucha'. Solamente en el norte del territorio argentino, la fuerza militar gaucha libró 236 combates contra las fuerzas realistas españolas defendiendo la frontera. Los gauchos norteños demostraron habilidades y destrezas particulares para el combate a caballo y en la lucha abierta, aún en medios adversos.

Así las tropas gauchas también constituyeron un hito muy importante en el desarrollo de la independencia de Bolivia, destacándose las acciones guerrilleras llevadas a cabo por los comandantes de las republiquetas independientes como Manuel Ascencio Padilla, su mujer Juana Azurduy, Eustoquio Méndez y otros. Estas actuaban en estrecha colaboración con las tropas de Güemes.

En el sur de Brasil los gauchos desencadenaron una guerra independentista en la región de Río Grande del Sur, formando una república independiente entre los años 1836 y 1845, liberando a los esclavos y creando una constitución.

En la bibliografía histórica militar internacional, los gauchos fueron comparados por analogía con los soldados musulmanes del cuerpo de mamelucos del Norte de África. Nosotros vemos un destello más de la clara e indudable influencia hispanomusulmana transmitida a través de los moriscos y que llega desde los Zenetes del Magreb africano para colaborar en la manifestación del espíritu único de nuestra raza gaucha, espíritu que nos justifica como argentinos entre las culturas tradicionales del mundo.

Para concluir nuestro artículo citaremos en apoyo a nuestra tesis algunas apreciaciones más del ya nombrado Leopoldo Lugones que en referencia al gaucho jinete dice lo siguiente:

"Jinete por excelencia, resultaba imposible concebirlo desmontado; y así, los arreos de cabalgar, eran el fundamento de su atavío.

Su manera de enjaezar el caballo, tenía, indudablemente, procedencia morisca. (...) Las riendas y la jáquima (del árabe 'sakina', cabezada de cordel que hace las veces de cabestro) o bozal, muy delgados, aligeraban en lo posible el jaez (del árabe 'yehez', cualquier adorno que se pone a las caballerías, en este caso los jaeces), cuyo objeto no era contener ni dominar servilmente al bruto, sino, apenas, vincularlo con el caballero (...) Las anchas cinchas taraceadas (del árabe 'tar'zi', incrustación) con tafiletes (del bereber 'tafilelt', cuero bruñido y lustroso, mucho más delgado que el cordobán) de color, son moriscas hoy mismo. (...) Análogos bordados y taraceos solían adornar los guardamontes usados por los gauchos de la región montuosa. Aquel doble delantal de cuero crudo, que atado al arzón delantero de la montura, abríase a ambos lados, protegiendo las piernas y el cuerpo hasta el pecho, no fue sino la adaptación de las adargas (del árabe ad-darqa, escudo de cuero de forma ovalada o acorazonada) moriscas para correr cañas, que tenían los mismos adornos y casi idénticas hechuras: pues eran tiesas en su mitad superior y flexibles por debajo para que pudieran doblarse sobre el anca del animal" (Lugones, 'El Payador'. Para los significados etimológicos nos hemos remitido al Prof. Shamsuddin Elía).

Para mayor información remitimos a nuestros lectores a la sección 'Tradición Argentina' en el Contenido Temático de este blog.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Canción para Imam Shamil an-Naqshbandi

Canción tradicional avar del Daguestán ejecutada con pandur, instrumento de tres cuerdas, dedicada a Imam Shamil, héroe de la resistencia islámica caucásica en la llamada 'Guerra de los Muridines' contra la invasión zarista.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Los beneficios y virtudes del Básmallah

Bismillahi Rahmani Rahim

Fragmentos extraídos del Tafsir del Imam Al-Qurtubí.

"Bismillahi Rahmani Rahim" es un juramento que Allah, nuestro Señor, hizo descender en el encabezado de cada sura con el que jura ante Sus siervos: "¡Siervos míos! Eso que he puesto para vosotros en este sura es verdad, y Yo os daré fiel cumplimiento de todo cuanto en ella os he garantizado: Mi promesa, Mi benevolencia y Mi justicia".

Dijo Saíd ibn Abu Sakina: "Me ha llegado la noticia de que Ali ibn Abu Talib (ra) miró a un hombre que estaba escribiendo:

"Bismillahi Rahmani Rahim"

y le dijo: ¡Mejórala! Porque un hombre perfeccionó la escritura del básmallah y fue perdonado". Dijo Saíd: "Conocí otro caso de un hombre que estaba mirando una hoja en la que estaba escrito:

"Bismillahi Rahmani Rahim"

la besó, después la puso sobre sus ojos y fue perdonado". Conforme a este significado está la historia de Bishrin al-Hafi, que tomó del suelo un pergamino en el cuál estaba escrito el nombre de Allah, lo perfumó y su nombre fue honrado, según mencionó Al-Qushairí (el texto de la historia aparece en la Risala Al-Qushairía: '... La causa de su arrepentimiento (tawba) fue que se encontró en el camino una hoja escrita con el nombre de Allah, Poderoso y Majestuoso, y que la habían pisado. De manera que la recogió y con unos dirhams que tenía compró algalia y perfumó la hoja poniéndola en el hueco de un muro. Después de eso oyó en sueños una voz que le decía: ¡Bishrin! Perfumaste Mi nombre y Yo te perfumaré en dunya y en el Ajira. Y cuando se despertó del sueño se volvió arrepentido a Allah').

Relató An-Nasái, que se transmitió de Abu al-Malíh, y a su vez del que iba a la grupa de la montura del Mensajero de Allah (asws), que éste dijo: "Si te derriba el animal de la montura, no maldigas a sheytán, porque se engrandecerá tanto como una casa y dirá: 'Con mi fuerza yo lo he hecho caer'. Por el contrario, di:

"Bismillahi Rahmani Rahim"

porque de esa forma se empequeñece hasta ser como una mosca".

Se transmitió de Abdullah ibn Masud (ra) que dijo: "Quien quiera que Allah lo salve de los diecinueve ángeles del Infierno (Az-Zabániya) que diga con cierta frecuencia:

"Bismillahi Rahmani Rahim"

para que Allah-swt- le proteja por cada letra del básmallah de cada uno de ellos. Pues el básmallah tiene diecinueve letras como el número de ángeles del Infierno, de que dice Allah-swt-:

'Sobre él hay diecinueve (ángeles)' (74:30)

y ellos dicen 'Bismillahi ar-Rahman ar-Rahim' en cada uno de sus actos y de allí les viene la fuerza".

Dijo Ibn Atíya: De igual forma también se precisa la noche del Decreto como la noche del veintisiete (de Ramadán), porque se corresponde con el número de palabras del sura de la Noche del Decreto.

Hay acuerdo general de la Ummah en que está permitido escribir el básmallah al principio de los libros de ciencia y en el comienzo de las cartas. Sin embargo, para la poesía acordaron no escribir delante el básmallah.

La recomendación general es decir el básmallah: "Bismillahi Rahmani Rahim", al comienzo de cada acto: como comer, beber, sacrificar, el acto del coito, la purificación, embarcar en el mar y en definitiva todas aquellas acciones hechas por el hombre lícitamente. Dijo Allah-swt-:

"Y comed de aquello sobre lo que se haya mencionado el nombre de Allah, si creéis en Sus signos" (6:118)

Y dijo Allah-swt- en otra ayat:

"Y dijo: ¡Embarcad en ella! Y que sea en el nombre de Allah su rumbo y su atraque. Ciertamente mi Señor es Perdonador y Compasivo" (11:41).

Dijo el Mensajero de Allah (asws): "Cuando te vayas a dormir cierra tu puerta y menciona el nombre de Allah diciendo: 'Bismillah'. Apaga tu lamparilla y menciona el nombre de Allah; y ata tu odre de agua y menciona el nombre de Allah". Y dijo: "Si alguno de vosotros acudiera a su mujer para tener una relación íntima con ella que diga: 'Bismillah, oh Allah, apártanos a sheytán y apártalo de lo que nos proveas por esta relación'. Ya que, ciertamente, si se decreta que nazca un hijo fruto de esa relación entre los dos, sheytán jamás le perjudicaría". En otro hadiz, el Profeta (asws) le dijo a Umar ibn Abu Salama: "¡Muchacho, di Bismillah y come con tu mano derecha, y come de lo que tienes más cerca!". Y en otro añadió: "Sheytán no tendrá acceso a una comida sobre la que se haya mencionado el nombre de Allah". Dijo: "El que vaya a sacrificar un animal que lo haga en el nombre de Allah".

Un día, Uzmán ibn Abu al-As (ra) se quejó al Profeta (asws) se un dolor que tenía en su cuerpo desde que se hizo musulmán, y el Mensajero de Allah (asws) le dijo: "Pon tu mano en el lugar que te duela de tu cuerpo y di tres veces: 'Bismillah', y luego recita siete veces: 'Audhu bizzati Allahi wa qudratihi min sharri ma ayidu wa uhádhir' (me refugio en la soberanía de Allah y en Su poder del mal que encuentro y del que me guardo)".

Relataron Ibn Maya y At-Tirmidí que el Profeta (asws) dijo: "La protección entre los genios y las desnudeces del hijo de Adám es que diga 'bismillah' cuando entra al excusado". Relató Daraqutni que Aisha dijo: "Cuando el Mensajero de Allah (asws) tocaba el agua para hacer la ablución, mencionaba el nombre de Allah-swt-, y a continuación vertía el agua sobre sus manos".

El básmallah significa: 'Por la creación de Allah y Su poder manifiesto y capacidad que llegan hasta donde El quiere'. La expresión 'Bismillah' equivale a decir: 'Con la ayuda de Allah, Su aprobación y Su bendición'; siendo ésta una enseñanza de Allah-swt- hacia Sus siervos para que recuerden Su nombre en la apertura de la recitación del Qur'an y en otras ocasiones, como hemos mencionado anteriormente, de manera que el comienzo de los actos se realice con la bendición de Allah, Poderoso y Majestuoso.

Se relató de Ali ibn Abu Talib (ra) que dijo a propósito de 'Bismillah': 'Es una cura para toda enfermedad, y una ayuda para toda medicina'. En cuanto a 'Ar-Rahman': 'Es una ayuda para todo el que crea en Él; y es un nombre que no se pone a otro que no sea Él'. Y en cuanto a 'Ar-Rahim': 'Es para quien haga tawba, crea y obre rectamente'.


(Compendio del Tafsir Al-Qurtubí, págs. 93-100)

sábado, 7 de septiembre de 2013

Breve aproximación al Reinado de Satán

Bismillahi Rahmani Rahim

Conceptos tales como Nuevo Orden Mundial, Masonería y Sionismo, se corresponden solamente con los rostros visibles, con los nombres frecuentemente pronunciados, que dan testimonio de un movimiento oculto que se ha hecho manifiesto con inaudita preeminencia desde hace ya aproximadamente algo más de cien años, tras la caída del último bastión tradicional en el mundo: el Imperio Otomano. Si bien el califato nominalmente fue disuelto en 1924 con el establecimiento de la República de Turquía y las degradantes reformas seculares de Kemal Ataturk, reconocemos que el poder imperial como tal, divinamente investido, se pierde con la caída de Sultán Abdul Hamid Khan II en 1909, y colapsa por completo en 1918, tras la derrota del Imperio en la Primera Guerra Mundial.
***
*La Era de los Tiranos

El movimiento oculto desatado por aquel entonces se le conoce, dentro del ámbito del Islam Tradicional, con el nombre de Jababira, es decir, como el 'tiempo de los tiranos'. Este nombre le fue dado por el mismo Profeta Muhammad (asws), quien dijo: "Tras mi partida llegarán (serán los encargados de gobernar y dirigir la Ummah del Islam) los Khulafa-e Rashidin (los Califas rectamente guiados: Hz Abu Bakr, Hz Umar, Hz Uzman y Hz Ali). Luego de ellos vendrán los 'Umara (los 'Amir al-Mu'minin: Omeyas y Abásidas). Luego de ellos vendrán los Maliks (los Reyes: los Sultanes Otomanos). Luego de ellos habrá un tiempo de cien años de Jababira (tiranía, opresión)". Estos tiempos, los tiempos de Jababira, también son conocidos como los tiempos de la Dayyaliyat, es decir, la Era del Dayyal (el Anticristo), Era caracterizada por la proliferación de la enajenación espiritual y la eclosión desmedida de la más burda y grosera mundanidad.

Si bien el movimiento oculto que culmina en las actuales Jababira y Dayyaliyat ha sido inherente al curso de la humanidad en el mundo desde los mismos albores de su existencia, su realidad ha estado mermada y debilitada en gran medida gracias a la acción de las fuerzas superiores (celestiales, divinas) que transmitidas, difundidas y ejercidas por los Profetas, por un lado, y por los gobiernos sagrados preservadores y continuadores del legado profético, por el otro, fueron las encargadas de equilibrar, restablecer y oponer un Orden al influjo tenebroso de aquellas fuerzas disolventes presentes en el interior del hombre.

Debemos aclarar lo siguiente: en el Islam Tradicional, como en toda doctrina revelada, la sucesión de los últimos tiempos supone un curso descendente en cuanto al desarrollo de las posibilidades cualitativas del ser humano, contrariamente a la creencia secular de la evolución del hombre en cuanto a progreso cuantitativo y material. Como nos enseña nuestro Maestro, Hz Sheykh Abdul Kerim al-Hakkani (ra), cuando, continuando con el hadiz profético anteriormente citado, el Profeta Muhammad (asws) fue preguntado por sus Sahaba qué era lo que se debía hacer para enfrentar tales tiempos, él les dijo: "Aférrense con fuerza a mis enseñanzas y no busquen cambiar las cosas. Eso sólo será posible con la llegada de uno de mis nietos, Muhammad al-Mahdi. Mientras tanto, manténganse en la Verdad y ocúpense de ustedes mismos". Como culminación de un período descendente, éste supone una restauración del Orden perdido. Esta restauración viene de mano del Imam Mahdi y el restablecimiento del poder califal a manos del descendiente de la Casa de Osmán. Debemos tener presente esta aclaración para comprender el grado de inexactitud que revisten los movimientos 'modernos' de restauración califal ligados al tan publicitado 'fundamentalismo islámico'.

***
Raíces del Reinado de Satán

El movimiento oculto que actualmente ejerce su poder sobre el mundo también es conocido como el 'Reinado de Sheytán (Satán)'. A los encargados de ejecutar los mandatos de ese poder subrepticio el Sagrado Qur'an los llama 'Awliya ash-Sheytán' (los íntimos de Satán). Son estos agentes del poder satánico (fuerzas sutiles del psiquismo inferior) a quienes se los conoce bajo los motes de Nuevo Orden Mundial, Masonería y Sionismo, tres conceptos que engloban la totalidad del movimiento subversivo.

Desviar a la criatura humana de su significado original ha sido siempre la tarea de las fuerzas disolventes generadas desde lo satánico. Las raíces de la desviación actual pueden rastrearse en lo que la historia ha dado en llamar el 'Renacimiento' occidental, etapa que establece el final de la Edad Media europea y el surgimiento de todo un conjunto de ciencias, saberes y experiencias encargado de desvincular al ser humano de su principio metafísico y circunscribir su realidad dentro de los exiguos límites de la individualidad. Por aquel entonces (siglos XV y XVI) el mundo Islámico gozaba de su mayor esplendor califal con el gobierno de sus más elevados representantes: Sultán Mehmet Fatih Khan, el Conquistador (1451-1481), y Sultán Suleymán al-Kanuni, el Magnífico (1520-1566). Desde entonces hasta su trágica caída, como señal de los tiempos, el Imperio Otomano representó el balance divino frente a la avanzada disolvente del movimiento subversivo generado desde Occidente. Ante lo cual nuevamente debemos aclarar lo siguiente: el Islam transmitido y enseñado por el Profeta Muhammad (asws) ha sido el sello para la enseñanza tradicional en estos tiempos. Su validez es universal y su manifestación supone la culminación de las revelaciones anteriores. De aquí que veamos que naturalmente el proceso de desviación sea iniciado desde el occidente renacentista y que el único bastión con la fuerza necesaria para oponerle un Orden tradicional provenga exclusivamente del Islam y su poder califal.

El movimiento individualista, secular y materialista originado desde el Renacimiento, continuado por el cartesianismo (liberalismo científico-filosófico) y el protestantismo (liberalismo religioso), concluirá con el suceso tal vez más trágico de la historia occidental: la Revolución francesa.

La Revolución francesa supone la fatal culminación de la monarquía y la falaz eclosión del republicanismo, la democracia liberal y el capitalismo, cimientos necesarios para la construcción del Reinado de Satán. El desarraigo espiritual del hombre encontrará terreno fértil y abono excesivo con la aparición de las ideas seculares encargadas de urdir la trama (trampa) del mundo moderno.

***
El Movimiento en Sudamérica

Así mismo, altamente sugerente nos resulta el hecho de que casi simultáneamente al inicio del Renacimiento occidental y al esplendor del poder califal islámico, hacia 1492 Europa pierde su vinculación tal vez más estrecha con la tradición islámica al concretarse la usurpación de al-Andaluz por parte de los Reyes Católicos. A raíz de esta usurpación comienza una enconada persecución hacia los Musulmanes andaluces, quienes recibirán el apoyo Otomano y serán acogidos en tierras imperiales.

La férrea inquisición llevada a cabo desde el catolicismo dominante contra los Musulmanes daría a luz un vástago tan particular como significativo: el morisco. Moriscos se les llamó a los Musulmanes de al-Andaluz a quienes por la fuerza se les obligaba a convertirse al cristianismo, pero que sin embargo, relegadas a un ámbito privado, mantuvieron marcadas pautas culturales y espirituales del acervo islámico. Morisco es equivalente a 'musulmán falsamente cristiano' o a 'cristiano nuevo' (sinónimo de 'cristiano falso'). Miles de estos moriscos emigrarían hacia América en los barcos colonizadores, donde encontrarían un terreno virgen donde plasmar sus antiguas ansias de libertad y justicia.

En Argentina, el descendiente directo del morisco andalusí será el Gaucho, y éste se transformará en la médula ósea de la tradición cultural y espiritual que definirá una identidad original en suelo sudamericano. Sin embargo, los encargados de ejecutar el plan satánico de dominación mundial, no pasarán por alto la herencia tradicional recibida y retransmitida mediante el Gaucho, y se encargarán de lapidarla hasta 'casi' su desaparición total (la historia argentina da sobrada cuenta de esto: la instrumentalización que llevó a cabo la Masonería europea de próceres argentinos tales como Bernardino Rivadavia, Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento para acabar con la herencia tradicional que por estas tierras se difundía sutilmente de mano de nuestros criollos. Otro dato significativo: será el gobierno de J. J. de Urquiza, la Confederación, predecesor de la tiranía mitrista, el que recibirá un remanente de pantalones militares otomanos destinados a la Guerra de Crimea, que aquí, asimilado por los gauchos y criollos de la campaña, se transformará en la 'bombacha', prenda gaucha que junto al poncho será despreciada como sinónimos de 'barbarie' e 'incivilización' por parte de los puntales del liberalismo masón de la época). Un proceso análogo de subversión, lapidación y destrucción será llevado a cabo en tierras otomanas, y grupos de musulmanes 'radicalizados' se convertirán en los agentes más efectivos para la obra de disolución emprendida por las fuerzas de la desviación satánica.

***
*Tres Instrumentos: Masonería, Sionismo y Nuevo Orden Mundial

Por más que se le quiera adjudicar orígenes de doctrina esotérica y/o metafísica (cosa que supone un cabal y sugestivo engaño), la Masonería surge en gran medida tras el auge de la Ilustración (o Iluminismo), movimiento cultural y filosófico europeo -especialmente en Francia e Inglaterra, madres también de la Masonería-, que se desarrolló desde fines del siglo XVII hasta concluir con el inicio de la Revolución Francesa. Este movimiento pone en tela de juicio los absolutos doctrinales tradicionales (tildándolos de 'ignorancia, superstición y tiranía') y resume las posibilidades para el desarrollo humano al concurso exclusivo de la luz de la razón. Nuevamente nos encontramos con postulados individualistas tendientes al desarraigo espiritual.

La nueva mentalidad surgida como resabio de la cultura renacentista necesitaba un sucedáneo que remplazara la doctrina cristiana desaparecida con la existencia de la Edad Media. Fue así como comenzaron a proliferar grupos elitistas de personas 'ilustradas' que utilizando los postulados más acabados del cartesianismo y el protestantismo (el imperio del raciocinio individual frente a la ciega aceptación y seguimiento doctrinal), mixturados con una amalgama extravagante de dogmas irreconciliables (tomados del Oriente misterioso, pagano y mágico -satánico- como alternativas de un esoterismo ficticio y acomodaticio para la pretensión individual), dieron en crear 'logias secretas' cuyo objetivo no era tanto el desarrollo espiritual del hombre, sino el ajustarlo a los parámetros obsoletos de un siniestro plan de dominación. Insistimos en el hecho de que todos estos movimientos fueron y son astutas instrumentalizaciones al servicio de un poder mayor que las utiliza para imponer su tiranía sobre la consciencia humana y así desviar al hombre de su rumbo original.

Por otro lado hay que diferenciar lo que se ha dado en llamar 'Sionismo' de la religión predicada por el Profeta Moisés (as). El Sionismo surge en la Europa del siglo XIX como un movimiento disolvente de índole secularista y política, estrechamente ligado al más riguroso capitalismo y a las más perversas democracias liberales. En el Sagrado Qur'an se los ilustra con el ejemplo de los hijos (seguidores) del Samirí, aquellos hijos de Israel encargados de la forja y la adoración al Becerro de Oro, quienes fueron maldecidos por boca del Profeta Moisés (as). En toda la historia del pueblo de Israel los hijos de Samirí han intentado ocultamente hincar sus colmillos de avaricia y corrupción, pero no ha sido sino con la eclosión del Sionismo que han cobrado una fuerza y poder inauditos, colaborando así en la gran obra de desviación promovida desde el Reinado de Satán.

En base a la corrupción política e ideológica del Sionismo (pariendo atrofias tales como el comunismo, el psicoanálisis, etc.), cuya maquinaria de poder resulta aplastante, el auge de las democracias liberales surgidas tras la caída de las monarquías y la imposición de un credo planetario de fundamentos masónicos (los dioses paganos del 'progreso' y la 'civilización'), el Nuevo Orden Mundial y sus representantes han dado en generar el peligro más alarmante para la integridad espiritual del ser humano en este mundo: la Cultura Global.

Esta cultura global es la más acabada manifestación de la tiranía (Jababira) en esta época. Imponiendo un modo uniforme de concebir y experimentar la realidad entre los parámetros generados por la oscura manipulación que se ha dado en concebir una mentalidad exclusivamente profana (esto es, completamente desacralizada, sin lugar a lo espiritual), su cumple con las formas más perjudiciales de desarraigo que resultan en una visión materialista y cuantitativa de la vida humana, signada por la enajenación y el desdoro. No hay peor tiranía que aquella que el hombre ignorante (falto de luz espiritual) ejerce contra sí mismo.

***
*El ‘Fundamentalismo’ Islámico Vs. Islam Tradicional

El proceso iniciado en Occidente, y cuyos frutos más cercanos a nuestro tiempo (y que aún perviven en sus formas originales y bajo otras que los hacen aún más digeribles para el público general que las consume y por ellas de deja llenar) son la Masonería y el Sionismo, fue el encargado de minar los cimientos del poder califal Otomano. Para este trabajo se sirvió de la empresa colonizadora representada por Francia, Inglaterra y Rusia, entre otras potencias de entonces. Hábilmente estas potencias aprovecharon las disensiones internas en el mundo islámico financiando los levantamientos de grupos radicalizados (tanto en la teoría como en la práctica) de entre los musulmanes (wahhabismo y salafismo) contra la autoridad del califato, grupos que de no haber recibido el soporte y los medios necesarios por parte de los colonizadores, hubiesen acabado en el olvido absoluto de la historia del Islam, o sencillamente en el rincón de las más tristes, aunque necesarias, efemérides.

En el ámbito del Islam Tradicional, estos grupos desviados  representan lo que el protestantismo y la Ilustración a la Europa renacentista. Se servirán de los postulados racionalistas para crear una doctrina religiosa moralista, antropomorfista, inculta, individualista, radical y, por todo esto, sin valor metafísico alguno, concluyendo en que siglos de Tradición sólo han sido promotores de 'ignorancia, superstición y tiranía', por lo que se debería releer el Islam, obviamente, según los parámetros ofrecidos por los occidentales (p.ej: libre interpretación de las fuentes originales prescindiendo de la enseñanza tradicional existente desde las primeras generaciones de sabios musulmanes hasta la emergencia de estos supuestos 'reformadores' modernos, desestimando la realidad de que el descenso cíclico supone un consecuente descenso del nivel intelectual, lo que equivale a la total incapacidad del hombre moderno para 'reinterpretar' siglos de conocimiento tradicional. Se adopta la idea del tiempo como 'evolución', muy de raigambre occidental, profana y materialista. También de raigambre occidental la idea del progreso material como sinónimo de bienestar y desarrollo, que llevó a nuestros 'reformadores' a ver en el Imperio Otomano un promotor de dejadez y decadencia frente al 'pujante avance' europeo, idioma común a los masones argentinos encargados de 'limpiar' nuestro suelo de toda 'mancha' tradicional). Si bien el espíritu de desviación del wahhabismo y el salafismo fue originado de entre los mismos musulmanes, su esencia corruptora no deja de ser la misma en todo ámbito y lugar, de aquí que sus postulados subversivos encuentren una sorprendente similitud con los surgidos desde la cultura renacentista occidental.

Los defensores más enconados de la tradición frente a los embates del monstruo colonizador fueron los Ahl al-Tariqat, la gente del Sufismo. Bajo la autorización y mandato califal fueron quienes demostraron una férrea resistencia (armada y espiritual) a la empresa occidental. Encontramos hermosos ejemplos en la lucha del Imam Mansur y el Imam Shamil, ambos pertenecientes a la Naqshbandiyya, contra los rusos (mediados del siglo XIX), la resistencia de la Sanusiyya (con Sidi Ahmed Sherif) y la Qadiriyya (con Sheykh Abdul Qadir al-Jazairi) en el Norte Africa,  los leones del Africa Occidental Sheykh Uzman dan Fodio (de la Qadiriyya), al-Hajj Umar Tall (de la Tijaniyya) y Almamy Samory Touré (también de la Qadiriyya), y tantos más que desde la médula del Islam (el Sufismo, su espiritualidad tradicional), defendieron la Tradición con sangre y sudor. Los mismos califas Otomanos eran discípulos de Sheykhs de Tasawwuf: por ejemplo, Sultán Abdul Hamid Khan II seguía a un Sheykh Shadhilí (orden extendida en el Magreb africano) y uno sus consejeros era el Grandsheykh de la Naqshbandiyya por entonces, Sharafuddin Daghestani. Por esto es que la voluntad disolvente debía ser dirigida justamente contra el Sufismo y sus representantes. Esto fue muy bien comprendido por los colonizadores, quienes encontraron en las ideologías ramplonas del wahhabismo y el salafismo los más leales custodios para sus intereses. Significativo es el ejemplo de Lawrence de Arabia, agente eficaz de la potencia británica que promovió los levantamientos beduinos contra el poder califal.

Los orígenes del salafismo pueden hallarse en la prédica herética de Ibn Taymiyya (1263-1328). Este hombre, que un primer momento de su carrera erudita perteneció a la escuela Hanbali de Jurisprudencia, cegado por su conocimiento libresco, comenzó a encontrar ‘innovaciones’ y ‘desviaciones’ en las doctrinas expuestas por los sabios de Ahl as-Sunnah wal-Jama’a, a raíz de lo cual se sumió en una ‘cruzada’ purgatoria de todo aquello que su ‘racionalismo’ entendía como erróneo, atacando la obra de grandes maestros tradicionales como el Imam al-Ghazali y el Sheykh ul-Akbar Muhyiuddin ibn Arabi. Aduciendo que la experiencia del Islam en los musulmanes se había perdido en el ‘ciego’ Taqlid (seguimiento por imitación) y desentendiéndose de sus propios orígenes, cuestionó y negó la eficacia del seguimiento a las escuelas tradicionales de jurisprudencia islámica (los cuatro Madhhabs) y propulsó una quinta remitiéndose a una libre interpretación de las fuentes primitivas del Islam. Sus escritos están cargados de ponzoña hacia los Sufíes, hacia los Ulama rectamente guiados, etc. Sin embargo, Ibn Taymiyya será sobradamente refutado por innumerables sabios del Islam Tradicional. A pesar de esto, su legado de herejía no estaba destinado a desaparecer.

Retomando la obra subversiva de Ibn Taymiyya, y radicalizándola aún más, surge en Arabia quien en cierto sentido estaba destinado a ser la ‘piedra angular’ de los movimientos ‘reformadores’ modernos, precursor directo de los fundamentalismos, Muhammad ibn Abdul Wahhab, de quien la secta wahhabi recibe el nombre.

Muhammad ibn Abdul Wahhab (1703-1792) estudió en los grandes centros del Islam. Hacia 1736, en Irán, comienza a predicar lo que su entendimiento personal consideraba ‘desviaciones’ en las doctrinas del Tasawwuf, depositarias del núcleo de la enseñanza islámica tradicional. Renegando de siglos de tradición, y haciéndose eco de la enseñanza de Ibn Taymiyya, impulsó la idea reformista y disolvente de un retorno a los primeros tiempos del Islam, a sus fuentes primitivas, abogando por un ‘libre examen’ de las mismas, desconsiderando todo el corpus de creencia (Aqida’) establecido por los sabios tradicionales. Buscaba abrir las puertas del Iytihad, es decir, la libre interpretación de los textos para extraer nuevos veredictos legales de los mismos, ante lo cual expuso enconadas reticencias al seguimiento de las escuelas de jurisprudencia y a las órdenes de Tasawwuf (Sufismo). En 1744 fue expulsado de la ciudad santa de Mecca debido a sus ideas heréticas.

Por aquel entonces, la Península Arábiga formaba parte del Imperio Otomano. En el desierto central de la Península, en una región del Nayd, un clan estaba consiguiendo poner bajo su dominio a varias tribus beduinas. Se trataba de los Bani Saud, una familia conocida por su carácter sanguinario heredado de una costumbre de bandidaje. Muhammad ibn Abdul Wahhab logra imponer su ideología subversiva entre estas gentes y sella un pacto de mutua lealtad con los Saud. Estos tomaron como propias las ideas wahhabis: en ellas se ponía énfasis particular en la distinción entre ‘buenos’ musulmanes y ‘malos’ musulmanes, buenos los wahhabis y malos el resto, que debían ser combatidos como si se tratara de incrédulos (una de las más nocivas innovaciones de Ibn Abdul Wahhab fue la de aplicar los conceptos coránicos de ‘kaffir’ –incrédulo- y ‘mushrik’ –politeísta- a los mismos musulmanes, con lo que derivaba los versículos del combate –yihad- a los incrédulos y los politeístas hacia los mismos musulmanes, sobre todo a los Sufíes, quienes, según sus criterios desviados, ‘adoraban tumbas y sheykhs’. No está demás notar lo bien que esta prédica sentó a los intereses colonialistas que se veían en peligro frente a la resistencia sufí). Con esto comienza la obra de demolición del último bastión tradicional en pie para la humanidad: subversión contra la autoridad divinamente investida (el Califato Otomano), persecución de órdenes sufíes, destrucción de lugares sagrados como tumbas de Awliya’ (aún hoy esto se lleva a cabo por parte de grupos ‘fundamentalistas’), asesinato de hombres, mujeres y niños por no aceptar el credo wahhabi, etc. Con esta ideología mediocre e inculta los ingleses consiguieron que el yihad se volviera, desde los musulmanes, hacia los musulmanes y el Califato.

Así fue que en el mundo islámico en general, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, el colonialismo desarraigó a los musulmanes y los desvinculó de sus fuentes tradicionales mediante la destrucción física de sus representantes, la corrupción ideológica y el aplastante desprestigio hacia el Islam Tradicional, el cual era, mediante la acción combativa de místicos sufíes, líderes, santos y guerreros, quien oponía una enconada resistencia a las pretensiones disolventes del Reinado de Satán.

Ante el vacío dejado por la merma de la enseñanza tradicional, hábilmente llevada a cabo por el colonialismo, como ‘necesarias reformulaciones’ del Islam surgen movimientos de ‘renovación moderna’ como el Islah, la ‘Reforma’ (es decir, la ‘Modernización’) y el Nahda, el ‘Renacimiento’ de lo ‘árabe’ en clara rebelión contra el Califato, cuyos sultanes eran de origen turco (toda consideración de etnia o raza siempre estuvo prohibida en el Islam. No es sino con la insidiosa influencia colonialista que esto se pone en marcha activando violencias insólitas e innecesarias). No está demás aclarar que estos movimientos fueron el producto de ‘reeducaciones’ que por un lado bebían de la historia presentada a los musulmanes por los orientalistas europeos y sus visiones tendenciosamente subversivas del Islam (a ellos se les debe la idea del anquilosamiento islámico frente al desarrollo occidental, idea hecha propia por musulmanes ignorantes, faltos de luz), y por otro lado de fuentes salafis y wahhabis (por ejemplo, teóricos del Islah como Jamaluddin Afghani o Rashid Rida, quienes fueron educados en occidente, no dejan de citar en sus obras reformistas las ideas heréticas de Ibn Taymiyya y de Muhammad ibn Abdul Wahhab como ejemplos de Islam). Generaciones de musulmanes serán educados por estos ‘eruditos’ de la salafiyya, productos de la acción subversiva y portavoces de un Islam ‘ilustrado’, ‘racionalista’ y falto de esencialidad por carecer de toda espiritualidad (debido a la contundente negación del Sufismo).

En esta sucesión de acontecimientos nos encontramos con movimientos tales como los Hermanos Musulmanes, grupo ya radicalizado (fundamentalista), continuador de la Salafiyya, que surge como respuesta natural ante los desmanes de los ‘Nacionalismos’ emergentes que originó la Nahda y su fatal resultado: la caída del Califato Otomano (los responsables directos de la deposición del poder de Sultán Abdul Hamid Khan II fueron los ‘Jóvenes Turcos’, movimiento secularista impulsado desde la misma masonería sionista: entre los líderes de la revolución contra el régimen califal se encontraban Kemal Atartuk y Djavid Bey, ardientes ‘doenmehs’, ‘renegados’, es decir, judíos ocultos pertenecientes a la orden de Shabtai Zvi, hijos del Samirí en acción una vez más). Cabe aclarar que todos estos movimientos han surgido como reacciones desvinculadas de la Tradición Islámica contra los supuestos liberales de la colonización y la modernidad (herramientas del Reinado de Satán), paradojalmente desde la misma reeducación y reelaboración  que esa misma colonización y modernización hicieron del Islam en el interior del mundo musulmán, empobreciéndolo, volviéndolo una ‘ideología’ por un lado ‘moderna y secular’ y por el otro ‘radicalizada y fundamentalista’. Ambas alternativas son los que sobradamente convienen a las fuerzas disolventes enemigas de lo Tradicional en su cruzada corruptora y destructora.

De los infatuos teóricos pertenecientes a los Hermanos Musulmanes (Hasan al-Bana, Seyyid Qutb) surgiría la perniciosa influencia que daría a luz los movimientos ‘yihadistas’ y ‘fundamentalistas’ encargados de arruinar la impronta del Islam Tradicional con interpretaciones individualistas y erróneas de los textos sagrados, ignorando palabras fundamentales del Profeta Muhammad (asws) para el entendimiento de nuestros tiempos como las que citábamos al comienzo, y colaborando neciamente al fortalecimiento del Reinado de Satán.

***
Debemos ser sumamente cuidadosos en nuestras consideraciones personales e intentar buscar la Verdad de manera desapasionada para poder convertirnos en férreos defensores de la misma. Entre sus más preciosos tesoros, el Islam Tradicional aún guarda poderosos exponentes que pueden allanar nuestro camino hacia la Verdad.
Y de Allah proviene el éxito.


Raíces y Sabiduría

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Rumbo a la descolonización mental

"La verdad es el alimento que al alma regala Dios"

-Don José Larralde-

Como método para la apertura de la consciencia a la realidad de sí misma y la libertad espiritual, el Islam, como doctrina sapiencial, nos ofrece el programa indispensable para facilitar nuestro trabajo tanto individual como social de descolonización mental.

El historiador José María Rosa ha escrito que para que un Estado pueda ser calificado como colonia, necesita algo más que la dependencia económica o el sometimiento por la fuerza: debe haber una 'mentalidad colonial' en quienes lo gobiernan, es decir, la relación Estado dominante-Estado dominado necesita que éste último se encuentre sometido voluntariamente, que tenga una voluntad de colonia que se corresponda con la voluntad imperialista del dominante. Esta voluntad imperialista se ha hecho poderosamente manifiesta mediante el sistema de dominación global que la moda ha definido como 'Nuevo orden mundial'.

Nuevo orden mundial se ha dado en llamar al nefasto resultado proveniente del capitalismo liberal impulsado vorazmente por la carrera desenfrenada de la tecnocracia moderna. El materialismo, y su culto al consumo, han desarraigado al hombre de toda originalidad. Entendemos que la 'originalidad' del hombre hace referencia a su cultura vernácula, a sus tradiciones, elementos precursores de su desarrollo humano y espiritual. Un pueblo desarraigado de su cultura autóctona resiente todo desarrollo en pos de un anquilosamiento mental que sólo conlleva resultados peligrosamente desastrosos como la mediocridad y la ignorancia.

Debemos diferenciar categóricamente el entendimiento tradicional del concepto 'desarrollo' de aquel que recibe desde el liberalismo dominante. Para este último el 'desarrollo' humano se encuentra supeditado al progreso industrial y sus corolarios de 'producción-consumo', con los que el hombre se transforma en una pieza más de una inmensa maquinaria que alterna entre la agonía laboral y la ociosidad más vulgar. La 'ilustración' será confiscada por el más obtuso materialismo científico, colaborador eficaz del progreso enajenante. Para que el hombre sea un engranaje más de esa máquina debe ser desarraigado de su identidad tradicional y así lograr ser amoldado a la uniformidad cuantitativa que el sistema impone.

El desarrollo propuesto por el entendimiento tradicional es completamente lo opuesto al progreso liberal. El desarrollo debe ser cualitativo, y esto se logra por un lado con un entorno cultural acorde a las posibilidades vernáculas de la raza -y que facilite su manifestación-, y por el otro el contar con una enseñanza sapiencial que otorgue las herramientas apropiadas para que aquellas posibilidades se encuentren rectamente orientadas hacia la verticalidad que les es inherente. Es harto evidente que el sistema de dominación global en el mundo moderno busca imponer su ideología destructiva socavando las raíces culturales y tradicionales de los pueblos mediante la manipulación que se ejerce sobre la mentalidad desde los centros de poder regionales. Voluntad de colonia poseen los gobernantes que pretenden reducir a sus pueblos dentro de los exiguos límites de la contra-cultura publicitada por la globalización, arma poderosamente eficaz que sirve a los intereses del dominador. Un pueblo ignorante, apátrida e inculto puede padecer servilmente los rigores del capitalismo sin proferir queja alguna y hasta con cierto placer. Competitividad, inconformismo, egoísmo, inmoralidad, son los postulados básicos del gran colonialismo mental al que estamos sometidos, sojuzgados y esclavizados, a veces, y lamentablemente, de manera consentida.

Sin embargo, ante tanta desnaturalización, tenemos la verdad del Islam, 'la verdad que al alma regala Dios'. El Islam busca restablecer vínculos: el vínculo con nuestro espacio cultural vernáculo y el vínculo con la sabiduría sagrada que nos permita las necesarias y naturales expansiones. Por esto es que nuestro Profeta (que Dios le conceda paz) ha dicho que 'el amor por la patria de uno es parte de la fe', y en el Sagrado Corán hermosamente Dios dice: "Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconocierais unos a otros" (49:13), es decir, la diferencia (en cuanto a raza y cultura) es inherente a la obra divina en los seres humanos, por lo que tiene que ser un medio de crecimiento que nos impulse al mutuo reconocimiento y enriquecimiento tanto cultural como espiritual (aspectos ligados al desarrollo de individuos y comunidades). El exclusivismo tribal y su contracara, la total uniformidad, son incompatibles con la naturaleza humana y el corazón sano. Ante los ojos de Dios resulta encomiable que fortalezcamos la cultura autóctona y que en base a ella y a la sabiduría revelada desarrollemos nuestras posibilidades humanas. Sólo así será posible romper con las cadenas del sistema de dominación, sólo así conseguiremos nuestra auténtica descolonización interior.

martes, 3 de septiembre de 2013

Una Reflexión

La gente que busca su propia continuidad o supervivencia aceptando ciegamente la cultura y la civilización de otros, son como árboles de cuyas ramas cuelgan las frutas de otros árboles. No solamente se engañan a sí mismos, sino que también se exponen al ridículo.